Pruebas “fake”, la sentencia que puede revocar el confinamiento

La sentencia portuguesa sobre la falta de fiabilidad de las pruebas de RT-PCR para establecer la positividad y la contagiosidad abre las puertas a la falta de fiabilidad de la ecuación prueba=cuarentena. Esto podría tener un efecto dominó: una vez que el automatismo es rechazado, las reglas de confinamiento también deberían ser abandonadas.

Por Luisella Scrosati (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón.

Ha pasado casi desapercibida en la prensa italiana, pero la sentencia del Tribunal de Apelaciones de Portugal del 11 de noviembre es una verdadera bomba.

El antecedente. Cuatro personas de nacionalidad alemana llegaron a la isla de São Miguel, perteneciente a la Región Autónoma de las Azores; la prueba realizada tres días antes de su llegada fue negativa para todos. Sin embargo, después de algún tiempo en la isla, los cuatro turistas decidieron repetir la prueba, y esta vez uno de ellos dio positivo. Esto desencadena una cuarentena de catorce días para los cuatro; después del período de aislamiento, la misma persona es encontrada positiva de nuevo. La Autoridad Sanitaria de las Azores decide una nueva cuarentena no solamente para el positivo, sino también para los otros tres, que también fueron colocados en habitaciones separadas.

El Tribunal de Apelaciones de Lisboa, confirmando la decisión del Tribunal de Primera Instancia, ordena la inmediata puesta en libertad de los cuatro ciudadanos alemanes y tira de las orejas a la autoridad sanitaria local, aclarando en primer lugar que no está autorizada a declarar a una persona como enferma y peligrosa para la salud pública: “Nadie puede ser declarado enfermo o peligroso para la salud por decreto o por ley, ni siquiera como consecuencia administrativa automática del resultado de un examen de laboratorio, cualquiera que sea su naturaleza”; la competencia corresponde exclusivamente al médico.

Por lo tanto, el Tribunal de Lisboa rechaza el automatismo de la “prueba positiva – obligación de cuarentena” ordenado por la Autoridad Sanitaria Local y especifica además que “si se lleva a cabo sin la observación médica previa del paciente, sin la participación de un médico certificado por la Orden de Médicos, llamado a evaluar los síntomas y a solicitar las pruebas o exámenes que se consideren necesarios, cualquier acto de diagnóstico, o cualquier acto de vigilancia de la salud pública termina por violar una serie de leyes y reglamentos”, hasta el punto de configurar “un delito de ejercicio ilícito de la profesión en el caso de que tales actos sean realizados o dictados por alguien que carezca de capacidad para ello, es decir, por alguien que no sea un médico inscrito en el Colegio de Médicos”.

Hay un segundo aspecto, aún más explosivo, de esta sentencia, a saber: la falta de fiabilidad de las pruebas de RT-PCR para establecer la positividad y la contagiosidad. Hablamos de esto hace unos días (ver aquí), señalando que el mismo Instituto Superior De Salud italiano había declarado que estas pruebas dan un alto porcentaje de falsos positivos.

El Tribunal portugués se ha servido ahora de dos importantes estudios: el primero, publicado el pasado 28 de septiembre por la Oxford Academic, ha permitido afirmar que “la posible fiabilidad de las pruebas de PCR realizadas depende, desde el principio, del límite de los ciclos de amplificación que contienen, por lo que, hasta un límite de 25 ciclos, la fiabilidad de la prueba es de aproximadamente el 70%; si se realizan 30 ciclos, el nivel de fiabilidad desciende al 20%; si se realizan 35 ciclos, el nivel de fiabilidad es del 3%”. Esto significa que a 30 ciclos tenemos hasta un 80% de falsos positivos; a 35 ciclos, 97%, y por encima de 35 ciclos, prácticamente el 100%. El histograma que se puede ver aquí muestra claramente que cuanto más aumenta el número de ciclos (eje de las abscisas), más disminuyen los verdaderos positivos (columnas de color borgoña), mientras que los negativos en la cultura (columnas de color gris claro), es decir, los falsos positivos, aumentan. La línea negra quebrada muestra la disminución de la fiabilidad del buffer a medida que aumentan los ciclos de PCR, con un colapso evidente después de los 25 ciclos.

