El Aborto, el Pastor y las Ovejas

Más de 720,000 personas. Éste es el saldo de vidas cobradas por el aborto en nuestro País desde la funesta decisión del Tribunal Supremo federal en Roe vs Wade (1973). Casi un millón de corazones para amar y mentes para descubrir y crear. Además de esas vidas tronchadas, están las vidas de mujeres que hoy sufren la devastación física y sicológica del aborto, de los padres, los abuelos… Esas mujeres, muchas por ignorancia o bajo presión, sucumbieron ante las mentiras de los promotores del aborto—el feminismo radical, los defensores de los “derechos reproductivos,” la industria abortista, la prensa aliada—que, como el proverbial lobo, son ladrón que hurta, mata, y destruye las ovejas (Juan 10:10).
Son muchas las ovejas. Son muchas las ovejas a las que se les ha privado nacer. Son muchas las ovejas en peligro, confundidas, hambrientas de la verdad que las haría realmente libres. Son muchas las ovejas heridas, desoladas.
El Proyecto del Senado 950 (P. del S. 950), “Ley para la protección de la mujer y la preservación de la vida” protege a la mujer y al bebé por nacer. Esta valiente iniciativa llena un vacío alarmante en nuestro estado de derecho, uno de los más laxos con respecto al aborto. Protege el consentimiento libre e informado, y limita el deterioro social que desata el aborto. Es una medida de avanzada que, dentro del marco constitucional, reivindica los derechos de la mujer, de los discapacitados, de los padres y tutores, de menores y niños por nacer.
Sin embargo, los promotores del aborto se oponen férreamente al P. del S. 950. Se hacen llamar “pro-mujer” y “pro-derechos humanos,” pero se oponen a una medida que protege los derechos básicos de la mujer y otras partes involucradas. Nos llaman “fanáticos religiosos,” pero descartan la ciencia que comprueba que el bebé es un ser humano distinto, único y completo desde el instante de la concepción. Te dicen que el no nacido es sólo un “puñado de células,” pero se oponen a que se dé a la mujer embarazada la oportunidad de ver a su bebé mediante equipo ultrasonido. ¿Será porque temen que más madres conozcan la verdad, cuando vean no solo un “tejido” o “cúmulo de células” sino a su hermoso bebé?
Los promotores del aborto anteponen su agenda de la Cultura de la Muerte a la protección de los verdaderos derechos humanos. Te dicen que el aborto es un “procedimiento seguro,” pero se oponen al P. del S. 950, que requeriría dar información necesaria para la mujer. Te dicen que el aborto es un asunto de “libertad de la mujer,” pero se oponen a que a ésta se le oriente sobre sus opciones y disponga de tiempo para la reflexión sobre una decisión que marcará su vida y la de muchos otros. Te dicen defender la salud de la mujer, pero se oponen a que haya estándares mínimos de seguridad en las “clínicas” de aborto y en casos de emergencias. Te dicen defender los derechos humanos, pero menosprecian el dolor que siente el no nacido ya a partir de las veinte semanas de concebido, o que se le aborte simplemente por anomalías genéticas o su sexo, o que se hagan abortos a menores sin el consentimiento de sus padres o tutores. Se oponen incluso a que se salven a bebés que sobreviven el “procedimiento” del aborto.
Ministros, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, directores espirituales: No abandonen a las ovejas. No abandonen al no nacido indefenso ni a la mujer desesperada. Guíen y alimenten a las ovejas (Juan 21:15-17). No actúen como el asalariado que “ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas” (Juan 10:12), sino como el verdadero y buen pastor.
El aborto hurta, mata, y destruye las ovejas. Apoyar el P. del S. 950 no es partidismo político, sino defender la verdad y la vida humana. Es aprovechar la única, y tal vez última, oportunidad para controlar la devastación del rebaño a manos del ladrón. Es tomar valientemente el cayado. Es pastorear, cuidar y salvar a las ovejas.
Notas:
Para más información sobre el P. del S. 950:



