“Es Sólo un Puñado de Células”

Y Dios dijo ‘Hágase la Luz.’
La ciencia nos dice que, acompañados de un destello de luz en el momento de la concepción, los átomos de la primera célula humana se entrelazan de modo mecánico-cuántico. Se forma un nuevo ser. La personalidad humana ha comenzado. Dado que ningún organismo puede “convertirse” en una persona a menos que ya sea una persona, no puede haber otro momento en el que un ser humano alcance personalidad. Ni la ciencia ni la ética podrán encontrar tal punto (inexistente).
Antes del Aborto

Un Ser Humano (10 Semanas)
Después del Aborto

¿Un Puñado de Células?
Hasta el momento de la fallida decisión judicial que legalizó el aborto, Roe versus Wade, casi todos los textos de embriología aceptaban el hecho de que la primera célula humana satisface las condiciones básicas para la vida humana. Es el producto de la unión de dos personas humanas. No necesita información genética adicional. El genotipo está establecido para toda la vida. Las características humanas como género, estructura ósea, color de pelo, color de piel, etc. ya están determinadas. Sólo queda el crecimiento y desarrollo. Ver [1] para conocer la posición de un genetista de renombre mundial.
Sin embargo, el hecho de que una persona es una persona, por pequeña que sea, es ahora cuestionado por aquéllos que favorecen matar a los bebés no nacidos. Los defensores del aborto afirman que el ser humano no nacido es simplemente un “puñado de células”. Si bien es cierto que las células son parte de la estructura molecular de toda persona humana, la persona no está determinada ÚNICAMENTE por el número o tipo de átomos, moléculas, células, etc. Una persona es una persona aun si el número de sus células es “pequeño” o su tamaño es “diminuto”. Como se mencionó anteriormente, incluso la primera célula reúne las características necesarias para la personalidad.
Antes del Aborto

Un Ser Humano (20 Semanas)
Después del Aborto

¿Un Puñado de Células?
Los defensores del aborto argumentan que la primera célula no es mucho más que un código o esquema (“blueprint”) basado en el ADN y, por lo tanto, carece de valor moral. Los algoritmos son finitos, pero el estado de hasta el átomo más pequeño se describe matemáticamente en términos de un espacio dimensional infinito. Una persona, por lo tanto, no puede identificarse con un código. De hecho, hay mucho más en esta célula que el ADN. En peso, el contenido de ADN de la primera célula humana es sólo alrededor de una parte en un trillón (1012). La célula humana inicial o cigoto es en realidad gigante en comparación con todas las demás células humanas. Su óvulo precursor reside durante años dentro de los ovarios, y finalmente madura durante el proceso de ovulación. Después de la fecundación, el número de átomos en la célula inicial es alrededor de 4 x 1017, más que las estrellas de la Vía Láctea. No es “meramente un esquema” para su futuro –un código sin estructura– sino un ser humano en la primera etapa de desarrollo. A medida que la célula se divide, las propiedades del campo electromagnético del ADN helicoidal permiten la comunicación entre diferentes células y la reescritura del código genético. En todo momento, el ser humano inicial es un organismo integral, capaz de crecer e interactuar con su entorno. No es simplemente la suma de sus partes. Esta visión reduccionista de la naturaleza ha sido desacreditada desde hace tiempo por la mecánica cuántica [2]. Incluso el niño abortado merece más que la descripción “puñado de células”.
Algunos defensores del aborto afirman que la personalidad sólo se alcanza después de que se desarrollan ciertas estructuras físicas o neurológicas. Tales criterios ad hoc, además de carecer de definición clara, ignoran por completo el hecho de que la primera célula ya satisface la especificación biológica de la persona humana. Durante el desarrollo, no hay un “momento” en el que, por ejemplo, un corazón comienza de repente a existir. Dado que un corazón no puede surgir de la nada, alguna parte de la cadena de ADN debe iniciar su producción. Pero, como se dijo antes, el ADN es más que un mero algoritmo. Su interacción electromagnética con otras células y su capacidad de replicación es tal que las ondas del latido del corazón de un bebé actualmente pueden detectarse tan temprano como a las tres semanas después de la fertilización. Por lo tanto, es absurdo seleccionar un momento dentro de estas tres primeras semanas en el que un corazón “comienza a existir”.
El concepto de persona tampoco puede ser determinado por nociones mal definidas como “comienza a tener una mente” o “adquiere conciencia”. La mente no es una parte del cuerpo. No hay forma de codificar nociones como la conciencia en las leyes de la física. Una teoría reduccionista basada, digamos, en la estructura de los genes no puede explicar algo como el “libre albedrío”. El universo no es determinista y los seres humanos no son computadoras. Quienes defienden este punto de vista mezclan consideraciones metafísicas con la ciencia. Deben explicar por qué un ser que ha alcanzado la conciencia, y la ha perdido temporalmente mientras duerme o está en estado de coma, es más valioso que un ser que está a punto de lograrla.
Tampoco la terminología para cada etapa de desarrollo –cigoto, embrión, feto, bebé, niño, adolescente, adulto, anciano — define personalidad. Filosóficamente [3], las propiedades descritas por estos términos son meramente accidentales. De hecho, la diferencia semántica entre bebé y feto a menudo no es más que un burdo recurso retórico para justificar el asesinato del niño. Ninguna mujer embarazada se refiere a su “feto”. Se refiere, en cambio, a su bebé.
En conclusión, en ninguna etapa antes de la disolución del cuerpo es una persona simplemente un “puñado de células”. Incluso en la muerte, los cuerpos humanos merecen más respeto.
Antes del Aborto

Un Ser Humano (28 Semanas)
Después del Aborto

¿Un Puñado de Células?
Referencias
[1]. Testimonio judicial de Jérôme Lejeune en el artículo It’s about the Human Nature: What’s in the Fridge?
[2]. Hans Primas. Chemistry, Quantum Mechanics and Reductionism, Perspectives in Theoretical Chemistry. Springer.
[3]. Peter Kreeft. The Apple Argument against Abortion.
Por Fieles a la Verdad



