La hipocresía del 2020: 42 millones de abortos y 1.8 de COVID

¿Por qué quienes acusan de egoísmo a quienes ponen un pie fuera de sus casas o se olvidan de sus mascarillas callan ante la primera causa de muerte en el mundo, frente a la cual el virus chino se queda en la insignificancia? Las cifras sobre los motivos de las muertes del año pasado revelan la duplicidad del poder y de los medios de comunicación, que utilizan el doble rasero para debilitar al hombre y manipular al mundo.

Artículo por Benedetta Frigerio (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón.

Mientras la política se enardece en temas relacionados al COVID, las mascarillas y los confinamientos, en una época que ha hecho del virus chino y de la supervivencia física al mismo el único problema del mundo, nos olvidamos de que en 2020 en todo el planeta se estiman 1.8 millones de víctimas (datos de la Universidad John Hopkins) de la epidemia (una cifra en exceso dado que varias personas que murieron de infartos u otras enfermedades han sido contabilizadas como muertes por COVID sólo porque dieron positivo), nada comparado con los 42 millones de niños muertos en los vientres de las madres (una cifra en defecto si se piensa en las píldoras abortivas, la del día después y de los 5 días después).

En resumen, la principal causa de muerte es el asesinato voluntario de los inocentes, perpetrado por la ley y generalmente patrocinado como un derecho humano por la misma izquierda que hipócritamente culpa a cualquiera que ponga un pie fuera de casa o se quite la máscara de ser un mártir egoísta y despiadado. ¿Y qué decir de quienes, para no sentir el peso de sus actos, eliminan a sus hijos en el vientre, aunque se trate de un ser irreprochable y sin voz? ¿Qué pasa con los que, para no afrontar la responsabilidad de un hijo o la carga de separarse de él por su propio bien (como en el caso de la adopción) prefieren matarlo con el beneplácito de los progresistas que gustan de presentarse como altruistas?

Obviamente el mundo calla, hace como si nada; cómplice es el mundo mediático que ciertamente no dedica ni una sola línea a la noticia de los abortos, mientras que en cambio aterroriza a los ciudadanos durante casi un año hablando de un virus, de gran propagación pero de baja mortalidad (entre el 1 y el 3 por ciento mientras que el Ébola por ejemplo puede llegar al 90) que palidece en comparación con los asesinatos en el vientre materno.

Quien dio la noticia de los 42 millones de inocentes que murieron a mano materna, a menudo con la complicidad de los padres, los médicos y el Estado, fue Worldometers (retomado por el Christian Post), reuniendo todas las cifras de los diferentes países publicadas por la Organización Mundial de la Salud. Resultó que la segunda causa de muerte (13 millones) en 2020 estaba relacionada con todas las enfermedades transmisibles (como la malaria, que se cobra casi un millón de víctimas cada año, o el VIH, que afecta principalmente a los países en desarrollo). Le siguen luego el cáncer, que se cobró 8.2 millones de víctimas, el consumo de tabaco (5.1 millones) y el alcohol (2.5 millones). Sólo en este punto aparece el Coronavirus, seguido de los accidentes de tráfico (1.4 millones) y los suicidios que en 2020 fueron 1.1 millones.

Pero precisamente los gobiernos y la información están convirtiendo al virus chino en el único problema sanitario, haciendo que el resto de enfermedades pasen a un segundo plano. Por supuesto, podemos hacer mucho menos contra los accidentes de tráfico (a no ser que empecemos a proclamar que los que conducen coches son egoístas y se ponen en riesgo a sí mismos y a los demás). También podemos hacer poco contra el cáncer (aunque sea una gran responsabilidad de nuestros gobiernos haber dejado de operar y de aplicar quimioterapia por culpa de Covid). Pero, ¿por qué el Estado no hace una campaña igual de dura contra el tabaco y el alcohol? ¿Por qué no se pregunta por qué aumentan los suicidios? ¿Por qué no lamenta las muertes por malaria, que desde hace años se cobra víctimas incluso entre los jóvenes africanos? Pero sobre todo, si su problema es realmente salvar vidas, ¿por qué no hacen todo lo posible por evitar el aborto, que a diferencia del COVID es fácil de controlar?

Tal vez porque la lógica detrás de todo es una sola: el beneficio, el control de la población y el poder. No es casualidad que los grandes patrocinadores de los cierres y las vacunas sean los mismos que predican el control de la natalidad distribuyendo anticonceptivos en los países pobres. No es casualidad que detrás del consumo de tabaco y alcohol estén las grandes multinacionales, mientras que las farmacéuticas se alimentan de la debilidad y las enfermedades de la población. En definitiva, tanto en el caso de las políticas sanitarias como en las relacionadas con los nacimientos y el aborto hay un control y una manipulación que empuja al hombre a vivir pensando que puede actuar libremente (encerrándose o abortando) sin darse cuenta de lo manipulable que es.

Y así, mientras hasta los católicos deciden votar hablando de tregua y paz social, haciéndose la ilusión de que la izquierda “dialogante” es preferible a la derecha belicista, millones de muertos siguen pesando sobre nuestros hombros. Aunque los escondamos detrás de esas máscaras que nos hacen sentir como ciudadanos responsables hablando del respeto a los demás.

Artículo por Benedetta Frigerio, publicado originalmente bajo el título: “L’ipocrisia 2020: 42 milioni di aborti e 1,8 di Covid en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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