Religión y Filosofía

Relativismo Moral: Peligro de Mentalidad del “Vestido sin Costura”

Padre Shenan J. Boquet, Presidente
Human Life International

El resurgimiento de la peligrosa mentalidad del “vestido sin costuras” debería causarnos una gran preocupación. En su forma más perniciosa, esta filosofía sostiene que males intrínsecos como la anticoncepción, el aborto y la eutanasia y problemas sociales como la pobreza, la inmigración, la atención médica y el medio ambiente son moralmente equivalentes. Esto es peligroso porque distrae a la Iglesia de reconocer el mal intrínseco (“moralmente incorrecto”) de ciertos actos morales y sus consecuencias mortales, extraviando a las almas y paralizando nuestra capacidad para responder adecuadamente.

La filosofía del “vestido sin costura” también desvía la atención del pecado individual y la culpabilidad al enfocarse más en el pecado ”colectivo” que en el pecado personal. Bajo su influencia, en lugar de una voz profética que “clama en el desierto”, la Iglesia se convierte simplemente en otra organización no gubernamental (ONG) que lucha por la “justicia social” a través de una versión socialmente aceptable de la reforma social eviscerada del mensaje del Evangelio de arrepentimiento.

Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios … Arrepentíos, y creed en el evangelio. – Marcos 1: 14-15

“Vestido sin Costuras” una Cortina de Humo

Mientras que la Iglesia enseña que hay problemas morales y sociales que son de mayor gravedad que otros, la mentalidad del “vestido sin costura” es una forma de relativismo moral que derriba estas distinciones morales cruciales. Es una filosofía que proporciona a los mercaderes de la muerte con las herramientas para desviar la atención de los males abominables que aquejan a la humanidad y nuestras culturas.

Tal vez como era de esperarse, quienes defienden esta filosofía tienden a concentrar el calor de su indignación en los males sociales “colectivos” (pobreza, degradación del medio ambiente, etc.), mientras que (en el mejor de los casos) hablan de boca para afuera sobre los males graves intrínsecos como el aborto o la demolición del matrimonio. Citando a George Orwell, para los defensores del “vestido sin costura”, a veces parece que algunos problemas morales son “más iguales” que otros. Por lo general, los problemas que se consideran “más iguales” también son los más aceptables desde el punto de vista social, y no exigen una conversión personal profunda del corazón.

El Papa San Juan Pablo II identificó con claridad la contradicción inherente de esta filosofía cuando dijo:

“Se ha hecho habitual hablar, y con razón, sobre los derechos humanos; como por ejemplo sobre el derecho a la salud, a la casa, al trabajo, a la familia y a la cultura. De todos modos, esa preocupación resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primero y fundamental, condición de todos los otros derechos de la persona” (Christifideles laici, no. 38).

Tristemente, la influencia de esta mentalidad ha suprimido, durante décadas, la predicación valiente y firme del Evangelio de la Vida desde los púlpitos y los salones de clases. San Juan Pablo II confrontó esta mentalidad con numerosos documentos eclesiales, como Evangelium Vitae y Veritatis Splendor.  Es perturbador ver cómo esta teoría del “vestido sin costura” vuelve a surgir.

Esta mentalidad ha ayudado a adormecer las conciencias de los católicos en todo el mundo. Los sacerdotes tienen miedo de predicar el Evangelio de la Vida por la reacción violenta que recibirán si hablan en contra de los males de la anticoncepción, el aborto, los actos homosexuales, la fornicación, y la eutanasia. En vez de ello, se dedican a predicar sobre temas populares que son menos controversiales (i.e., el medio ambiente)—ignorando el asalto violento sobre la vida humana y su dignidad, el matrimonio y la familia.

Sin embargo, dentro de la enseñanza social Católica hay una jerarquía de verdades. El aborto y la eutanasia, por ejemplo, están claramente condenados como ataques directos contra vidas humanas inocentes y vulnerables. Ambos se encuentran entre algunas de las mayores atrocidades e injusticias que afectan a la humanidad. Poner estos males al mismo nivel de otras cuestiones sociales (desempleo, pobreza, falta de vivienda) no representa el espectro completo de la enseñanza moral y social de la Iglesia.

