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Vacuna del VPH: Sigue la Desinformación


Los promotores de la vacuna contra el VPH (virus del papiloma humano) siguen distorsionando las estadísticas para pintar un cuadro de crisis que no corresponde a la realidad. En el mejor de los casos, parecerían desconocer la aritmética elemental. Hasta el propio Secretario de Salud, durante una entrevista reciente con la revista Galenus (agosto 2017), ha caído en este patrón. Este retorcido malabarismo numérico pretende crear la ilusión de “epidemia” donde no la hay, para entonces justificar la vacunación obligatoria con una vacuna de necesidad, seguridad y eficacia cuestionables.

La tasa de cáncer cervical en Puerto Rico es de .0114% y no 11.4% como esos promotores de la vacuna alegan. Una incidencia de 11.4 casos por cada 100,000 mujeres, aunque lamentable, no representa una epidemia. También hay que recordar que hay otros cofactores que explican esa incidencia, como fumar tabaco, la promiscuidad, infección con HIV y el uso de contraceptivos orales. Las tasas de los restantes tipos de cáncer con los cuales se ha asociado el VPH son aún mucho más bajas y también tienen cofactores prevenibles en su mayoría.

Además, el que haya una alta incidencia de un virus no implica que deba ser obligatorio vacunarse contra él. Depende, entre otras cosas, de la gravedad del virus, cómo se contrae, si es curable o desaparece espontáneamente, o si muta con frecuencia. También depende de la seguridad y eficacia de la vacuna, los beneficios esperados con relación a sus riesgos, la gravedad e incidencia de los efectos adversos, etc. La seguridad y eficacia de la vacuna contra el VPH es, como mínimo, cuestionable. Algunos expertos incluso la consideran “insegura e inútil” [1]. Además, el VPH se contrae primordialmente por la intimidad sexual. Es un virus cuya infección se cura espontáneamente, sin tratamiento, en menos de dos años en más del 90% de los casos. La última versión de la vacuna, Gardasil 9, sólo “protege” ante 9 de las más de 170 cepas de VPH.

Por otro lado, el falso sentido de seguridad que podría provocar el vacunarse podría aumentar la promiscuidad, la experimentación prematura y extramarital, y el descuido de las pruebas de detección (por ejemplo, la prueba de Pap, etc.) correspondientes. ¿No aumentará ese falso sentido de seguridad la incidencia no sólo de VPH, sino también de otras infecciones y enfermedades? ¿No redundará, como argumentan algunos estudiosos, en mutaciones virales de difícil manejo clínico en un futuro?

Por último, la vacunación obligatoria contra el VPH, y como condición para poder educarse sea en la escuela pública o privada, presenta otra intervención del estado con respecto a los derechos parentales y los derechos a la libertad e intimidad de sus ciudadanos. Violenta incluso los derechos de los jóvenes a una educación libre. No hay razón superior alguna que justifique que el estado ordene una vacunación obligatoria a los adolescentes como condición a su educación contra un virus que no se contrae casualmente y que se cura espontáneamente en la abrumadora mayoría de los casos. No hay razón superior alguna que justifique que el estado obligue a nuestros adolescentes a someterse a una vacuna de eficacia dudosa y de riesgos potenciales severos. No hay razón superior alguna que justifique que el estado obligue a los padres a que sometan a sus hijos a otro experimento masivo cuyo desenlace puede ser nefasto para su salud y su porvenir.

¡No a la vacuna contra el VPH obligatoria!

Nota
[1]. Ver, por ejemplo,
Pediatra y Profesora de Escuela de Medicina Alerta sobre las Muertes y Reacciones Adversas de la Vacuna del VPH ;

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