Obispo de Canadá Exhortó a No Administrar Vacuna VPH

El Obispo Fred Henry de Calgary (Canadá) exhortó a los distritos escolares Católicos a negarse a administrar la vacuna contra el VPH. En su comunicado del 2012, que reproducimos a continuación, abogó por un enfoque holístico que atienda las dimensiones no sólo físicas, sino espirituales, emocionales y morales del bienestar de la persona. Subrayó que la abstinencia y la fidelidad conyugal, además de fieles a la doctrina y valores Cristianos, son la manera más eficiente y eficaz para prevenir la infección del VPH. Añadió que se debe educar a los jóvenes sobre “la belleza y la naturaleza de la sexualidad humana, el matrimonio y el amor conyugal, la abstinencia y la castidad, las virtudes y la toma de decisiones prudentes.”
El Obispo Fred Henry de Calgary proporcionó la siguiente declaración a LifeSiteNews.com el 26 de junio de 2012.
La Revista de Obstetricia y Ginecología de Cánada (Journal of Obstetrics and Gynaecology Canada) en sus recomendaciones sobre la prevención del VPH establece como su primera recomendación: “La orientación y otras actividades educativas deberían enfatizar (a) que la abstinencia es la manera más eficiente de prevenir la infección del VPH, pero debe incluir evitar “no sólo la penetración de la vagina o del ano, sino también cualquier contacto anogenital y el intercambio de juguetes sexuales.”
En la educación Católica, tomamos eso muy en serio y buscamos enseñarle a los estudiantes sobre la belleza y la naturaleza de la sexualidad humana, el matrimonio y el amor conyugal, la abstinencia y la castidad, las virtudes y la toma de decisiones prudentes, incluyendo posponer la actividad sexual genital, en conformidad con las enseñanzas de la Iglesia Católica.
Para los Católicos, no hay tal cosa como una cuestión puramente “de salud.” Todas las actividades propuestas para una escuela Católica necesitan ser evaluadas a la luz de nuestra fe y doctrina. Esto es evidentemente necesario en el caso de una vacuna contra una enfermedad que se transmite por la actividad sexual, lo cual afecta no sólo al bienestar físico, sino también espiritual, sicológico y moral de un individuo.
El elemento de la fe se integra en cada plan de instrucción de cada programa, para desarrollar su relación con el mundo de la cultura humana.
Los juicios sobre lo que es correcto o incorrecto son decisiones éticas o morales. La tradición moral Católica se desarrolla a través de la oración, el estudio, la reflexión y el reconocimiento del Espíritu Santo obrando a través de diversas fuentes. Tales fuentes incluyen proveedores de servicios de salud y sociales, la experiencia de la comunidad Cristiana, teólogos morales, obispos, la enseñanza de la Iglesia y la Sagrada Escritura. Ninguna fuente de conocimiento pertinente al tema en cuestión debe obviarse.
El Papa Benedicto XVI dijo recientemente que reducir la valiosa y delicada área de la educación sexual al manejo del “riesgo,” desprovista de cualquier referencia a la belleza del amor conyugal, es particularmente alarmante. El énfasis automático y recurrente en las estrategias de reducción de riesgo como primera línea de defensa, aunque sin duda bien intencionada, toma sus señales de la cultura contemporánea y sus valores—su forma secularizada de mirar a la persona humana, la sexualidad, las relaciones, el sacrificio y el compromiso.
La argumentación sobre la reducción de riesgo y la relación costo-eficacia refleja la teoría ética utilitarista. Aunque tiene muchas facetas, el utilitarismo generalmente ignora las consideraciones morales en la evaluación de la conducta humana y, en su lugar, cambia los códigos de conducta al ámbito de las consecuencias, e.g., los porcentajes de transmisión del VPH, la rentabilidad del tratamiento, el número de muertes debidas al cáncer cervical, etc., todo lo cual es importante. Sin embargo, el utilitarismo, desvinculado de verdades objetivas filosóficas y morales, no presenta ningún argumento internamente consistente para posponer la actividad sexual o limitar las relaciones sexuales.
El utilitarismo, por lo tanto, produce intervenciones que sólo deberían considerarse medidas secundarias de prevención del VPH–uso de condones y/o vacunas. Aunque el estándar moral ideal, la abstinencia y la fidelidad, es al mismo tiempo el medio más eficaz para la prevención primaria del VPH, se relega a la periferia.
Si no intentamos cambiar el comportamiento sexual que es responsable de la transmisión del VPH, y tratamos de resolver el problema con una serie de inyecciones, entonces no tenemos que ejercitarnos en el autocontrol, ni desarrollar la virtud, pero podemos usar medicina para mitigar nuestros vicios. La solución tecnológica no requiere cambio alguno en el comportamiento. En realidad no aborda la causa, sino que la enmascara y, de hecho, socava los esfuerzos para lograr la solución más eficiente.
Los padres, los médicos, los educadores y los cuerpos gobernantes deben adoptar un enfoque orientado a la salud holística, que aborde las actitudes y comportamientos sexuales que recomiendan posponer la actividad sexual genital.
Desde el principio, el Gobierno ha anunciado que se trata de un programa voluntario y los Obispos de Alberta han dejado claro que, en el caso de los menores, los padres deben decidir si su hijo va a ser vacunado.
Vacunar no es una acción inherentemente mala, sino más bien una profilaxis parcial. Incluso en el nivel físico, puede haber consecuencias no intencionadas y no deseadas, pero, más importante, no aborda las dimensiones espirituales, emocionales y morales del bienestar de una persona.
Una institución Católica está comprometida con un enfoque más holístico al ser testigo y transmitir la enseñanza y los valores de Jesucristo que considera la sexualidad como un don grande y poderoso, que la actividad sexual es apropiada sólo dentro del matrimonio, que la castidad es una virtud, y que la abstinencia conduce al bienestar espiritual y moral y es la mejor protección contra los riesgos de enfermedades. Las palabras pronunciadas y las acciones tomadas dentro de una escuela Católica deben ser consistentes con este testimonio.
Por consiguiente, no sorprenderá que exhortaremos a todas las Juntas a que digan “no” a la administración del programa de vacunación contra el VPH en los distritos escolares Católicos.
Fuente: “Bishop Fred Henry: Calgary’s advocates of HPV vaccine are not doctors of souls,” LifeSiteNews
Traducción: Fielesalaverdad.org




