Maternidad subrogada: tráfico de bebés y mujeres

Por Caterina Giojelli (Tempi). Traducido por Luis Rivera Colón
El tenor cantando el himno argentino y español, las parejas de pie con la mano en el corazón, las cámaras, los flashes, los globos. Luego, una por una, las enfermeras habían desfilado con los bebés en sus brazos en medio de los aplausos, entregándolos a sus respectivos padres-clientes. Los pequeños, inmóviles, con los ojos todavía cerrados, dejados en los brazos de perfectos desconocidos con máscaras, fueron besados en las mejillas, fotografiados, puestos en selfies, mientras que los adultos con sus preciosos paquetes en las manos, alguien al lado de los niños mayores, respondieron a las preguntas de los periodistas. Así, en el Hotel Venezia de Kiev, se emitió la secuela del vídeo emitido en mayo por Biotexcom. Una verdadera ceremonia de “entrega de niños” como copas, medallas y honores al mérito.
LA CEREMONIA DEL “FINAL FELIZ”
Para Andreo Díez, el “final feliz” había llegado por fin: a principios de junio, junto con su marido Ferdinando Montero y otras ocho parejas argentinas, había obtenido la autorización del gobierno para volar a Kiev y recuperar los niños encargados a las madres de alquiler a sueldo de la clínica ucraniana Biotexcom. Y como en las películas, algunos de esos 46 recién nacidos (ahora 125) exhibidos en cunas transparentes que brillan a la luz de las lamparas en la recepción del hotel Venezia, se reunían con los padres de Argentina y España que no pudieron recogerlos al nacer debido al lockdown.
BEBÉS, BESOS, SELFIES Y CONEXIONES MÁGICAS
Recién nacidos como Ignacio, que en el video publicado por Biotexcom, Díez abrazó y besó entre las tomas de los fotógrafos invitados a la ceremonia mediática. Independientemente de la forma en que vinieron al mundo, lo importante era destacar con la fuerza de las nuevas imágenes la tenacidad de los padres argentinos-intencionales, que gracias a la ayuda de un ejecutivo empresarial, Ricardo Fernández Núñez, que les había proporcionado un avión, habían llegado a Kiev, cumpliendo con todas las normas sanitarias e higiénicas, habían permanecido en cuarentena durante diez días y sólo después de haber dado negativo en Covid-19 pudieron acudir rápidamente al hotel Venezia. El Buenos Aires Times nos dice que mirando a Ignacio a los ojos Díez sintió una “conexión instantánea, un amor que nunca había sentido antes: encantado con los nueve años que pasó intentando tener un hijo y el terror de Covid-19 había desaparecido, “ahora podemos hacer planes para el futuro. Es una cosa mágica”.
RETIRAR LA ORDEN EN UCRANIA
A mediados de junio, 31 parejas ya habían retirado a su bebé, y se esperaban otras 88 de China, los Estados Unidos, la Argentina, Italia, España, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bulgaria, Rumania, Austria, México y Portugal en Ucrania, donde el coronavirus ha obstruido un mecanismo probado: no existen estadísticas oficiales pero los expertos aseguran que hasta tres mil padres extranjeros salen del país cada año con un nuevo niño en sus brazos. Un mercado de niños que, como todas las formas de negocios y comercio, tiene sus propios problemas de reglas, abuso, corrupción. Sin embargo, lo que las imágenes y la magia de una mirada interceptada por las cámaras y bien empaquetada en el canal de Youtube de Biotexcom no dice, mencionó The Guardian.
LIUDMYLA ESPERA EL “SALDO” DE UNA BEBÉ
No se dice que el hotel Venezia en las afueras de Kiev, está protegido por muros externos y alambre de púas. Que en un país que carece de dinero, donde el salario medio ha pasado de unos 100 euros en 2014 a los 330 actuales, las mujeres más pobres, sobre todo en las zonas rurales, hacen cola para llevar a cabo un embarazo por cuenta ajena y se embolsan en nueve meses unos tres años de salario: once mil euros de un paquete de gestación subrogada que cuesta no menos de 27 mil euros. Siempre que se logre conseguir la cantidad acordada: Liudmyla, que vive en Vinnytsia, todavía está esperando el balance de un bebé entregado a una pareja alemana en febrero. Trabaja en una clínica que compite con Biotexcom, recibió la transferencia de embriones en Kiev y, según lo ordenado por los clientes, dio a luz en Polonia -donde la maternidad subrogada está prohibida- para que la niña pudiera ser registrada allí. Aceptó llevar a cabo dos embarazos por cuenta de un tercero para poder permitirse un apartamento para ella y sus tres hijos, el primero de ellos en cuidados intensivos: pero la incesante publicidad de clínicas y agencias que aún hoy en día prometen dinero fácil en el transporte público, los periódicos y las redes sociales la habían convencido de volver a encarrilarse. Ahora sólo ha recibido la mitad de su compensación.
