En Jornada Mundial de la Juventud, Programa de Educación Sexual Excluye a Padres y Pecado Mortal


ÚLTIMA HORA: FIRMA PETICIÓN AL PAPA FRANCISCO EN CONTRA DE PROGRAMA DE EDUCACIÓN SEXUAL QUE ATENTA CONTRA LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA CATÓLICA: Pope Francis: withdraw the Vatican’s flawed new sex-ed curriculum
En 1917 Nuestra Señora de Fátima advirtió a los tres jóvenes videntes: “Más almas van al infierno debido a los pecados de la carne que por cualquier otra razón”. Pero este mensaje, por desgracia, está enteramente ausente del programa de educación sexual recién lanzado por el Vaticano para los adolescentes. En cambio, los pecados sexuales no se mencionan en absoluto. Los mandamientos sexto (No cometerás actos impuros) y noveno (No consentirás pensamientos ni deseos impuros) se ignoran mientras que las imágenes sexualmente explícitas y videos inmorales se utilizan como trampolín para la discusión.
El programa titulado “El Punto de Encuentro: Curso de Educación Sexual Afectivo para los Jóvenes” fue lanzado por el Consejo Pontificio para la Familia y se presentó a los jóvenes en la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud 2016) en Polonia.
El programa ha estado en proceso de desarrollo por parte de parejas casadas en España por varios años, pero parece que la exhortación Amoris Laetitia (abril) del Papa Francisco sobre el matrimonio y la familia impulsó que se terminara. En la exhortación, el Papa dice que la “necesidad de educación sexual” debe ser abordada por “instituciones educativas”, lo que alarmó a líderes mundiales pro vida y familia ya que la Iglesia Católica siempre ha reconocido y enseñado — a menudo opuesta a las potencias globales — que la educación sexual es el “derecho y deber fundamental de los padres”.
El programa de educación sexual del Vaticano se divide en seis unidades que han de ser enseñadas en un período de cuatro años (grados 9-12) a los estudiantes masculinos y femeninos en clases mixtas. […]
El nuevo programa que está siendo presentado por el Consejo Pontificio para la Familia contradice lo que el Magisterio de la Iglesia ha enseñado por mucho tiempo sobre la educación sexual. Por ejemplo:
- El Papa Pío XI, en su encíclica de 1929 sobre la educación cristiana, Divini Illius Magistri, habla de la instrucción sexual por los padres en un ambiente privado, no en las aulas. Establece que “si alguna instrucción privada se considera necesaria y oportuna, por los que Dios ha encargado a enseñar, deben tomarse todas las precauciones. Tales precauciones son bien conocidas en la educación cristiana tradicional. […] Por lo tanto, es de la mayor importancia que un buen padre, mientras discute con su hijo un asunto tan delicado, se cerciore de no caer en detalles”. Añade: “En términos generales, durante el período de la infancia, es suficiente emplear esos remedios que producen el doble efecto de abrir la puerta a la virtud de la pureza y cerrar la puerta al vicio”.
- El Papa Pío XII, en su discurso de 1951 a los padres de familia, advierte contra la propaganda, incluso de “fuentes católicas”, que “exageran fuera de toda proporción la importancia y significación del elemento sexual. . . . Su forma de explicar la vida sexual es tal que se adquiere en la mente y la conciencia del lector promedio la idea y el valor de un fin en sí mismo, haciéndole perder de vista el verdadero propósito primordial del matrimonio, que es la procreación y educación de los niños, y el grave deber de las parejas casadas con lo que respecta a este fin, algo que la literatura de la que estamos hablando deja atrás”.
- El Papa San Juan Pablo II, en su exhortación apostólica de 1981 Familiares Consorcio, llama a la educación sexual un “derecho y deber fundamental de los padres”, que “siempre debe llevarse a cabo bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos” y añade: “los padres cristianos, discerniendo los signos de la voluntad de Dios, dedicarán especial atención y cuidado de educar para la virginidad o castidad como forma suprema de donación de uno mismo que constituye el sentido mismo de la sexualidad humana”.
- La Sagrada Congregación para la Educación Católica, en sus Directrices Educacionales en el Amor Humano de 1983, escribe que, en lo que se refiere a los aspectos más íntimos [de la educación sexual], ya sean biológicos o afectivos, “permanece válido que una educación individual debe ser ofrecida, preferiblemente en el ámbito de la familia”.
[…] Los defectos del nuevo programa del Vaticano no pueden ser subestimados. Ellos incluyen:
- Entregar la formación sexual de los hijos a los educadores, dejando fuera de la ecuación a los padres.
