Black Lives Matter: Revolución Cultural Totalitaria

Por Stefano Magni (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón.
La protesta de Black Lives Matter se convierte en una revolución cultural, en estilo chino. Bari Weiss, editorialista del New York Times fue expurgada por los nuevos reclutas de la extrema izquierda. Las universidades “expurgan” sus estudios para conformarse a la nueva ideología. Y en cada vez más ciudades, las autoridades locales castigan a quien se opone a los opositores.
La protesta de Black Lives Matter está asumiendo cada vez más la apariencia de una revolución cultural. Y como todas las revoluciones, se está institucionalizando, con nuevas clases dirigentes que expurgan a las viejas.
La última a pagar por ello, por orden de tiempo, fue Bari Weiss, periodista editorialista del New York Times. Exponente judía de la vieja izquierda (considerada ahora como demasiado moderada), fue víctima de una verdadera campaña de acoso por parte de los colegas más jóvenes que comparten ideas de la nueva extrema izquierda, y prácticamente obligada a presentar la dimisión. En su carta de despedida al periódico, publicada en su blog, Weiss cuenta que le “…llamaron nazi y racista; aprendí a ignorar comentarios por el hecho de que yo escribiese ‘sobre judíos de nuevo’. Varios colegas que se perciben como amistosos conmigo fueron acosados por sus compañeros de trabajo. Mi trabajo y mi carácter son abiertamente degradados en los canales de Slack de la compañía, donde los editores de cabecera regularmente intervienen. Allí, algunos compañeros de trabajo insisten en que necesito ser erradicada si esta compañía va a ser verdaderamente “inclusiva”, mientras que otros colocan emojis de hacha junto a mi nombre”. El escenario que Weiss describe es el de un conformismo ideológico asfixiante. “¿Por qué editar algo desafiante para nuestros lectores, o escribir algo audaz sólo para pasar por el proceso adormecedor de hacerlo ideológicamente kosher, cuando podemos asegurarnos de la seguridad del trabajo (y de los clics) publicando nuestro artículo de opinión número 4000 argumentando que Donald Trump es un peligro único para el país y el mundo? Y así la autocensura se ha convertido en la norma”.
El clima de terror al interior del New York Times en estos meses había ya parecido evidente con la renuncia (prácticamente forzada) de James Bennet, editor de la sección de opiniones. Culpable de haber publicado la opinión de un senador republicano (quien estaba a favor del uso del ejército para ayudar a la policía a controlar las protestas), fue víctima de un ataque concéntrico de parte de redactores, empresas prestigiosas, empleados y del público, hasta la proclamación de una huelga. Pero las mismas cosas suceden también en los ámbitos académicos; debido a un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, citado también en estas columnas, un directivo de la Universidad Estatal de Michigan, Steve Hsu, fue prácticamente obligado a presentar su renuncia. El estudio, patrocinado por el físico Hsu, demostraba que no había ninguna correlación directa entre el racismo y los incidentes mortales que involucran a la policía. Pero precisamente porque este estudio ha sido citado varias veces, empezando por el Wall Street Journal, contra la tesis del “racismo sistémico”, los sindicatos de la Universidad de Michigan llamaron a la huelga y se desató una presión cada vez mayor contra el pobre Hsu, hasta su dimisión. Los dos autores del estudio, Cesario y Johnson, pidieron (o tuvieron que pedir) que se retirara su publicación, sin citar ninguna razón científica para su petición. La oficina de prensa de la universidad pidió oficialmente disculpas por el “mal provocado” por el artículo en cuestión.
En junio, la American Physical Society, que representa 55 mil físicos de todo el mundo, sostuvo una huelga de un día “por la vida de los negros”, para “erradicar el racismo sistémico y la discriminación, especialmente en las universidades y las ciencias”. El documento se refiere precisamente a las ciencias naturales, las cuales, según sus autores, habrían sido infectadas por el racismo. “La física no hace excepciones”, se lee. Solamente en los regímenes totalitarios de la Unión Soviética y la China la física fue doblegada ante las exigencias ideológicas, porque no podía contradecir al marxismo. El nacimiento de una nueva “física antirracista” podría ser una señal muy grave, y no se puede subestimar.
