Ante Código Civil, Obispo Arecibo Recuerda Verdades Vida y Familia

Declaraciones del Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres, sobre el Código Civil aprobado en la legislatura

Al pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Arecibo:

Ante algunas de las propuestas en el nuevo Código Civil, quisiera recordarles cuáles son los principios y valores que, como cristianos, estamos llamados a defender. No nos queda más que recordar la Verdad, una vez más, como el letrero que sobre la cruz de Jesús anunciaba a todos que ése era el Rey de los Judíos.

Por ello, proclamamos, como lo hemos hecho durante las vistas públicas que:

1. El matrimonio sólo existe cuando ocurre entre un hombre y una mujer. Ni los tribunales humanos ni las leyes de los hombres podrán cambiar esta verdad inscrita en la misma naturaleza del ser humano.

2. Por ley natural, todo niño tiene derecho a un padre y una madre. 

3. La familia, fundada en el matrimonio, va en el mejor bienestar del menor, pues sólo con el compromiso de amor indisoluble de los esposos los hijos pueden encontrar el reflejo del amor eterno e incondicional de Dios por la humanidad. Lamentamos que se pretenda obviar esta verdad entre los requisitos para adoptar conjuntamente.

4. El divorcio, cada vez más fácil y accesible, nunca será un bien para nuestra sociedad. No podemos intentar construir una sociedad si derrumbamos todos los cimientos de la familia. 

5. Agradecemos el reconocimiento del nasciturus. La vida humana debe ser respetada desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Por ello, rechazamos con todas nuestras fuerzas cualquier legislación que favorezca el aborto, incluyendo toda enmienda que intente borrar los derechos del nasciturus, y favorecemos toda aquella que esté dirigida a proteger la vida humana.

6. Sin embargo, recordamos que un ser humano nunca es objeto de compra venta. El destino de un niño nunca puede ser regido por transacciones de compra venta. Resulta contradictorio una sociedad que prohíbe la adopción de niños a cambio de dinero y lo repudia con firmeza como “trata humana”, mientras permite la compra y venta de seres humanos mediante la procreación asistida y el alquiler de vientres. Parece que hace falta recordar que de la unión de un óvulo y un espermatozoide humano nace un niño humano, igual de digno que un niño concebido de otro modo, a pesar de haber sido procreado de un modo que hiere su dignidad. Es lamentable la cantidad de embriones que mueren en los intentos por lograr un solo nacimiento a través de estas prácticas, además de aquellos que son destinados al congelador o tratados como “excedentes” destinados a morir cuando ya las personas que encargaron su “fabricación”, obtuvieron la cantidad de niños que deseaban “adquirir”.

Ante las injusticias contra los seres humanos más indefensos, los niños concebidos, resuena la voz de San Pablo en las conciencias: “Todo está permitido, pero no todo me hace bien” (1ra Cor 10,23). La sabiduría de nuestros antepasados añadía que “el fin no justifica los medios”.

7. Sobre el “cambio de sexo” en el certificado del registro demográfico, queremos recordar que se nace hombre o mujer. Ningún cambio o anotación en lo que diga un papel ni ninguna mutilación química o quirúrgica puede cambiar eso.

Pido a Dios que esta Pandemia sea un momento de conversión y reflexión del rumbo que como sociedad, familias y personas deseamos continuar.

Comunicado originalmente publicado en la página web de la Diócesis de Arecibo.

Nota de Fieles a la Verdad

Desgraciadamente, el Artículo 70 (sobre el nasciturus) incluido en la versión del Código Civil enmendada por el Senado y sometida a la Gobernadora dice: 

Artículo 70.-Quien se reputa nacido; consecuencias legales del no nacido.

“Es nacido el ser humano que tiene vida independiente de la madre, demostrada por el reconocimiento médico o la declaración de testigos de que luego del parto exhibió signos vitales y reacciones fisiológicas y biológicas propias. 

Los derechos que se reconocen al nasciturus están supeditados a que este nazca con vida y no menoscaban en forma alguna los derechos constitucionales de la mujer gestante a tomar decisiones sobre su embarazo.

Si el concebido nace muerto se reputa no haber existido jamás” (pág., 32)

Este lenguaje no protege los derechos del bebé no nacido.

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