¿Prensa o Circo Romano?


Mucho del periodismo escrito, radial y televisivo de nuestro País tiene visos de circo romano. En otras ocasiones hemos comentado sobre la prensa escrita del País. Veamos ahora un ejemplo de la televisión local.
En un programa televisivo reciente se “debatió” el tema de la implantación de la perspectiva de género en las escuelas de nuestro País. Comenzó con un sondeo de varios “televidentes” para determinar qué pensaban sobre el asunto. Todos, ¡sorpresa!, se manifestaron a favor. Una persona mostró reservas, pero solo en cuanto a la edad en que los niños tendrían acceso al tema; otra aclaró que dicha perspectiva podría “abrir” la mente de personas “cerradas.” Sería demasiado exigir un sondeo científico en este tipo de programa, pero ¿nadie cuestionó el asunto? ¿No parecería una “muestra” sesgada? A renglón seguido, el conocido periodista enmarcó el asunto de la siguiente forma: “Argumentando que se erradicaría el machismo y la homofobia en el País, varios grupos se han expresado a favor de que el gobierno ponga en vigor lo que se conoce como la perspectiva de género en las escuelas, mientras otras organizaciones en contra han logrado que el Departamento de Educación retire hasta libros de texto.” (¡Como si los cristianos dominaran el gobierno!) Presentó entonces a las dos invitadas: una atea, que defendería dicha perspectiva, y una cristiana. En esta presentación inicial, equivocó el apellido de la abogada cristiana que criticaría la implantación de la perspectiva de género. ¡!¿?
Tal preámbulo vicia la discusión “a la soltá.” Luego, se interrumpe, o se permite interrumpir, a la invitada cristiana, en especial cuando está a punto de plantear el argumento más contundente. La sonrisita escéptica, burlona, o cínica de la persona que asume la postura contraria no puede faltar. En el momento culminante, el periodista salpica la “entrevista” con una “anécdota personal” que lo “atormenta” y que, por supuesto, anuncia y narra con dramatismo in crescendo. La anécdota tiene el propósito de dramatizar que hay “homofobia” e, implícitamente, que hay que tomar cartas en el asunto (¡como si la implantación de la perspectiva de género fuera el medio para lidiar con algún asunto, en vez de desatar más y peores males!). Apelan a la emoción para nublar la razón.
[Por otro lado, le exhortamos al popular periodista que entreviste a cualquier estudiante cristiano. A diario, éstos son objeto de burla y represión en clases tanto de nivel universitario, como superior, y aun elemental. Tan es así que muchos optan por guardar silencio para no exponerse al escarnio de maestros y colegas. Le exhortamos al periodista a que, por lo menos, se asome a una de tantas clases de humanidades o ciencias sociales de la IUPI, y presencie quiénes se ven presionados a permanecer callados.]
Esas sonrisitas sarcásticas y tretas retóricas, típicas de programas similares, tratan de desestabilizar al deponente “conservador,” a restarle credibilidad, a posicionarlo como “tonto,” “fanático,” o “fundamentalista.” Por otro lado, a aquéllos que defienden las ideologías y propuestas del día — la perspectiva de género, el llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo, la legalidad de la marihuana, etc. — se les trata con guantes de seda. Con solo repetir los estribillos de la “igualdad,” “opción,” o “lo moderno” se les canta airosos en la contienda. Sin embargo, esas sonrisitas y tretas retóricas realmente tratan de ocultar la ausencia de argumentos y evidencias.
Tanto nos han bombardeado con esas armas retóricas, y con ese tono sarcástico, que a veces no los reconocemos. Nos han adormecido la perspicacia. Nos han astillado el detector de sandeces, de falacias, y de engaños.
Dichos circos mediáticos intentan proyectarnos como agentes de odios y prejuicios, mientras sus programas se prestan para el atropello verbal y el discrimen contra los “tradicionalistas” y los cristianos. Por el contrario, porque defendemos la dignidad humana, y los derechos básicos que emanan de ésta, es que rechazamos toda ideología y propuesta que la socave. Por esto, rechazamos cualquier tipo de discrimen que esté basado en el odio y el prejuicio hacia las personas. Sin embargo, no todo lo que hoy llaman “derecho” realmente lo es. No todo gusto, preferencia, o conducta es un derecho. No todo lo nuevo o moderno es necesariamente correcto o mejor. Si dichas modas u “opciones” minan la integridad personal y cultural, no merecen aprobación social ni legal, sino repudio. Contradecir la ley natural no es un derecho, sino que corroe y empobrece a la propia persona y a la sociedad.
A esos hombres y mujeres valientes que, por proclamar la verdad, están dispuestos a someterse al insolente trato del circo mediático: nuestro reconocimiento. A esos periodistas de televisión, radio y prensa escrita: más imparcialidad, más contenido y, por favor, más respeto.