Algunos Males son Males Intrínsecos

Los proponentes de la ideología del “vestido sin costuras” descuidan a menudo la distinción crucial que existe entre los actos que son malos por su propia naturaleza (males intrínsecos) y los problemas sociales que son más complejos. Los actos intrínsecamente malos siempre son pecaminosos, si se llevan a cabo con conocimiento. Los problemas sociales complejos, aunque a veces plantean serias amenazas a la dignidad de seres humanos, tienen sin embargo una gran variedad de causas, entre las cuales el pecado desempeña solo una parte.

Afortunadamente, tenemos a la Iglesia para guiarnos en este tema tan complicado. Ella nos enseña y aconseja en la formación de nuestra conciencia y nuestra vida moral. La Iglesia enseña que cada acto moral consiste de tres elementos de la moral: el objeto del acto, es decir, lo que hacemos; el fin subjetivo o la intención, es decir, el por qué lo hacemos; y la situación concreta o las circunstancias en medio de las cuales realizamos el acto. Para que un acto sea moralmente bueno, todos los tres elementos deben ser buenos. 

“Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el asesinato y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.” –Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1756

Los actos intrínsecamente malos son aquellos que fundamentalmente entran en conflicto con la ley moral—en otras palabras, su objeto moral es malo. Nunca se pueden realizar bajo ninguna circunstancia, y es un pecado grave respaldar o promover deliberadamente cualquiera de estas acciones. Por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica establece con toda claridad que un acto intrínsecamente malo no puede justificarse simplemente porque la persona que lo realiza tiene la intención de lograr un buen fin o debido a las circunstancias que lo rodean.

“Consecuentemente, las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente malo por virtud de su objeto en un acto ‘subjetivamente’ bueno o justificable como elección,”Papa San Juan Pablo II, Veritatis Splendor, no. 81.

La Conferencia de Obispos Católicos de EEUU, en su Carta Pastoral La Formación de las Conciencias para una Ciudadanía Fiel, también hace bien claro que no todos los asuntos morales están al mismo nivel:

“Nuestro enfoque no es una afiliación partidista, ideológica, económica, o ni siquiera una competencia o capacidad para cumplir con ciertos deberes, por importante que éstos sean. En vez de ello, nos enfocamos en aquello que protege o amenaza la dignidad de toda persona humana…No todos los asuntos son iguales…Algunos de ellos implican actos intrínsecamente malos, que nunca pueden recibir aprobación. Otros asuntos conllevan obligaciones afirmativas de buscar el bien común”. no. 92.

En el caso del aborto, el objeto moral es el ponerle fin deliberadamente a una vida humana inocente. Como tal, es un acto intrínseca y gravemente malo, y nunca está justificado. Los actos homosexuales y las uniones entre personas del mismo sexo también son actos intrínsecamente malos y siempre gravemente inmorales debido a que su objeto es moralmente malo—a saber, la privación del acto conyugal, el cual es unitivo y procreativo.

Líderes de la Iglesia dando Mensajes Confusos

Tristemente, vivimos en un mundo en el que se masacran innumerables millones de bebés no nacidos cada año, los ataques directos a las personas mayores y vulnerables crecen a diario, y las fuerzas poderosas buscan concertadamente socavar la verdad sobre la sexualidad y la familia. A la luz de esto, el papel de la Iglesia debe ser bien claro—predicar la verdad del Evangelio y las enseñanzas morales de la Iglesia, sin importar el costo.

En vez de ello, vemos cómo un creciente número de líderes en la Iglesia dan mensajes confusos acerca de graves males morales, como la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, la actividad homosexual y el “matrimonio” entre personas del mismo sexo. En vez de ayudar a formar la conciencia de sus fieles y proteger a las almas individuales y al bien común de las consecuencias de tales males, ellos minimizan estas atrocidades al compararlas con otros problemas sociales. Se niegan a identificar explícitamente estos males por lo que fundamentalmente son: males intrínsecos y graves, que representan el peligro más grave para la salvación de las almas y el futuro de la humanidad.

La mentalidad del “vestido sin costuras” desvía nuestra atención de las personas asesinadas por la violencia del aborto y la eutanasia, e intenta centrar nuestra mirada en instituciones y estructuras sociales, las cuales siempre son secundarias. Como muchas otras tácticas de la “cultura” de la muerte, la ideología del “vestido sin costuras” tiene el propósito de desviar la atención de sus males intrínsecos y diluir los esfuerzos provida, haciendo que los mismos se vuelvan ineficaces. No debemos permitir que nos engañen.

Artículo originalmente publicado en Inglés. Fr. Shenan J. Boquet, Moral Relativism: The Danger of the “Seamless Garment” Mentality, Human Life International. October 23, 2017.

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