Seis razones por las que nos debemos oponer a la Teoría Crítica de la Raza

La tesis central de la Teoría Crítica de la Raza hace de la raza el prisma a través del cual deben verse todos los aspectos de la vida.

Artículo por John Horvat II (LifeSiteNews). Traducido por Luis Rivera Colón.

Una teoría política está detrás del malestar racial que sacude a la nación. Emplea expresiones como “racismo sistémico” para describir la actitud de la nación hacia las relaciones raciales.

La teoría se llama Teoría Crítica de la Raza (CRT, por sus siglas en inglés). Se ha incubado durante mucho tiempo en el mundo académico izquierdista. Su tesis central hace de la raza el prisma a través del cual deben verse todos los aspectos de la vida. Como tal, sus promotores tratan de reescribir la historia, la economía, la sociología y otras ciencias para acomodar su enfoque marxista.

La teoría destruye la posibilidad de la armonía social, como enseña la Iglesia Católica. Por lo tanto, todos los estadounidenses que aman a su país deberían rechazar la Teoría Crítica de la Raza como un intento de condenar a la nación y su historia. Los católicos también deberían rechazar la teoría porque es contraria a la enseñanza social de la Iglesia.

He aquí seis razones por las que la Teoría Crítica de la Raza es errónea y debe ser rechazada.

Razón nº 1: La Teoría Crítica de la Raza hace uso del falso análisis marxista de la lucha de clases. Divide la sociedad en dos categorías de opresores y oprimidos y los enfrenta entre sí, en una lucha constante.

No hay nada original sobre este aspecto fundacional de la CRT. Sus promotores hacen de la raza la base de la lucha de clases, dividiendo el país en opresores y oprimidos en función del color de la piel. Así, la teoría crea y fomenta las condiciones para el conflicto, el malestar y el rencor. No permite la coexistencia racial pacífica.

Esta teoría es errónea porque la Iglesia enseña que la sociedad debe vivir en armonía social, no en conflicto. La sociedad no está formada por dos categorías intrínsecamente antagónicas. Más bien está formada por una variedad enriquecedora de grupos que, unidos en el mismo culto a Dios, dan lugar a una civilización cristiana armoniosa.

Razón nº 2: Contrario a lo que afirma la Teoría Crítica de la Raza, la raza no es el prisma que debe usarse para ver todas las cosas.

La Teoría Crítica de la Raza sostiene que la raza es el único prisma a través del cual deben verse la historia, la economía, la sociología, la ciencia y todos los aspectos de la vida. Sus promotores no admiten ninguna otra explicación sobre el funcionamiento de la sociedad y siempre enmarcan el debate para favorecer su narrativa de lucha de clases.

Aunque la raza puede ser un prisma para ver la realidad, nunca puede ser el prisma. Otras teorías modernas han hecho trágicamente afirmaciones erróneas similares. Para el marxismo, era un prisma económico. Para Freud, la sexualidad era el prisma. Ninguna disciplina natural puede reclamar una perspectiva monopolizadora.

Sólo la fe católica puede informar de una perspectiva global y verdadera sobre Dios y el universo creado. La Iglesia proporciona esta visión universal. Ella enseña que Dios y Su Revelación son el prisma sobrenatural a través del cual es posible una verdadera visión universal del mundo. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Luz. La Iglesia es la intérprete infalible de esta Revelación, y enseña, gobierna y santifica a todos los pueblos y razas en la única fe verdadera. Sólo las vidas de virtud y de gracia sobrenatural darán lugar a la armonía y a la paz que neutralizan el malestar racial marxista.

Razón nº 3: La cultura no determina el comportamiento de los individuos dotados de libre albedrío.

La Teoría Crítica de la Raza sostiene que las creencias culturales y las estructuras sociales están impregnadas de racismo y determinan el destino de las sociedades y los individuos.

