La Universidad: Llamada a Buscar la Verdad
Durante la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en Madrid (2011), el entonces Papa Benedicto XVI declaró lo siguiente:
[L]a Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.
Añadió que “los jóvenes necesitan auténticos maestros”; “la juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. ” [énfasis nuestro]
Si esto se refiere a cualquier institución universitaria, cuánto más cierto es con respecto a las universidades y los colegios (y escuelas) católicos. Ya antes, en su Constitución Apostólica Sobre las Universidades Católicas (Ex Corde Ecclesiae, 1990), el Papa Juan Pablo II — hoy Beato y próximo a ser canonizado — había enseñado lo siguiente:
Una Universidad Católica, en cuanto católica, inspira y realiza su investigación, la enseñanza y todas las demás actividades según los ideales, principios y actitudes católicos. Ella está vinculada a la Iglesia o por el trámite de un formal vínculo constitutivo o estatutario, o en virtud de un compromiso institucional asumido por sus responsables. (Art. 2, § 2) [énfasis nuestro]
Ante estas enfáticas enseñanzas papales, nos preguntamos cuán sabio es que instituciones educativas católicas se estén prestando para que autoproclamados activistas sigan impulsando mensajes contrarios a las propias doctrinas de la Iglesia. Una cosa es el debate sistemático y racional de ideas, y otra ser foro unilateral para posiciones que sólo pueden confundir las mentes de nuestros jóvenes.
Por ejemplo, el que una universidad “católica” de nuestro País auspicie una conferencia titulada “los derechos humanos desde una perspectiva activista” despierta una serie de interrogantes: ¿No están los verdaderos derechos humanos anclados en la ley natural y, por lo tanto, han de reconocerse independientemente del activismo social o político? ¿No presenciamos hoy en nuestra Legislatura unas peticiones de leyes que, precisamente por no obedecer a unos derechos humanos fundamentales, son impulsadas por activistas? Además, ¿debe una universidad “católica” servir de foro a personas que insultan a aquellos sacerdotes y feligreses que sólo tratan de ser fieles a, y portavoces de, las enseñanzas de la propia Iglesia? ¿Debe invitar a personas que, de forma pública y reiterada, se burlan de dichas enseñanzas?