Ahora bien, ¿cuántos ciclos se realizan realmente? Casi ningún laboratorio lo informa. Pero según la tabla a la que ya nos hemos referido en el artículo anterior, el promedio de ciclos realizados es superior a 35, lo que significa la casi totalidad de resultados falsos.

El segundo estudio reportado en la sentencia fue publicado el 29 de septiembre en The Lancet. También aquí se analizan los numerosos factores que pueden conducir a resultados falsos, desde diversos tipos de contaminación hasta la reactividad cruzada con otros virus o material genético. Sobre la base de este estudio, el fallo del Tribunal de Apelaciones señala que “toda prueba diagnóstica debe interpretarse en el contexto de la probabilidad real de la enfermedad”. En otras palabras, la prueba por sí sola no puede ser suficiente, especialmente si se está en presencia de personas asintomáticas. Según una de las conclusiones de este estudio, citada textualmente en la sentencia, “no hay datos científicos que confirmen que la detección por RT-PCR de bajos niveles de ARN viral corresponda a la infecciosidad, a menos que se hayan confirmado fragmentos de virus infecciosos por métodos de cultivo de laboratorio”. Por lo tanto, el método RT-PCR, llevado al extremo, no sólo tiene el problema de la enormidad de los falsos positivos, sino también un límite intrínseco, a saber: la imposibilidad de establecer si los fragmentos de virus detectados han infectado el organismo y si, a su vez, son capaces de infectar.

Por consiguiente, la sentencia libera a los cuatro “rehenes” precisamente porque, hasta la fecha, no es posible afirmar con buena probabilidad que una persona haya inoculado realmente el SARS-COV-2 o que esa persona pueda realmente ser capaz de infectar. La restricción de la libertad es una medida tan grave que debe basarse en pruebas reales y no en meras suposiciones.

Le hemos pedido al abogado Edoardo Polacco, quien está en primera línea en la defensa de las libertades constitucionales en este período de emergencia democrática, un breve comentario sobre la sentencia. El abogado quiso señalar que “depende del hecho de que los principios constitucionales europeos inviolables no permiten una restricción de las libertades personales basada en lo que dicta un decreto u orden. Todo debe basarse de antemano no en acuerdos, sino en estatutos científicos precisos, que deben ser verificados por un médico”. La práctica actual es, en cambio, la de los “acuerdos programáticos, como, por ejemplo, el haber decidido, desde abril, que un solo gen del SARS-COV-2 es suficiente para declarar positivo el resultado de la prueba. Fue un acuerdo interregional… No se trata de una certeza médica, sino de un acuerdo”.

El Tribunal de Lisboa ha certificado su prohibición total. La Constitución Europea, al igual que la nuestra, establece la prohibición de restringir las libertades personales, salvo disposiciones legales precisas. En este caso no hay disposiciones legales, sino indicaciones administrativas, acuerdos programáticos, circulares, no leyes”.

El fallo podría tener un (esperado) efecto dominó: “Una vez que se rechace el automatismo de la prueba positiva – cuarentena, se deberían también anular en cadena las reglas relacionadas al confinamiento”. Una vez que un Tribunal de Apelaciones, y no un tribunal de primera instancia, admite y certifica la baja fiabilidad de las pruebas, es lógico que se cancela todo el cuadro. Los números que se nos han dado son completamente falsos y sólo sirven para imponer reglas contra la libertad”.

Artículo por Luisella Scrosati, publicado originalmente bajo el título: “Tamponi “fake”, la sentenza che può ribaltare i lockdown en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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