TETIANA, CUATRO EMBRIONES, UNA SOLA ORDEN
Tetiana Shulzhynska trata en cambio de disuadir a mujeres como Liudmyla: durante años ha estado siguiendo y escribiendo a grupos de promoción de madres de alquiler, diciéndoles a las mujeres que el sueño dorado del útero alquilado pronto se convertirá en una pesadilla para quienes creen en él. “Sólo protegen a los hijos de los clientes, no se preocupan por nosotras”. Tetiana vive en Chernihiv, y en 2013 necesitaba desesperadamente dinero para ella, para sus dos hijos y para pagar sus deudas con el banco: Biotexcom incluso tuvo que pagarle su boleto a Kiev. Aquí se puso a trabajar como portadora de una pareja italiana e inmediatamente chocó con lo que las cámaras no dicen y nunca dirán: después de las transferencias, cuatro embriones habían empezado a vivir en el vientre de Tetiana. Sin embargo, la pareja había pedido uno, y solo uno se llevaría a casa: la clínica extirpó quirúrgicamente [abortó] los embriones sobrantes.
EL CÁNCER Y LAS INVESTIGACIONES
En mayo de 2014 Tetiana dio a luz a una niña a cambio de nueve mil euros. Siete meses después volvió al hospital con un fuerte dolor abdominal: el diagnóstico fue cáncer de cuello uterino. A la mujer le llevó un año recaudar fondos para someterse a una cirugía y salvar su vida. Demasiado tarde, el cáncer ya se había extendido: los médicos, explicaron hoy, tendrán que amputarle la pierna. Según la mujer, que en 2015 informó de Biotexcom por daños a la salud, el cáncer y los tratamientos de subrogación están vinculados. No tiene pruebas, pero no es la única que ha llevado a la justicia iniciando investigaciones contra la clínica: otras tres madres de alquiler se sometieron a histerectomías inmediatamente después de dar a luz.
INTERCAMBIOS DE EMBRIONES E HIJOS RECHAZADOS
Estas no son las únicas investigaciones abiertas: en 2016 Biotexcom es acusada de tráfico de personas. Una pareja italiana va a los tribunales cuando descubre que los niños traídos a casa desde Ucrania no están genéticamente relacionados con ellos. Los bebés, nacidos en 2011, fueron dados en adopción. En al menos otros tres casos, los padres intencionales repudiaron a los hijos comisionados cuando descubrieron que tenían problemas de salud. Bridget, “hija” de una pareja estadounidense, nació en 2016 y ahora vive en un orfanato en Zaporizia, Ucrania oriental. […]
LAS SUBROGADAS DEVASTADAS POR DOLORES Y HORMONAS
A quejarse de ser “tratadas como una propiedad” son las mismas subrogadas: la ONG Strength of Mothers cuenta que las mujeres son obligadas por contrato a continuar con los implantes de embriones durante un año entero antes de que logren quedar embarazadas, los abogados de La Strada Ucrania dicen que reciben alrededor de cien llamadas telefónicas al año de madres devastadas por la venta de sus bebés o por las hormonas tomadas por toneladas para mejorar las posibilidades de quedar embarazadas. Algunas incluso han intentado escapar, tratando de esconderse con el niño para no separarse de él. Alguien más adoptó el bebé rechazado por los clientes en el último momento porque era “defectuoso”.
AL MENOS PIENSEN EN BRIDGET
No se habla de todas estas cosas; los negocios son una bendición para el país. Piénselo quien invoca una mayor protección y un marco legal para regularizar la práctica: ninguna ley que convierta el derecho en un grotesco instrumento de abuso por parte de quienes tienen la cartera llena podrá endulzar las distorsiones de un mercado construido sobre la barbarie del vientre de alquiler, el deseo del cliente, la necesidad de la madre de alquiler, el niño presentado como una medalla de mérito en la recepción de un hotel protegido por una alambrada de púas. Piensen en aquellos que no terminarán en Youtube o en un post de Instagram hablando de “magia y amor”, piensen en Tetiana con su pierna amputada y la pequeña Bridget, nacida de una mujer de las zonas devastadas por la guerra cerca de Donetsk, llena de discapacidades y abandonada por clientes americanos. ¿Es este realmente el precio a pagar para pretender hacer aceptable una práctica basada en la miseria del contrato de la maternidad subrogada?
Artículo por Caterina Giojelli, publicado originalmente bajo el título: “Come scintilla lo squallido mercato dei figli” en el sitio web Tempi. Traducido por Luis Rivera Colón.



