Ley y Política

Madre Presionada por su Médico para Abortar Pide al Senado Aprobar PS 950

Nota de Fieles a la Verdad: Felicitamos a Carla por compartir su hermoso testimonio y, sobre todo, por decir sí a la vida y no ceder a las presiones de su médico.

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Carla Colón con su precioso bebé Nicolás Xavier. -Foto suministrada

Carla Colón es una madre puertorriqueña que, en representación de las madres de niños con condiciones congénitas, envió su ponencia a favor del P. del S. 950 (“Ley para la Protección de la Mujer y la Preservación de la Vida”). La Sra. Colón destaca que “en Puerto Rico existe una realidad de presiones externas” “contra la mujer gestante, tiempo en el cual es más vulnerable, muchas veces cuando tiene una situación de crisis que aumenta su vulnerabilidad. […] Con el fin de exponer esta presión y discriminación que existe y del cual el Proyecto del Senado 950 nos puede proteger, les comparto mi experiencia concreta de presión médica luego de un diagnóstico fatal a pesar de mis claras expresiones de elección de vida y peticiones de respeto a mi hijo.”

Carla cuenta que “En febrero del 2016 tenía 20 semanas de gestación con un varón. Se ordenaron pruebas rutinarias incluyendo sonograma rutinario el cual dio marcadores de preocupación. Mi obstetra ordenó una repetición en Centro Médico a las 22 semanas que dio los mismos marcadores. Desde ese punto me habló de las posibles condiciones y preguntó qué haría.” Carla dice que le dejó claro al doctor su “deseo de tener a su hijo, Nicolás Xavier, sin importar su condición.”

Luego de un sonograma cerca de las 26 semanas de gestación, un perinatólogo le dijo a Carla y a su esposo que su “hijo, Nicolás, tenía una condición ‘no compatible con la vida’ fuera de [su] útero.” “Es un momento que te saca el aire, te deja helado y casi desplomas del golpe al corazón. […] El diagnóstico Achondrogenesis, condición rara que afecta aproximadamente 1 en cada 50,000 embarazos. A pesar de tener más de 24 semanas [el doctor] me comenzó a hablar de la posibilidad de terminar con el embarazo lo cual rechacé antes de que él terminara su discurso. Me explicó era obligado por ley a ofrecerlo y continuó hablando de esa opción al final del cual yo repetí mi deseo de continuar con mi hijo, Nicolás, vivo hasta la determinación natural de su vida. Desde ese punto visité mi obstetra y los obstetras del Centro Médico semanalmente para monitoreos frecuentes. Al volver a mi obstetra, aún ya habiendo expresado mi elección de dejar a Nicolás vivir su vida a totalidad, él me reprocha mi decisión y continúa a tratar de convencerme de abortar con ideas falsas de riesgos inexistentes a mi salud. En todo momento de mi embarazo, mi presión, signos vitales y pruebas rutinarias se encontraron bien. La condición de mi hijo jamás afectó mi salud física de manera negativa. Mi hijo, Nicolás, tampoco tuvo indicios de estrés o problemas con sus signos vitales durante sus 36 semanas en el vientre. Cada verificación de latidos mostraba un corazón latente fuerte.”

Carla cuenta que ella estaba “en paz con [su] decisión” de tener a su hijo, pero su salud emocional “fue agravada por el trato de presión recibido en las visitas bisemanal con el obstetra.” Ese obstetra, afirma la madre, le “faltó el respeto a mi decisión de diversas maneras. Busqué ayuda de Prenatal Partners for Life, organización estadounidense para mujeres en situaciones como la mía. Con la ayuda de ellos desarrollé un plan de cuidado prenatal y parto donde expresaba mis deseos durante este difícil proceso para vivirlo en paz, amor, respeto y la mayor alegría posible. Mi obstetra ni lo leyó, cuando se lo entregué procedió a decirme que no iba a garantizar nada, aún sin saber cuáles eran mis peticiones.”

Carla le pidió a su obstetra que llamara a su hijo “por su nombre, Nicolás Xavier, y no ‘producto’ como hacía y continuó haciendo, muy a pesar de nuestra petición.” “Como no hizo caso a mis peticiones escritas le hablé de algunas peticiones de fotografías, recuerdos y bautismo con presencia de sacerdote que deseábamos para hacer nuestro tiempo tan limitado con nuestro hijo especial, su respuesta fue que si no lo permitía el hospital no ayudaría y no abogó por nosotros. Siempre tuvo palabras para criticar mi decisión de Vida; inclusive en un acto misógino, intentó presionar para cambiar mi decisión, cuestionando a mi esposo si él estaba de acuerdo con mi decisión. De acuerdo a los que apoyan el aborto no se supone sea mi decisión excepto cuando es por la Vida. Gracias a Dios siempre conté con al apoyo de mi esposo y su amor por nuestro hijo, Nicolás. Tuve que ir varias veces directamente a la administración de Centro Médico para lograr una cita con el Director y hacer valer mis deseos para recordar a mi hijo. El deseo de ese médico a presionar para un aborto, terminar con mi embarazo, causó que me hiciera el sufrimiento de perder a mi hijo más doloroso y el tiempo que lo tuvimos con nosotros más difícil.”

