Templos Profanados

Jesús, al ver que los judíos profanaban la casa de Su Padre, hizo “un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.’ Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: ‘El celo por Tu Casa me devorará’” (Jn 2, 15-17).
En nuestra época, no sólo se está profanado el Templo de Dios (la Iglesia en donde oramos), sino que también se está profanando el Templo que cada uno de nosotros somos. Nuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo. Ahora se está atentando de una forma atroz en contra del ser humano, en contra de la ley natural. Las naciones están aceptando y aun promoviendo el aborto, la eutanasia, las uniones homosexuales, la adopción por parejas del mismo sexo, el cambio de sexo, etc. “¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario” (1 Cor 3, 16-17). Estamos viviendo una rebelión del ser humano contra sí mismo.
La Cultura de la Muerte tiene un claro objetivo de destruir la vida, la familia, la Verdad. Es hora de que sigamos el ejemplo de Nuestro Señor Jesús–dador de vida abundante–siempre humilde, fiel y firme. Pidamos la intercesión de la Virgen María y de los Santos. No nos dejemos engañar por las infinitas trampas que nos ponen nuestros adversarios. Una de tantas es vendernos una falsa humildad, una falsa compasión, una verdad a medias. Es hora de que tomemos una posición firme: o estamos con Dios, o no lo estamos. No podemos pretender servirle a dos señores.
Un digno ejemplo de tal postura firme, fiel y humilde es la del Padre Carlos Pérez, a quien felicitamos por su valiente defensa de la Cultura de la Vida. Roguémosle al Señor que nos envíe más Sacerdotes como el Padre Carlos, sacerdotes fieles a Cristo, que busquen agradar a Dios antes que a los hombres. Sacerdotes que, con sus palabras y sus vidas, hagan resonar el testimonio del Profeta San Elías: “Me consume mi amor por Ti, Señor Dios del Universo, porque los israelitas han roto Tu alianza, han derribado Tus altares y han asesinado a filo de espada a Tus profetas. Sólo he quedado yo y me andan buscando para matarme.” (1 Rey 19, 10).
Oremos por más pastores y laicos de Cristo, de la Iglesia militante, sumergidos en el Amor y la Verdad que es Cristo Jesús. Vivamos en la verdad, y proclamémosla, sumergidos en el amor de Dios, de modo que al igual que el Profeta Elías podamos dignamente exclamar: “Me consume mi amor por Ti, Señor.”