- No nombrar ni condenar comportamientos sexuales, como la fornicación, la prostitución, el adulterio, el uso de contraceptivos, la actividad homosexual, y la masturbación, como acciones objetivamente pecaminosas que destruyen la caridad en el corazón y nos alejan de Dios.
- No advertir a los jóvenes sobre la posibilidad de la separación eterna de Dios (condenación) por cometer pecados sexuales graves. El infierno no se menciona ni una vez.
- No distinguir entre pecado mortal y pecado venial.
- No hablar del sexto y el noveno mandamiento, ni ninguno otro.
- No enseñar sobre el sacramento de la confesión como una manera de restaurar la relación con Dios después de haber cometido pecado grave.
- No mencionar un sano sentido de la vergüenza cuando se trata del cuerpo y la sexualidad.
- Enseñar a los niños y niñas juntos en la misma clase.
- Tener niños y niñas compartiendo juntos en clase su comprensión de frases como: “¿Qué te sugiere la palabra sexo?”
- Pedir a una clase mixta “señalar dónde se encuentra la sexualidad en los niños y niñas”.
- Hablar sobre el “proceso de excitación”.
- El uso de imágenes sexualmente explícitas y sugerentes en los libros de trabajo.
- La recomendación de varias películas sexualmente explícitas como trampolín para la discusión.
- El no hablar sobre el aborto como algo gravemente malo, sino sólo que provoca “fuerte daño psicológico”.
- Confundir a los jóvenes por el uso de frases tales como “relación sexual” para indicar no el acto sexual, sino una relación centrada en la persona.
- Hablar de “heterosexualidad” como algo por “descubrir”.
- Usar de ícono al homosexual Elton John (sin mencionar su activismo) como un ejemplo de una persona talentosa y famosa.
- Respaldar el paradigma de “dates” como un paso hacia el matrimonio.
- No hacer hincapié en el celibato como forma suprema de donación de sí mismo que constituye el sentido de la sexualidad humana.
- No mencionar la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio.
- El tratamiento de la sexualidad como un tema separado en lugar de como algo integrado en las enseñanzas doctrinales y morales de la Iglesia.
Muchas películas recomendadas por el programa como trampolín para la discusión no pueden ser interpretadas como menos que sexualmente inmorales. […] La selección de películas revela una sorprendente falta de brújula moral de los creadores del programa, algo que debería alertar a cualquier padre que esté considerando permitir que sus hijos se formen bajo este programa.
Un defensor “pro-familia”, crítico de la educación sexual explícita de Planificación Familiar (Planned Parenthood), comentó lo siguiente sobre el programa de educación sexual del Vaticano: “Me fue muy difícil decidir si los autores trataban de disimular hábilmente un mal programa o si eran simplemente incompetentes. Trataron de entretejer películas de moda para apoyar los conceptos vagos que estaban tratando de transmitir, pero no fueron eficaces. ¿Por qué las imágenes eróticas que rayan con la pornografía? Pensé que todo el asunto sería confuso para los jóvenes y francamente una gran pérdida de tiempo”. […] Los jóvenes simplemente se sentirán confundidos por los mensajes contradictorios, las imágenes explícitas, las películas, y la falta de directrices morales.
En el mejor de los casos, el programa de educación sexual del Vaticano podría ser descrito como una mezcla; en el peor, como un esfuerzo equivocado. […] Debido a que no honra el papel dado por Dios a los padres como principales educadores, no nombra ni condena varios pecados sexuales, y usa materiales sexualmente explícitos, el programa no sólo es incapaz de lograr su objetivo, sino que podría tener el efecto contrario de despertar en los jóvenes el deseo sexual desordenado e impulsarles a realizar fantasías sexuales. El programa aspira instruir a los jóvenes sobre la importancia de la modestia, la castidad y la intimidad, y lo hace violando los mismos valores que trata de inculcar. De esta manera, es contraproducente. En resumen, el programa podría conducir a los jóvenes no más cerca de Dios, sino más lejos de él.
Uno podría conjeturar que de haber sido formada por el programa de educación sexual del Vaticano, es poco probable que Santa María Goretti hubiera tenido alguna palabra de virtud heroica para su agresor sexual. Ella no habría sido formada para decir: “¡No! ¡Es un pecado! ¡Dios no lo quiere!” Ella no habría aprendido que lo que su agresor quería era una ofensa contra Dios. Tampoco, Santo Domingo Savio habría sido capaz de decir: “¡La muerte en lugar del pecado!” porque no habría aprendido sobre el horror del pecado. Un programa de moral sexual que no enseñe a los jóvenes a vivir el Evangelio no es digno de ser enseñado.
Por Pete Baklinski en LifeSiteNews
Traducido por: Rocío Salas en Adelante la Fe
Editado por: FielesalaVerdad.org
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