¿Consenso Médico sobre la Vacuna contra el VPH?

Fotos de algunos de los médicos e investigadores médicos que han levantado su voz de alerta sobre la seguridad y la eficacia de la vacuna VPH.

Los promotores de la vacuna contra el VPH insisten en que “hay consenso en la comunidad médica y científica sobre la eficacia y la seguridad de la vacuna contra el VPH.” La realidad es que tal consenso no existe.

La propia Dra. Diane Harper, principal investigadora detrás de la vacuna contra el VPH Gardasil, cuestionó la eficacia y seguridad de esta vacuna. También lo hizo el Dr. Bernard Dalbergue, investigador médico que trabajó con Merck. El Dr. Dalbergue declaró que “Todo el mundo sabía que Gardasil no aportaba nada.” “Gardasil se convertirá en el mayor escándalo médico de todos los tiempos porque en algún momento las pruebas se sumarán para demostrar que esta vacuna, aunque tal vez una proeza técnica y científica, no tiene efecto alguno sobre el cáncer cervical y que los muchos efectos adversos que destruyen vidas e incluso matan no tienen otro propósito que generar ganancias para los fabricantes,” concluyó [1]. Ambos criticaron la validez de la metodología que Merck utilizó en las pruebas clínicas de Gardasil antes de su lanzamiento al mercado.

A través de todo el mundo, médicos e investigadores médicos de distintos países también han levantado su voz de alerta sobre la seguridad y la eficacia de la vacuna [2]. Algunos de ellos, como bien lo ha destacado recientemente la Dra. Luisa Burgos, son: Dr. Carlos Álvarez-Dardet, exasesor de la Organización Mundial de la Salud y asesor sobre servicios de salud; Dra. Lucija Tomljenovic, investigadora de la toxicidad en las vacunas de la Escuela de Medicina de la Universidad de British Columbia (Canadá); Dra. Deirdre Little, médica generalista de Australia; Dr. Yehuda Shoenfeld, investigador en enfermedades autoinmunes de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tel-Aviv (Israel); Dra. Orit Pinhas-Hamiel, endocrinóloga pediátrica del Centro Médico Sheba (Israel); Dra. Abby Lippman, epidemióloga y especialista en salud de la mujer de la Universidad de McGill (Canadá); Dra. Bérengère Arnal, ginecóloga de Bordeaux (Francia), y Dr. Manuel Martínez-Lavín, reumatólogo del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez (México).

Podríamos seguir añadiendo a esa lista de médicos e investigadores. Hay muchos otros que no se atreven a expresarse públicamente. De hecho, hemos conversado con pediatras y otros profesionales de la salud que vacilan en recomendar la vacuna. No permiten que se les cite, ni hablan públicamente al respecto, por el temor de ser blanco de los mismos epítetos a los que se ha sometido a los que se han atrevido a cuestionar la vacunación obligatoria contra el VPH. Temen que se les llame “antivacunas,” “fanáticos,” o “ignorantes,” a pesar de que son ellos los que han investigado debidamente el asunto y, por ello, tienen serias reservas sobre la vacuna. Han visto las carreras tronchadas de otros profesionales simplemente por expresar sus preocupaciones ante algunas de las prácticas de gigantes de la industria farmacéutica como Merck, y no quieren sufrir igual destino [3]. Otros temen que, en represalia, se les margine a la hora de recibir fondos (de investigación, seminarios, etc.), o simplemente se les nieguen.

Aún si hubiera consenso en la comunidad médica sobre la eficacia y la seguridad de la vacuna, lo cual no hay en la realidad, la vacunación obligatoria contra el VPH sería cuestionable por toda otra serie de razones de tipo filosófico-moral. La vacunación obligatoria contra el VPH, y como condición para poder educarse sea en la escuela pública o privada, presenta otra intervención del estado con respecto a los derechos parentales y los derechos a la libertad e intimidad de sus ciudadanos. Atenta incluso contra los derechos de los jóvenes a una educación libre. No hay razón superior alguna que justifique que el estado ordene una vacunación obligatoria a los adolescentes como condición a su educación contra un virus que no se contrae casualmente y que se cura espontáneamente en la abrumadora mayoría de los casos. No hay razón superior alguna que justifique que el estado obligue a nuestros adolescentes a someterse a una vacuna de eficacia dudosa y de riesgos potenciales severos.

No hay tal “epidemia nacional” como los promotores de la vacuna insisten en pintar. La incidencia de cáncer cervical, curable en su etapa temprana, es (en Puerto Rico) de 11.4 por cada 100,000 mujeres (y no 11.4 de cada 100 como te siguen diciendo algunos reporteros, portavoces, y funcionarios de gobierno). Es decir, la infección con VPH no implica necesariamente el desarrollo de cáncer [4]. Fumar tabaco, la promiscuidad, la infección con VIH y usar contraceptivos orales aumentan la probabilidad de sufrir ese cáncer. La incidencia de mortalidad por cáncer cervical es menos de 3 por cada 100,000 mujeres. Estos números, aunque lamentables, no constituyen una “epidemia.” Las incidencias de los otros tipos de cáncer asociados con algunas cepas de VPH son aún más bajas.

