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Cloroquina: los médicos demuelen el estudio “negacionista” de Gates

Otro estudio, financiado por Bill Gates, pretende demostrar que el uso de la hidroxicloroquina en la fase inicial es inútil. Pero está lleno de limitaciones, y los científicos que realizaron estudios positivos le escriben a la revista para refutarlo: “Una media de 6 días para el inicio del tratamiento no puede considerarse fase temprana”. También se acusa al reducido número de pacientes implicados y a la falta de datos clínicos sobre sus condiciones. “La selección de pacientes se realizó a través de las redes sociales y sin visitas. No puede considerarse fiable”. 

Artículo por Andrea Zambrano (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón

Cuando se quiere echar por tierra el uso de la hidroxicloroquina contra el COVID, siempre se dice que los estudios científicos han demostrado que en el mejor de los casos es inútil, y en el peor, perjudicial. Y con esta fórmula los periódicos y los funcionarios del gobierno, pero también la AIFA (Agenzia Italiana del Farmaco, ndt),  han seguido excluyendo el medicamento antimalárico de la lista de terapias que se proponen contra el Coronavirus en todos estos meses.

Pero esos estudios -como hemos sabido de boca de numerosos médicos- están equivocados por el hecho de que el tratamiento al que se sometió a los voluntarios infectados comenzó demasiado tarde, cuando el paciente ya estaba en el hospital, o demasiado pronto, cuando la profilaxis a base de HCQ era innecesaria. O en otros casos, era la dosis equivocada.

Sin embargo, la decisión del Consejo de Estado en diciembre intentó resolver el problema. Los jueces administrativos, al dar luz verde a las terapias, aunque fueran sin receta, se basaron de hecho en tres estudios realizados en Italia, pero también en otros, que certificaron que, en cambio, una administración de hidroxicloroquina en la fase inicial de la enfermedad, en casa, conducía a resultados sorprendentes en términos de curaciones y ausencia de hospitalización.

Entonces se denigró el trabajo de estos profesionales diciendo que en realidad sus estudios no eran aleatorios, es decir, que no incluían el llamado grupo de control al que se le administraba placebo al mismo tiempo. En pocas palabras: todos los estudios sobre la cloroquina en la fase inicial en casa fueron tratados como estudios de segunda categoría y siempre fueron ignorados por los organismos reguladores y el Ministerio de Salud.

Faltaba un estudio aleatorio, no basado en la evidencia, sobre el uso de la hidroxicloroquina en la fase inicial. El 27 de febrero llegó, aunque se refiere a pacientes tratados durante la pasada primavera. Y llegó gracias a la Fundación Bill y Melinda Gates, que lo financió. ¿Qué dice? Que la administración de hidroxicloroquina en una fase temprana es demasiado inútil como para terminar prematuramente por “futilidad operativa”.

Por lo tanto, ¿llegó definitivamente el fin de la droga de 6 euros en el que están dispuestos a apostar muchos médicos que están tratando en el desinterés de las instituciones? Eso parece. Pero no.

En realidad, el estudio presenta varios problemas que los médicos que han investigado el uso de la cloroquina temprana han destacado. El trabajo de algunos de ellos sirvió para que el Consejo de Estado emitiera la orden en la que se autorizaba el uso de la cloroquina. El resultado fue una carta de próxima publicación en la que los especialistas se quejan del contenido, la metodología y los resultados del estudio [financiado por Gates] que, en su opinión, contiene “prejuicios y limitaciones”.

Los autores de los estudios a favor de la cloroquina destacan en pocas palabras los tres grandes límites de la investigación que ya en las redes sociales se hace pasar por la lápida sobre el fármaco en el tratamiento del COVID.

La primera gran crítica está representada por la inscripción de los pacientes tratados: el estudio americano no tiene en cuenta los datos epidemiológicos y anamnésicos del paciente. Por ejemplo, una persona hipertensa o diabética tiene más probabilidades de contraer una forma grave y estos factores de riesgo son decisivos a la hora de desarrollar la enfermedad. Estos factores no se tuvieron en cuenta a la hora de seleccionar a los voluntarios. Tampoco se tuvo en cuenta la fase en la que se inició el tratamiento. Además, el número de la muestra también es defectuoso. Sólo 231 pacientes, divididos en tres grupos: el primero tratado con hidroxicloroquina, el segundo con hidroxicloroquina y azitromicina (antibiótico) y el tercero, precisamente, que recibió el placebo. Sólo 77 pacientes en cada grupo. A los científicos que lo señalaron a la revista científica les pareció una cifra irrisoria, y basta pensar que sólo en las tres investigaciones que dieron resultados positivos, y que fueron examinadas por el Consejo de Estado, participaron unos mil pacientes. Por último, la edad media de los pacientes: sólo 37 años, lo que sugiere que muchos de ellos, en condiciones de salud no graves, aún se curarían del COVID.

El segundo factor de crítica a la investigación estadounidense está relacionado con la ausencia de una visita. Los participantes -se quejan ellos- fueron seleccionados a través de una campaña social y no fueron seguidos en la administración del fármaco. No se proporcionaron imágenes de rayos X ni tomografías de los pacientes, y todo se realizó a distancia. Este es un enfoque bastante común, pero no puede considerarse óptimo, especialmente en un contexto como el actual en el que se desconoce gran parte del COVID 19. Para entendernos: el trabajo ganador en el Consejo de Estado realizado por Luigi Cavanna, Paola Varese y Alessandro Capucci, trató el mismo número de pacientes (350) y dio los mismos resultados sorprendentes: sólo un 5% de hospitalización. Todo ello mientras le dan seguimiento al paciente y lo tratan con sus respectivos equipos.

Así llegamos al tercer problema, el más grave. El estudio dice haberse realizado en pacientes sometidos a tratamiento temprano, pero cuando se va a ver la mediana de días para iniciar el tratamiento, se encuentra que es de 5.9 días, casi seis. Según los médicos, se trata de un periodo demasiado largo para que ese medicamento funcione correctamente. Casi una semana no puede ser un plazo que se considere precoz, ya que hemos visto que en una semana de ausencia de tratamiento mediante la conocida espera vigilante, la evolución clínica de la enfermedad del COVID 19 puede evolucionar pronto hacia complicaciones, que la mayoría de las veces requieren hospitalización. En pocas palabras: los tratamientos se iniciaron demasiado tarde de todos modos, por lo que es muy problemático afirmar que el estudio se basa en la intervención temprana.

En conclusión: tal vez alguien esperaba poder derribar el último obstáculo y demostrar así que la hidroxicloroquina no funciona ni siquiera en el tratamiento temprano de la enfermedad, pero las observaciones de quien en cambio ha curado y sigue curando con éxito, puestas sobre el papel en estudios basados en la evidencia nunca desmentida, siguen siendo el elemento más fuerte para apoyar la tesis de la hidroxicloroquina como fármaco anti COVID en las primeras fases de la enfermedad, es decir 3-5 días.

Este artículo podría ser un boomerang para los detractores del fármaco antimalárico y podría sumarse a los otros que ya se han hecho pasar por definitivos, pero, como hemos visto, fuera del objetivo y, por tanto, insuficientes para demostrar nada. 

Artículo por Andrea Zambrano, publicado originalmente bajo el título: “Clorochina, i medici smontano lo studio “negazionista”” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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