Vacunas

Jóvenes enloquecidos, sacrificados en el altar del lockdown

El informe anual de UNICEF confirma lo que ya era evidente en muchos estudios anteriores: un aumento de los diagnósticos de problemas mentales y suicidio entre los menores, especialmente en Europa. Esta es la consecuencia directa de los lockdowns. Y ahora los gobiernos quieren reaccionar con medicamentos y terapias fáciles, agravando el problema.

Artículo por Luca Volontè (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón

En los últimos días ha causado revuelo el informe anual de UNICEF (“El Estado de los Niños del Mundo: en mi mente“), que este año aborda el aumento de problemas mentales y suicidios entre los niños durante estos años de encierro impuesto por el gobierno durante la pandemia del COVID 19. No es el único estudio que muestra la devastación de generaciones jóvenes enteras.

No serán los tratamientos farmacológicos o psiquiátricos los que levanten a las generaciones futuras, sino sólo un retorno decidido a la libertad y a la verdad de la persona y de sus relaciones.  En varios países, como Italia, se impulsa la medicalización de la educación en las escuelas, como hemos descrito en La Bussola, pero en muchos estudios se promueve en cambio la responsabilidad educativa de los padres.  La alarma lanzada por UNICEF es dramática: “uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 24 años dijo sentirse a menudo deprimido o con poco interés por hacer cosas… El suicidio es la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 19 años”. Pero en Europa, donde el encierro se ha impuesto en todas partes y durante largos periodos de tiempo, son muchos más los chicos y jóvenes que se suicidan. En nuestro continente, el suicidio es la “segunda causa de muerte… El 19% de los jóvenes europeos de 15 a 19 años sufren problemas de salud mental, seguidos por más del 16% de las chicas del mismo grupo de edad. 9 millones de adolescentes en Europa (de 10 a 19 años) viven con un trastorno de salud mental, y la ansiedad y la depresión representan más de la mitad de los casos”.

El cúmulo de datos e investigaciones que demuestran que las medidas restrictivas impuestas durante el encierro fueron la principal causa del aumento de la angustia mental y el suicidio entre los jóvenes se conoce hace tiempo. En el primer año de encierro en el Reino Unido, el número de niños que murieron por suicidio aumentó “casi cinco veces más que los que murieron por el propio virus”, según una investigación de las principales universidades británicas publicada el pasado julio. En Canadá, el encierro ha provocado un aumento del 100% en el número de niños hospitalizados por trastornos mentales y un aumento del 200% en el número de niños que han tomado sustancias “suicidas”, y en Alemania, según el estudio de la Universidad del Sarre, ha tenido consecuencias sociales y psicológicas muy graves.

El confinamiento de COVID 19 ha tenido y sigue teniendo efectos devastadores en niños y adolescentes. El pasado mes de agosto, un amplio estudio de revisión sistemática sobre los efectos del confinamiento COVID en niños, mostró la dramática tendencia que las “cuarentenas”, el “distanciamiento social” y el aprendizaje a distancia han tenido en los niños desde marzo de 2020: la depresión aumentó del 10 al 27%, la irritabilidad del 16 al 73%, la dificultad para dormir del 40 al 62%, etc. Ese mismo mes, otro estudio que comparaba 28 estudios realizados en todo el mundo sobre 80 000 niños y adolescentes confirmó el aumento del 20 % en el número de niños que sufren depresión. confirmaron un aumento del 20-25% de la depresión y la ansiedad en los niños debido a las medidas de cierre impuestas durante el COVID-19. El aislamiento, el cierre de las escuelas, la imposibilidad de participar en actividades recreativas y los impedimentos para el contacto humano con los amigos fueron las principales causas de este aumento de la ansiedad grave en niños y adolescentes.

El porcentaje de problemas de salud mental de los chicos y chicas de 10 a 19 años en Europa es del 16.3%, mientras que la cifra global para el mismo grupo de edad es del 13.2%. Los países con mayor porcentaje en Europa entre los 33 encuestados son: España (20.8%), Portugal (19.8%) e Irlanda (19.4%), mientras que los que tienen el porcentaje más bajo se encuentran principalmente en Europa del Este: Polonia (10.8%), República Checa (11%), Bulgaria, Hungría, Rumanía y Eslovaquia (11.2%). En Italia, se estima que, en 2019, el 16.6% de los chicos y chicas de entre 10 y 19 años sufrían problemas de salud mental, unos 956,000 en total. Entre las niñas, el porcentaje es mayor (17.2%, o 478,554) que entre los niños (16.1%, o 477,518), estos datos reportados por UNICEF nos dicen una cosa importante: donde los países han mantenido un fuerte espíritu y cultura cristiana y familiar, las penurias de los niños y jóvenes han sido menores durante los cierres y aislamientos forzados decididos por los gobiernos durante el COVID-19.

Así lo confirma también un estudio realizado por el Istituto degli Innocenti de Florencia (UNICEF) hace unos días (Life in lockdown) sobre la salud mental y el bienestar de los niños y adolescentes durante el COVID 19, que también muestra que los fuertes lazos familiares y la presencia de los padres son inversamente proporcionales al crecimiento del malestar de los niños. Los gobiernos han tomado decisiones delictivas al imponer encierros a niños y jóvenes con el pretexto de COVID, a pesar de las evidencias médicas y científicas que demuestran y siguen demostrando que los niños enferman menos cuando se infectan. Ahora los gobiernos quieren responder a la devastación de las jóvenes generaciones, una vez más irresponsablemente, con recetas fáciles de “píldoras de la felicidad” y el refuerzo de los “servicios psicoterapéuticos escolares”. Todos sabemos que estas opciones sólo aumentarán las “adicciones” farmacológicas y psiquiátricas de los niños y jóvenes.

Sólo hay una salida: abandonar la “trampa del individualismo” y volver a una antropología adecuada a la persona y a la sociedad. Es urgente volver a la realidad evidente de que, como recordaba el cardenal Caffarra, “el hombre es imagen y semejanza de Dios… es comunión interpersonal… y ese hombre es él mismo a través de la verdad”. En el altar de la emergencia del COVID-19, muchos gobiernos han sacrificado culpablemente a generaciones enteras de niños y jóvenes; ahora, sin una firme resistencia social y un cambio radical de rumbo, el riesgo es que los sacrificios humanos continúen en los altares de otras “deidades de emergencia”, desde el ecologismo hasta los dogmas LGBTI. 

Artículo por publicado originalmente bajo el título: Giovani impazziti, sacrificati sull’altare del lockdown, en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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