Ni siquiera la informática está exenta de esta ola de ideología. Linux, uno de los sistemas operativos más difundidos, está de hecho cambiando su lenguaje de programación, para adoptar uno más “inclusivo”. Por ejemplo, en lugar de blacklist (lista negra) tendrá que escribir blocklist (lista de bloqueos) o “lista de denegación”. También se prohibirá el término slave (esclavo), que será sustituido por “réplica, subordinado o secundario”. Es bueno recordar que no estamos hablando de personas, sino de programas.
Una revolución es tal cuando se institucionaliza. Y hay muchas autoridades locales que se adhieren a ella y aplican la ley, complaciendo sobre todo los deseos de los revolucionarios. En St. Louis (Misuri) se ha hecho famoso el video de dos propietarios, Mark y Patricia McCloskey, defendiendo su propiedad con armas en sus manos de la incursión en su jardín por un gran grupo de manifestantes Antifa. El vídeo, que fue retuiteado con entusiasmo por el propio Presidente Trump, fue inmediatamente estigmatizado por los medios de comunicación, que retrataron a los dos ancianos cónyuges como “blancos que apuntan con sus armas a los manifestantes”. La protesta de los medios de comunicación desencadenó una investigación policial y se incautaron las armas de los cónyuges, que estaban en posesión legal y no dispararon ni un solo tiro.
En California, en cambio, una pareja de caballeros de mediana edad fue denunciada porque intentaba cubrir con pintura negra el tramo de la carretera en el que estaba pintado el graffiti con las palabras “Black Lives Matter”. El condado de Contra Costa anunció la apertura de un juicio en su contra, con graves cargos que incluyen “crimen de odio”. Porque estaban tratando de cubrir el graffiti. ¿Las inscripciones “Black Lives Matter” se convirtieron en obligatorias? Sí, al menos donde los demócratas gobiernan: el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, participó en la pintura de uno de estos graffitis, justo debajo de la Trump Tower en el centro de Manhattan.
En Seattle, donde la ciudad inició cursos para empleados blancos para “Contrarrestar el racismo internalizado y la idea de la superioridad racial de ser blanco”, justo después del inicio del movimiento Black Lives Matter, la alcaldesa Jenny Durkan permitió que un pedazo del centro de su ciudad fuera literalmente ocupado por activistas antifascistas, que lo convirtieron en un verdadero pueblo. La Capitol Hill Autonomous Zone (Chaz) fue un experimento colectivista, con agricultura de autosubsistencia, abolición de la policía y de la propiedad privada. La alcaldesa de Seattle menospreció el alcance del evento, diciendo que: “Cuatro cuadras ocupadas es como una fiesta de vecindario. No es una ocupación armada. No es una junta militar. Nos aseguraremos de que se recupere el área, pero hemos tenido otras fiestas de barrio como esta y es parte de la cultura de Seattle”. Es lamentable que la “fiesta del barrio”, principalmente por la expulsión de la policía de la zona ocupada, se convirtiera pronto en una tragedia. Según estadísticas aún incompletas de las autoridades locales, del 2 de junio al 1 de julio, la delincuencia en ese barrio aumentó en un 525% en comparación con el mismo período del año anterior. Delitos que incluyen: tráfico y consumo de drogas, violencia sexual, hurtos, robos a mano armada y un aumento de las actividades de las gangas criminales. La historia de Chaz está salpicada de tiroteos: los días 20, 21 y 23 de junio, hasta el del 29 de junio que provocó la muerte de un chico de 16 años y la grave lesión de un chico de 14 años. Después de estos trágicos sucesos, las autoridades de Seattle también tuvieron que evacuar el Chaz, de acuerdo con el servicio de seguridad de los ocupantes.
Artículo por Stefano Magni, publicado originalmente bajo el título: “Black Lives Matter, scene di una rivoluzione culturale” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.




