Religión y Filosofía

Estimado Padre

El Buen Pastor
El Buen Pastor

Un lector nos ha enviado esta carta, con la esperanza de que contribuya a “conmover mentes y corazones.” Hemos respetado su deseo de mantener confidencialidad tanto sobre su identidad como la del sacerdote a quien le escribe.

Estimado Padre:

Soy parte de la feligresía de su parroquia. En espíritu de humildad y servicio cristiano, comparto con Ud. la siguiente inquietud y súplica.

Un sacerdote regaña públicamente a miembros del coro parroquial, a servidores del altar u otros feligreses. Sin embargo, permite que los monaguillos conversen y bromeen entre sí en el altar durante la Santa Misa. Invita la música menos conducente al recogimiento y la oración, música que invita a bailar y a batir palmas. Desalienta a aquellos feligreses que interesan introducir música más adecuada o prácticas más reverentes (por ejemplo, desalienta recibir la Sagrada Eucaristía en la boca y prescinde de la patena). Dirige una liturgia mecánica y un sermón con frecuencia insustancial, o eco del relativismo, del ecumenismo banal (por ejemplo, el contradictorio mensaje de que “todas las religiones son iguales”), de las ideologías seculares, y aun al margen del Catecismo.

¿Cumple fielmente su sagrada misión?

Reconozco las duras tareas y muchos sacrificios de su ministerio. Por todo ello, mi profunda admiración y agradecimiento. También entiendo que el transcurrir del tiempo puede empañar el entusiasmo de los primeros años de sacerdocio.

Por tales razones, había callado mi desconcierto. Además, cuando niños nos enseñaron la deferencia que debemos hacia las figuras de Cristo en la tierra: los sacerdotes y demás clérigos. Sin embargo, ¿es correcto callar cuando un sacerdote desatiende la reverencia y la formación necesaria — tanto de adultos como de jóvenes y niños — con enseñanzas cuestionables y una liturgia descuidada? ¿Es correcto callar ante el menosprecio de prácticas piadosas y ante el trato despectivo de hermanos feligreses?

¿Habría el Buen Pastor hecho algo semejante? ¿Es socavar la reverencia y la sustancia doctrinal lo inherente de la vocación sacerdotal? ¿Lo es aplaudir lo trivial y lo ordinario? ¿Es ésta la forma de evangelizar y contribuir a la salvación de las almas? ¿Es así como el sagrado ministerio sacerdotal rinde sus frutos más abundantes?

Ruego a Dios que ilumine a este sacerdote. Le suplico que este mensaje sea instrumento para conmover su mente y su corazón. Como representante de Cristo en la tierra, Él le ha encomendado ser ejemplo y guía de Verdad y de Amor. Confío en que Él obrará en su persona y que, cual Epifanía, renacerán en él los ideales que le inspiraron a emprender el apostolado sacerdotal. Nunca es demasiado tarde para rescatar y vivir esos ideales. Confío en que el Buen Pastor le colmará de sabiduría y de fuerzas para seguir Su ejemplo.

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