Nuestros hijos no son conejillos de Indias. ¡No te dejes intimidar por los que insisten en llamarte “ignorante” o “fanático antivacuna,” o por los que apelan a tus sentimientos a expensas de la razón! No creas ciegamente los anuncios que te aseguran que la vacuna es “segura y eficaz,” y que cualquier reacción adversa es “pura coincidencia” o la “histeria de adolescentes.” No creas a ciegas todo cuanto te dicen los que han recibido fondos de Merck y organizaciones aliadas, y presentan sus entrevistas y opiniones como si fueran dogmas. Tampoco creas ciegamente en lo que te aseguran los funcionarios del gobierno que parecerían portavoces de las organizaciones privadas (financiadas en parte por la propia fabricante de Gardasil, Merck) cuya misión es promover la vacunación a como dé lugar. ¡No a la vacuna contra el VPH obligatoria!

Notas

[1]. https://ddata.over-blog.com/xxxyyy/3/27/09/71/2012-2013/Juin-2013/Dr-Dalbergue–Gardasil–plus-grand-scandale-de-tous-les-tem.pdf
Según el Folleto de Información sobre Gardasil 9 de Merck,(2016, págs. 9-10): “Las siguientes experiencias adversas han sido reportadas espontáneamente durante el uso de GARDASIL después de su aprobación, y también pueden verse en la experiencia post-mercadeo con GARDASIL 9:
Trastornos de la sangre y del sistema linfático: Anemia hemolítica autoinmune, púrpura trombocitopénica idiopática, linfadenopatía.
Trastornos respiratorios, torácicos y mediastínicos: Embolia pulmonar.
Trastornos gastrointestinales: Náuseas, pancreatitis, vómitos.
Trastornos generales y alteraciones en el lugar de administración: Astenia, escalofríos, muerte, fatiga, malestar.
Trastornos del sistema inmunológico: Enfermedades autoinmunes, reacciones de hipersensibilidad incluyendo reacciones anafilácticas / anafilactoides, broncoespasmo y urticaria.
Trastornos musculoesqueléticos y del tejido conectivo: Artralgia, mialgia.
Trastornos del sistema nervioso: Encefalomielitis aguda diseminada, mareos, síndrome de Guillain-Barré, cefalea, enfermedad de las neuronas motoras, parálisis, convulsiones, síncope (incluyendo síncope asociado con movimientos tónico-clónicos y otros eventos de tipo convulsivo) que a veces resultan en caída con lesión, mielitis transversa.
Infecciones e infestaciones: Celulitis.
Trastornos vasculares: Trombosis venosa profunda.”

[2]. A manera de introducción, ver: https://www.gardasil-and-unexplained-deaths.com/links, donde encontrará los enlaces a más de 80 estudios relacionados con casos de efectos adversos de la vacuna contra el VPH. Un estudio reciente (2017) de la base de datos VigiBase, el sistema de la Organización Mundial de la Salud (WHO) que registra los informes de 124 países que participan en su Programa Internacional de Farmacovigilancia, observó los patrones de eventos adversos como síndrome de dolor regional complejo (CRPS), síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS), y síndrome de fatiga crónica (CFS) luego de la vacunación contra el VPH (Chandler, R. E., Juhlin, K., Fransson, J., Caster, O., Edwards, I. R., & Norén, G. N., 2017, Current safety concerns with Human Papillomavirus Vaccine: A cluster analysis of reports in VigiBase®, Drug Safety, 40(1), 81-90).

[3]. Khatami, M. (2016). Safety concerns and hidden agenda behind HPV vaccines: another generation of drug-dependent society?, Clinical and Translational Medicine, 5(1), 46-53.

[4]. Duesberg, P., Mandrioli, D., McCormack, A., & Nicholson, J. M. (2011), Is carcinogenesis a form of speciation?, Cell Cycle, 10(13), 2100-2114; McCormack, A., Fan, J. L., Duesberg, M., Bloomfield, M., Fiala, C., & Duesberg, P. (2013), Individual karyotypes at the origins of cervical carcinomas, Molecular Cytogenetics, 6(1), 44; Rodríguez‐Carunchio, L., Soveral, I., Steenbergen, R. D. M., Torné, A., Martinez, S., Fusté, P., Pahisa, J., Marimon, L., Ordi, J., & Pino, M. (2015), HPV‐negative carcinoma of the uterine cervix, BJOG: An International Journal of Obstetrics & Gynaecology, 122(1), 119-127; Zhao, C., Yang, H., & Li, Z. (2014), Evidence emerging for HPV-negative cervical cancer, CAP (College of American Pathologists) Today, 28(1); Denny, L., Quinn, M., & Sankaranarayanan, R. (2006), Screening for cervical cancer in developing countries, Vaccine, 24, S71-S77.

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