Aprueban Proyecto de Adopción que Atenta contra el Mejor Bienestar de los Niños

El Senado y la Cámara de Representantes de Puerto Rico aprobaron el proyecto de ley de adopción (P. de la C. 29), que permite la adopción por todo tipo de “parejas,” sean homosexuales o heterosexuales. Según Mujeres por Puerto Rico, dicho proyecto ha “bajado el estándar de la ley del 2009,” “para que ya no sea prioridad el dar la adopción a matrimonios saludables de un padre y una madre.” La “Cámara ha bajado los mejores estándares para los niños y se conformará con cederlos a todo tipo de hogar.” Estos arreglos de “parejas” suelen ser inestables y, por lo tanto, pueden repercutir en traumas sicológicos, físicos, y espirituales para los niños. Podrían someter a los niños a un sinnúmero de figuras “paternales” o “maternales.” Los estudios demuestran que lo ideal para el desarrollo integral de los niños en todas sus etapas es su crianza por un matrimonio entre un hombre y una mujer bajo el amparo de su amor sacrificial. La seguridad emocional, económica, y espiritual de los niños debe ser la prioridad en los procesos de adopción, y no las preferencias de unos adultos.
Nuestra legislatura decidió ignorar la evidencia científica sobre las consecuencias negativas de la adopción por parejas del mismo sexo, y de parejas heterosexuales que no han contraído matrimonio. En vez de buscar el bienestar integral de los menores, los han reducido a objetos de juego político e ideológico. Nuestros pobres niños, ya víctimas de la ideología de género y de una sociedad hiper-sexualizada que atenta contra su inocencia, serán ahora privados del derecho natural de tener un papá y una mamá. Nuestra legislatura también ignoró las palabras del Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres, quien escribió al Gobernador y los Presidentes legislativos “en este tiempo de Adviento, apelando a sus conciencias por el mejor bienestar de los niños de Puerto Rico.”
Mons. Fernández les recordó que
Jesús, el hijo adoptivo de José, escogió nacer en el seno de una familia. Siendo Hijo de Dios, no quiso las riquezas terrenales, rechazó la cuna de oro, pero sí decidió crecer bajo el amparo y la protección de un padre y una madre.
¿Cuánto realmente valoramos y respetamos ese derecho de todo niño, a crecer bajo el amparo y la protección de una familia unida, con padre y madre presentes?
El futuro de los niños más vulnerables de Puerto Rico está en sus manos. Muchos de ellos llegan a nuestras instituciones con heridas profundas del maltrato y el abandono, en busca del amor y consuelo que le ofrecen en medio de la emergencia las manos del personal y las religiosas de tantas instituciones de auxilio inspiradas en la fe. En nuestra diócesis, podemos mencionar, entre otros, al Hogar Santa Teresita, al Hogar Colegio La Milagrosa, al Hogar de Niñas Fray Luis Amigó e incluso al Hogar Santa Eufrasia. Si bien apelamos a las conciencias de las familias católicas a que abran las puertas de su hogar, considerando la adopción como un acto de amor.
De igual modo, les pedimos que, precisamente esta Navidad, le den a los niños de Puerto Rico el tesoro que tuvo el niño de Nazaret, en el pesebre, el regalo de una Madre y un padre, unidos en el firme compromiso del matrimonio.
Ya el Tribunal Supremo de Puerto Rico reconoció lo que es una verdad evidente: el requisito del matrimonio va en el mejor bienestar del menor (Pérez Vega versus Procuradora Especial de Relaciones de Familia [99TSPR64]). Ahora, las leyes escritas por los hombres no pueden cambiar la verdad sobre la naturaleza humana. ¿Por qué ir en contra de lo establecido por el Tribunal Supremo de Puerto Rico, para introducir en la nueva ley propuesta el concepto de “parejas”?, ¿Por qué dar un paso hacia atrás en la lucha por los compromisos y la estabilidad en nuestras familias, socavando aún más la importancia de la unión matrimonial en nuestra sociedad?
Ya nuestra sociedad y precisamente nuestros niños, están sufriendo las consecuencias de no haber protegido suficiente la unión matrimonial, como el compromiso públicamente y libremente contraído de estabilidad y fidelidad.
Por ello, les ruego reconsideren respetar en la ley la prioridad del matrimonio y el derecho de todo niño a un padre y una madre, como manera de salvaguardar el mejor bienestar de nuestros niños.
Nuestro gobierno, además de traicionar el voto de confianza de miles de Cristianos, le ha declarado la guerra al mejor bienestar de nuestros niños. Puerto Rico no podrá florecer mientras se siga atacando los valores morales fundamentales que edifican una civilización. Hay escasez de líderes políticos que busquen el bien común, que defiendan la verdad y la justicia hasta sus últimas consecuencias. ¿Será acaso, en parte, por la escasez de líderes religiosos santos? Dice el viejo refrán: “A sacerdote santo, pueblo fervoroso. A sacerdote fervoroso, pueblo piadoso. A sacerdote piadoso, pueblo tibio. A sacerdote tibio, pueblo impío.”
Cristo nos pide que estemos alertas, con las luces encendidas. Nos ha llamado a proclamar la Verdad. Si seguimos ignorando la oscuridad de nuestro tiempo, con nuestras lámparas apagadas, hundiremos a Puerto Rico, y con él, a nuestras almas. En este tiempo de Adviento, en el que esperamos la razón de nuestra alegría, rogamos al Niño Dios que convierta nuestros corazones, que envíe Su Espíritu y Renueve a Puerto Rico.