Los opresores no pueden hacer nada para librarse de sus supuestos prejuicios. Tienen “códigos subconscientes de instrucciones” que determinan su comportamiento incluso cuando quieren hacer lo contrario. Los oprimidos también tienen respuestas arraigadas que pueden incluso impedir la revolución, ya que se adhieren a las creencias culturales de sus opresores.

La CRT sostiene que las personas están absorbidas por sus identidades de grupo y, por tanto, absueltas de su responsabilidad personal. Por lo tanto, la CRT exige el desmantelamiento de todas las normas sociales a través de una crítica implacable hasta que se hayan sustituido todos los sistemas de poder.

La idea de que la cultura determina el destino de los individuos es una negación del libre albedrío. Prepara el camino para negar la responsabilidad personal de los propios actos e impide soluciones reales basadas en el esfuerzo y la virtud. Por el contrario, la Iglesia enseña que la cultura puede influir pero nunca determinar el destino de las personas. Todos los individuos están dotados de un libre albedrío por el que pueden cambiar de una mala vida y santificarse. Pueden liberarse del pecado, del vicio y de los prejuicios mediante su esfuerzo y la ayuda de la gracia de Dios. Las acciones de muchos individuos virtuosos dan lugar a una cultura cristiana que crea condiciones aún más favorables para el pleno desarrollo y la santificación de todos.

Razón nº 4: La Teoría Crítica de la Raza propone la revolución, no la reforma.

Como todas las teorías revolucionarias, la Teoría Crítica de la Raza no desea ver la reforma o la mejora de la sociedad actual, sino que quiere derrocarla. Sus impulsores señalan falsamente que todas las estructuras gubernamentales y culturales actuales están contaminadas por el racismo. Los problemas son “sistémicos”, afirman, lo que significa que se basan en la propia estructura de las instituciones de la sociedad. Dado que el racismo es supuestamente sistémico, las instituciones actuales no pueden ser redimidas o modificadas; sólo pueden ser destruidas. De hecho, la teoría crítica de la raza cuestiona nociones básicas de los Estados Unidos. Su igualitarismo radical, por ejemplo, choca con la fuerte protección de los derechos de propiedad en Estados Unidos.

Quien acepta inconscientemente las falsas premisas de la CRT es arrastrado forzosamente, por la lógica, a esta desastrosa conclusión. Como todos los movimientos de orientación marxista, la CRT pretende llevar a cabo una revolución. Con su evaluación radical de la cultura moderna, sus promotores enmarcan el debate. Preparan el escenario para la acción revolucionaria basada en las plantillas de la lucha de clases.

Allí donde la Iglesia ha acudido, Ella trata de eliminar las prácticas y estructuras nocivas y pecaminosas que destruyen las sociedades y arruinan la vida de los individuos. Sin embargo, la Iglesia también adapta suavemente su enseñanza a todo lo que es sano y fomenta el pleno desarrollo de las culturas. Ella enriquece las culturas y trabaja con todos los pueblos para ayudar a su santificación. La Iglesia nunca puede ser el agente de una revolución de tipo marxista.

Razón nº 5. La teoría crítica de la raza niega el progreso de la ciencia, la lógica y la razón.

La Teoría Crítica de la Raza afirma que todas las cosas deben verse a través del prisma de la raza, incluidas las ciencias. Sus promotores declaran falsamente que la ciencia, la razón y la lógica son formas “blancas” de conocer las cosas. Representan el pensamiento occidental contaminado por el racismo. Los teóricos de la CRT subrayan que cosas como la narración y la experiencia vivida son alternativas “negras” al rígido sistema de pensamiento occidental.

Los promotores de la CRT afirman que la ciencia codifica y perpetúa la “dominación blanca” y, por tanto, debe ser rechazada. Este principio básico de la teoría crítica de la raza sostiene que las “contrahistorias” y las narraciones son más importantes que los hechos y la verdad a la hora de combatir el racismo sistémico.

