Rincón Educativo

Amor Conyugal: ¿Qué es? ¿Cómo mantenerlo?

Hoy en día el amor conyugal no se entiende y está siendo atacado peligrosamente por la filosofía de la relatividad. Lo que importa es lo que cada cual piense y decida para alcanzar su propia felicidad sin importar el daño que pueda causarse a sí mismo y a los demás.

En la sociedad moderna se desconoce la dignidad que posee cada persona humana y se desconoce el significado del vocablo AMOR. No se hace distinción entre lo que es el Verdadero Amor y los tipos de amor que podemos experimentar a lo largo de la vida.

Entre los tipos de amor encontramos: el amor paterno filial (de un padre y una madre por sus hijos y viceversa); el amor de amistad (el de un amigo/amiga, etc.); el amor “eros” basado en una atracción física donde se busca satisfacer su propia necesidad al margen del compromiso, cargado de egoísmo; el amor “agape” (amor desinteresado) que solo piensa en el bienestar del otro; el amor de benevolencia que se da sin esperar nada a cambio; y el amor conyugal que es un amor específico entre un hombre y una mujer que se atraen mutuamente precisamente por ser distintos y complementarios y se donan mutuamente en el Matrimonio.

Esa atracción mutua por ser distintos y complementarios puede llevar al varón y a la mujer al compromiso. Este compromiso emitido por ambos de forma libre y voluntaria constituye el vínculo matrimonial indisoluble. El vínculo conlleva derechos y deberes. Se deben fidelidad y se entregan totalmente uno al otro (abiertos a la vida); se pertenecen uno al otro.

Este amor conyugal pasa por etapas según el ciclo de vida. De una mera atracción física y/o etapa de enamoramiento se pasa a la etapa de un amor maduro y más verdadero, donde impera no tanto el apasionamiento y la atracción física sino uno de mayor compromiso, sacrificio y amor desinteresado. Hay una etapa de sacrificio, que se desarrolla mayormente por los hijos y con los hijos, en la cual se olvida a veces la necesidad de cultivar el amor conyugal entre los esposos. Todo ha girado alrededor de los hijos, y cuando los hijos se van nos podemos preguntar: “¿ahora qué? Ya no siento lo mismo por esta persona (esposo/esposa). La juventud se escapa y quiero aprovechar el tiempo.”

Puede ser un momento peligroso. Podemos olvidar que la etapa de enamoramiento ya pasó. Las circunstancias nos llevaron al compromiso, y el amor conyugal con el tiempo sufre una transformación. Es el momento de combatir el egoísmo que siempre está presente y que nos lleva a pensar sólo en la propia felicidad. Es hora de pensar más en las cualidades del cónyuge y menos en sus defectos. El amor conyugal ha pasado por momentos difíciles durante la crianza de los hijos y ha permanecido. Esto lo hace fuerte y capaz de transformarse en el amor verdadero.

El Sacramento del Matrimonio, con las gracias propias del mismo viene en nuestro auxilio a iluminar el entendimiento y a fortalecer la voluntad para que en la nueva etapa del nido vacío, el amor “agape” prevalezca. Nos hace recordar el vínculo indisoluble, el compromiso de fidelidad y la entrega mutua que consentimos un día. Una vez más el olvido de sí mismo y la búsqueda del bienestar del otro es lo que debe prevalecer. El llamado es el mismo desde el principio: combatir el egoísmo y pensar en hacer feliz al otro. Así los hijos aprenderán de sus padres el verdadero amor y el valor del Matrimonio. Debemos recordar que los padres siguen siendo padres, y tienen el deber de seguir enseñando a sus hijos con el ejemplo aunque ya no estén viviendo bajo el mismo techo y hayan constituido la familia extendida.

El nido vacío lleva a los cónyuges a compartir más entre sí, una práctica que se puede haber olvidado y tal vez se hace difícil. Hay que comenzar con más brío. La vida sensual, fácil y cómoda nos deslumbra, nos hace ciegos y nos separa del Amor Verdadero.

Luchemos por el Matrimonio y la Familia para tener “hogares luminosos y alegres” (San Josemaría Escrivá) donde impere el amor y el respeto. Donde se les enseñe, con el ejemplo, las virtudes a los hijos. Sólo así estaremos construyendo una mejor Sociedad.

¡Luchemos por la Cultura de la Vida!

Prof. Zoraida Sánchez, MMF

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