El Secuestro de la Educación Pública

“Los criterios de selección del material curricular no se deben basar en las creencias de personas o grupos particulares.” Así habló una conocida feminista de nuestro País sobre el retiro del libro Nuestra sexualidad del sistema de educación pública. Paradójicamente, ella representa uno de los grupos de interés que se ha empeñado en adelantar sus creencias particulares, al margen de los valores fundamentales y principios universales, en nuestras escuelas públicas. <
Ante las denuncias que suscitó el polémico libro que algunos describieron como “pornográfico” o, como menos, innecesario y mal empleo de los ya escasos recursos, el Secretario de Educación decidió retirarlo. El Departamento había invertido alrededor de $50,000 en la compra del texto, que habría sido la base para la “educación sexual” para jóvenes desde séptimo grado hasta escuela superior.
Precisamente porque la educación no debe estar en manos de personas o grupos particulares es que nos hemos opuesto al P. del S. 484 (que impondría la perspectiva de género en nuestras escuelas) y al P. de la C. 1032 (que impondría un Plan Decenal). Ambas medidas abren las puertas de los salones de clase a activistas de ideologías contrarias al bienestar de nuestros niños y nuestra sociedad. Ambas abren las puertas a que se introduzcan de otras maneras y bajo otros pretextos los mismos mensajes de este nefasto libro: la perspectiva de género, la “educación sexual” como libertinaje y experimentación con cualquier manifestación de la sexualidad humana (independientemente de la ley natural y consideraciones de salud), la legitimación de los llamados “derechos” reproductivos (como el aborto), y el consiguiente desafío a los valores de la familia natural, sobre los que el bienestar y el progreso social se basan.
El P. del S. 533, aprobado en el Senado este 10 de febrero, representa la más reciente amenaza. Ahora en la Cámara de Representantes, dicho Proyecto añadiría un inciso a la Ley Orgánica del Departamento de Educación de Puerto Rico para “crear un programa para la enseñanza de derechos humanos, civiles y constitucionales; que forme parte del currículo una (1) vez por semana por término de un (1) semestre en el nivel superior de las escuelas públicas del País; y sea incluido como requisito de graduación a los estudiantes de escuela superior.” Para ello, “el Secretario de Educación podrá recibir cooperación y asesoramiento voluntario, pro bono o remunerado de entidades como el Colegio de Abogados de Puerto Rico, la Asociación de Abogados de Puerto Rico, el “Federal Bar Association”, la Comisión de Derechos Civiles, Amnistía Internacional, las Facultades de Derecho de Puerto Rico, el Departamento de Justicia, así como de otras entidades o personas capacitadas para colaborar con la implantación y ejecución del plan para la enseñanza de los derechos humanos, civiles y constitucionales ordenado por esta Ley” (P. del S. 533, pág. 3). ¿No son varias de estas organizaciones las que se han expresado pública y repetidamente a favor de los alegados “derechos” reproductivos y del “matrimonio” entre personas del mismo sexo? ¿Serán ellas y otras similares las que establecerán, a partir de sus propias ideologías (por ejemplo, la perspectiva de género, un laicismo antirreligioso, etc.), qué “otras entidades o personas están capacitadas” y cómo participarán? ¿No es éste otro secuestro de la educación por aquellos que redefinen los “derechos” según sus agendas particulares?
Por otro lado, es triste ver cómo muchos estudiantes llegan a la universidad sin saber construir oraciones coherentes en inglés (y, frecuentemente, tampoco en español), sumar sin usar una calculadora, o localizar a España en un mapa. No han escuchado de la Segunda Guerra Mundial ni de la Muralla de Berlín, ni pueden articular la distinción entre una democracia y una dictadura.
Un plan que refuerce la educación en las competencias básicas de los estudiantes (leer, escribir, las artes, la historia, las ciencias naturales, las matemáticas, etc.) cuenta con todo nuestro apoyo. De igual forma, cualquier iniciativa que fortalezca la preparación y el sitial que los maestros merecen en cualquier sociedad. Asimismo apoyamos iniciativas que les provean unas condiciones de trabajo dignas, lo cual incluye un retiro justo.
El retiro del nefasto libro es una buena noticia. Sin embargo, no nos engañemos. Ahora mismo en la Legislatura se discuten medidas que persiguen las mismas agendas de dicho texto. No nos refugiemos bajo la sombrilla de nuestros miedos u optimismos ingenuos. Reclamemos lo que es necesario. En estos enlaces encontrarás los correos electrónicos de nuestros Senadores y los Representantes. Escríbeles o, si lo prefieres, envíales éste u otro(s) de los artículos que hemos publicado en nuestra página sobre estos temas. La educación de nuestros niños, nuestra esperanza y futuro, no merece menos.
Notas Adicionales