Aunque los relatos y las experiencias vividas son elementos útiles para discernir las verdades, no pueden ser la base de sistemas de pensamiento completos, para que las sociedades no caigan en la superstición y el subjetivismo.

Al cuestionar estas ciencias universales, los promotores de la CRT socavan las certezas de la sociedad occidental. La ciencia introduce métodos y objetividad en la sociedad. Permite juzgar las cosas a fuerza de pruebas y reglas.

La Iglesia siempre ha tratado de cultivar la razón y la lógica como medio para interpretar la realidad. De hecho, las primeras universidades surgieron del desarrollo del pensamiento razonado de la Iglesia. Dondequiera que la Iglesia ha ido, ha establecido instituciones educativas y ha vencido la superstición. La Iglesia afirma el papel del intelecto y del libre albedrío en el desarrollo y la santificación de los individuos. La cosmovisión católica es fundamentalmente contraria a la visión sesgada, fatalista y determinista de la CRT.

Razón nº 6: La Teoría Crítica de la Raza excluye la caridad cristiana.

La Teoría Crítica de la Raza se basa en un análisis identitario de la sociedad. Esta falsa perspectiva ve la nación como un caldero hirviente de grupos victimizados y oprimidos por la cultura racista blanca dominante. Como todo el activismo marxista, busca avivar el descontento y acentuar los resentimientos.

Se anima a los individuos a pensar en términos de “interseccionalidad”, según la cual pueden afirmar que están oprimidos de muchas maneras al identificarse con más de un grupo social, raza, género o clase. Este modelo de ver la sociedad es un abandono de la realidad para abrazar la fantasía. Debilita los vínculos que crean confianza y los medios para el compromiso cívico.

La acción de la Iglesia se opone a esta caracterización divisoria de la sociedad y busca unir a todos en la caridad. La virtud de la caridad reúne a todos de forma cohesionada y armoniosa, en una unidad verdadera y perfecta. Cuando la caridad rige un orden social, los individuos se sacrifican por el bien común. Aman al prójimo como a sí mismos, por amor a Dios. La acción de la Iglesia enseña y difunde la unidad en Cristo a todos en la sociedad, no la división.

Una perspectiva diferente que invade todos los aspectos de la vida

Hay otros aspectos de la CRT que podrían analizarse. Sin embargo, una cosa importante que hay que recordar es que la CRT es una forma integral, aunque falsa, de ver la realidad. Subvierte y es irreconciliable con los criterios tradicionales occidentales y cristianos. Pretende una perspectiva retorcida y engañosa de la humanidad que contradice la enseñanza de la Iglesia y debe ser rechazada.

La CRT es perjudicial porque pretende imponer a la sociedad sus puntos de vista de inspiración marxista. Es intolerante, sentenciosa y sistemáticamente destructiva del mundo occidental que falsamente afirma que es “sistemáticamente racista”. Es una ideología que exige una sumisión universal e incondicional. Es totalitaria y no permite ninguna opinión contraria. Hace tiempo que esta teoría ha socavado todos los campos del conocimiento, la educación, el empleo, los medios de comunicación, el entretenimiento y la vida social. Hay que oponerse a ella ahora, antes de que haga estallar la nación.

Aquellos que desean la armonía y la paz entre los muchos miembros de la raza humana deben buscar las enseñanzas tradicionales de la Iglesia. Siempre encontrarán una visión de la humanidad informada por el amor de Dios hacia todos. Este camino cristiano es el más fácil, seguro y rápido para lograr relaciones armoniosas entre las distintas razas y etnias del planeta. Basado en la caridad y el amor de Dios, está tan alejado de los odiosos tintes marxistas de la Teoría Crítica de la Raza como el Cielo lo está del Infierno.

Este artículo se publicó originalmente en LifeSiteNews bajo el título Six reasons why Catholics [and Americans in general] must oppose Critical Race Theory. Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.

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