Carla resalta que ella no es la única. Muchas “madres de niños diagnosticados con condiciones congénitas viven esta presión y trato. Toda esta presión ocurrió a pesar de tener más de 26 semanas al momento de diagnóstico, a pesar de ser mi decisión, a pesar de que mi vida como tal no estaba en riesgo. Yo pude resistir tal presión porque Gracias a Dios amaba a mi hijo, tengo Fe, amor por la Vida, contaba con el apoyo de mi esposo, mis hijos, mis amistades y mi Iglesia. Reconozco que no todas las mujeres cuentan con estos recursos para resistir semejantes presiones y que la decisión sea realmente de ella. Contando con todo eso y sentía terror ante cada visita médica y luego mucho sufrimiento al vivir sus faltas de respeto a mi hijo y mi decisión. Me imagino cómo [se] sentiría quien pasa por esto totalmente sola sin apoyo, sin recursos, en medio de la preocupación y dolor del diagnóstico u otra situación de crisis. Cuánto daño emocional y físico les causa tomar una decisión tan seria en una situación así y sintiéndose presionada.”

Por tal razón pedimos aprueban el proyecto 950 que incluye en su Artículo 5. Notificación y Advertencia de Derechos un Aviso de que no pueden ser obligadas o presionadas a tomar una decisión de abortar. Esto ayudaría a esas Madres que viven esta presión, por parte de cualquier externo, a reconocer su derecho y atreverse a buscar ayuda antes de tomar una decisión presionada, de la cual hay más probabilidad de arrepentirse y sufrir depresión post abortiva.”

Carla también destaca que los niños “con condiciones congénitas son altamente discriminados. La presión para abortarlos es mayor que en otros embarazos. En tiempos cuando la discriminación es típicamente desfavorecida, para niños con condiciones congénitas en vientre es lo opuesto. Su trato como si no fuera merecedor del mismo amor que cualquier otro hijo o niño. Como si repentinamente al ser diagnosticado cambia su valor. Cómo una sociedad que pone medidas para proteger un águila, un coquí o un árbol nativo permite el aborto sin regulación de los niños antes de nacer por su físico, condición o simplemente por cómo nos sentimos hacia él o ella. Esta injusticia se puede eliminar aprobando el Proyecto 950 cuyo Artículo 8 prohíbe el aborto por elegir el sexo o por anomalías genéticas. Mostremos cómo realmente somos tolerantes e inclusivos eliminando esta posibilidad de discriminación en esta industria.”

Carla afirma que ha conocido el testimonio de muchas madres que “han recibido diagnósticos prenatales desde casos de anomalías funcionales a letales.” “Algunas madres optan por la Vida y dejar la naturaleza tomar su curso. En estos casos algunos sufren la muerte diagnosticada como mi hijo, pero otros llegan a superar las expectativas o resultan ser la excepción de lo diagnosticado, pero ninguna se arrepiente de decidir por la vida. Otras han escogido el aborto en ocasiones por la presión del médico a quien no se atreven a contradecir. Cuando han sido presionadas hacia una decisión de aborto esto les agrava el luto y se cuestionan su decisión, el arrepentimiento y victimización suman a su dolor. Son testimonios desgarradores. Es duro perder un hijo, verlo morir, pero sentirse presionado a hacerlo y descubrir que pudo ser diferente es peor.

Tengo la paz de saber que no hice nada para causar la muerte de mi hijo, fue lo que tocaba, de poderlo despedir en amor, enterrarlo y tener recuerdos y sepulcro para visitar. Las que son presionadas a abortar no tienen eso. No se los dan, no los despiden en tranquilidad, no tienen recuerdos, no los entierran y su luto peor.”

Carla finaliza su ponencia pidiéndole a los senadores que “No dejen pasar esta oportunidad de proteger a las mujeres y nuestro futuro. Para que no llegue el día que se tengan que arrepentir porque no tengamos quien trabaje, no nos queden niños para reemplazar la población envejeciente, no tengamos productividad para sustentar nuestra Isla y estemos próximos a la extinción de los puertorriqueños. Nosotras las mujeres madres de niños con condiciones congénitas les exhortamos tomen una decisión a favor del Proyecto del Senado 950.”

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