Religión y Filosofía

Regalo de Navidad: “Mi corazón fue tocado y creí”

El 25 de diciembre de 1886, el poeta y escritor francés, Paul Claudel, decidió ir a la Misa en la Catedral de Notre Dame de Paris. Claudel entró a la Catedral no por razones de fe sino que buscando argumentos en contra de los Cristianos. Sin embargo, durante las vísperas después de la Misa, su corazón fue sobrecogido por la Belleza Eterna. Cuando el coro de niños en sus vestiduras blancas empezó a cantar el Magnificat, su alma fue totalmente transformada e inundada con la alegría de la Verdad de tal manera que él la abrazó en adoración. 

“Escuchando el Magnificat tuve la revelación de un Dios que me tendía los brazos.”  

“En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte, con tal certidumbre que no dejaba lugar a ninguna clase de duda, que después, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de mi agitada vida, no han podido sacudir mi fe, ni, a decir verdad, tocarla. De repente tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una verdadera revelación inefable. Al intentar, como he hecho muchas veces, reconstruir los minutos que siguieron a este instante extraordinario, encuentro los siguientes elementos que, sin embargo, formaban un único destello, una única arma, de la que la divina Providencia se servía para alcanzar y abrir finalmente el corazón de un pobre niño desesperado: “¡Qué feliz es la gente que cree! ¿Si fuera verdad? ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! ¡Me ama! ¡Me llama!”. Las lágrimas y los sollozos acudieron a mí y el canto tan tierno del Adeste aumentaba mi emoción” (Paul Claudel, Ma Conversion, 1913).

¡Feliz Navidad! Rogamos a Dios que la belleza revelada en Dios hecho niño toque los corazones de los que no creen en Cristo Jesús. 

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