Pro Vida

Bebé en dos úteros: el dolor de quien nace así

Por Benedetta Frigerio (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón

            Dieciocho horas en el útero de una, continuando el embarazo en el útero de la otra. De esa manera, a una pareja de mujeres se le ha ofrecido la apariencia de un embarazo compartido. Otra frontera de la bioética, destruída. Pero ninguno escucha el dolor de los hijos privados de un padre, comprados con la donación de óvulos, criados por dos mujeres. Y sin embargo, los testimonios no faltan….

            Mientras cada vez más hijos de la fecundación in vitro gritan contra la injusticia de haber sido concebidos y mercantilizados para satisfacer el deseo de los adultos que los han producido, la industria inglesa de la fecundación artificial aplaude el progreso que avanza en detrimento de los más pequeños. 

            Una pareja de mujeres hace poco celebró el nacimiento del pequeño Otis, fecundado con el espermatozoide de un hombre y con el óvulo de una de las dos, pero llevado en el vientre de ambas. Así es: con el fin de complacer también el sueño, que nunca se va a realizar, de ser ambas las madres del bebé, la London Women’s Clinic implantó el embrión en el útero de una durante 18 horas, continuando el embarazo en el vientre de la segunda. Jasmine, 28 años, agradeció de esta manera: “El procedimiento realmente nos hizo sentir a Donna (30 años, ndr) y a mí como iguales durante todo el proceso y nos ha unido más sentimentalmente… si tuviéramos que repetir el proceso no cambiaríamos nada”. En fin, cada pretensión debe convertirse en una orden para los científicos que no se preocupan de las consecuencias que sus quimeras pueden tener sobre quien todavía no tiene la capacidad de defender sus propios derechos. Es más, como explicó Donna, “hay muchas parejas del mismo sexo en las cuales una persona hace todo sola, permanece encinta y da a luz, mientras que, de esta manera, estamos las dos involucradas al máximo… Esto ayudará a las personas en el futuro”.

            ¿Pero a qué personas ayudará? Bastaría utilizar un poco de sentido común para entender cuántos derechos del concebido son violados (privado de un padre, criado por dos mujeres, comprado por la donación de óvulos, querido para satisfacer un deseo de doble maternidad en contra de la naturaleza), y luego el dolor y los desequilibrios que tendrá este niño. Pero, puesto que nadie piensa ya en lo que signifique permitir que los pequeños sean fabricados en un laboratorio (embriones perdidos, embriones congelados, embriones descartados, embriones vendidos para la investigación, embriones sin un padre, embriones vendidos y comprados a otras parejas…), creyendo en la fábula de “cómo has sido querido”, como si el verbo “quiero” fuera sinónimo de amor, quizás puede ayudar a leer el grito de los concebidos in vitro con donación de gametos. Como en este caso (de hecho, Otis tiene un padre, aunque no se sabe quién es, mientras que su madre biológica, no obstante la imprudencia de laboratorio, es sólo una de las dos).

            Quien habló de ellas en The Federalist fue Katy Faust, criada con dos mujeres y, por esta razón, está en contra tanto de las uniones entre personas del mismo sexo como de la crianza de los niños de parte de estas. Faust aclara antes de nada que “cuando los bebés son hechos en un laboratorio, se toma en consideración solamente lo que los adultos quieren, y no los derechos o las exigencias de los niños. Por lo tanto, el ‘éxito’ se mide por el hecho de que los adultos estén felices o tristes, independientemente del hecho de que los bebés vuelvan a casa con sus padres biológicos”. Y en efecto, es al menos hipócrita que Donna haya declarado a The Telegraph que “Jasmine dice que él (Otis, ndr) será astronauta, pero puede ser lo que quiera, lo vamos a apoyar en lo que él quiera”. Al menos mientras eso no vaya en contra de la voluntad de las dos mujeres que, de hecho, no se preguntaron si el bebé quería crecer o no con un padre.

            Jessika Kern, hoy adulta, concebida en un laboratorio a través del esperma de un anónimo, explica que “no estaría soprendida si un niño (concebido con heteróloga, ndr) se sintiera mercantilizado cuando alcance la edad para entenderlo”. También Alana Newman, hija de la donación de gametos, aclaró que, teniendo que serle agradecido a quien lo produjo, un “niño podría facilmente sentirse como si no se le hubiese permitido sacar su proprio dolor y sufrimientos con relación a su concepción”. De hecho, es claro que quien nace naturalmente sabe que, si sus padres se abrieron a la vida, no es por su directa voluntad que fueron concebidos, viniendo al mundo en un momento no determinado por ellos y a través de una selección no humana de miles de espermatozoides. Sabiendo, por lo tanto, que no son el producto de la sola voluntad de sus padres, sino de ser querido por otro (llámalo Dios o casualidad), lo cual libera al hijo del pensamiento de tener que sentirse eternamente agradecido con los padres.

            Por eso, continuó Gregory Loy, estos niños son chantajeados porque “crecen sin enlaces con sus padres biológicos”, por lo cual “deberían sencillamente quedarse quietos y sentirse bien porque ‘alguien’ los quería, aunque junto con esta afirmación, deben digerir la idea de que otras personas, sus verdaderos padres, no los querían”. Elly añadió que “como persona concebida por un donante, tengo dificultades para hacerle frente al hecho de que mi padre biológico me haya dado vida, porque me parece un abandono… y todavía tengo aún más problemas para reconciliarme con el hecho de que él pensara que entregarme haya sido algo lindo”.

            Las historias de estas personas son descritas de manera dramática en el sitio web Them Before Us. Jay, de 15 años, contó aquí el drama de haber sido concebido con la donación de esperma y criado por su madre y su pareja lésbica, exactamente como va a sucederle a Otis: “Tengo dos madres lesbianas y muy probablemente un hermano menor homosexual que odio. Todo lo que hacen es hablar de la comunidad LGTBQ, lo que me enfurece… Amo a mis abuelos; son más como si fueran mis padres, pero no es como para todos los demás. Estoy tan celoso de que mis amigos tengan una vida perfecta… quisiera solamente poder conocer a mi padre y hacer desaparecer la depresión que tengo todos los días”.

            Pero, como sabemos, en lugar de informar estas palabras incómodas, los grandes periódicos prefieren celebrar con muchas fotos (que solo para los ojos adictos a la ideología no parecen violentas) dos mujeres sonrientes que sostienen a un bebé recién nacido privado deliberadamente de la figura de su padre.

Artículo por Benedetta Frigerio, publicado originalmente bajo el título: “Bimbo in due uteri: il dolore di chi nasce così,” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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