Religión y Filosofía

Recordando el increíble legado del Papa Benedicto XVI sobre la defensa de la vida

Benedicto XVI hizo de la promoción de la vida y de la lucha contra el ‘flagelo’ del aborto el centro de su papado.

Artículo por Raymond Wolfe (LifeSiteNews). Traducido por Luis Rivera Colón.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI, la Iglesia Católica ha perdido (en la Tierra) a uno de los más grandes defensores pro-vida en su historia.

Un teólogo de renombre conocido por luchar contra el relativismo y la trivialización de la liturgia, Benedicto también deja un enorme legado de promoción de la vida.

 A partir de sus escritos y discursos clave, intervenciones políticas e interacciones con líderes mundiales, hizo de la causa de la vida un tema definitorio de su papado. Con la excepción quizás del Papa San Juan Pablo II, cuyos esfuerzos provida Benedicto XVI continuó y amplió, pocos pueden igualar su récord.

Benedicto XVI: Papa de la vida

Desde el comienzo de su pontificado, el Papa Benedicto XVI utilizó su papel como Papa para enfatizar el derecho a la vida y combatir la ”plaga” del aborto. 

En su primer libro publicado después de su elección papal, Benedicto duplicó la postura provida de la Iglesia y enfatizó que ”no existen los ‘pequeños asesinatos”’. 

Mientras realizaba sus primeros bautismos como Papa, aprovechó para arremeter contra la “cultura de la muerte” y la sexualidad “irresponsable” que conduce a ella. 

“En lo que se refiere al derecho a la vida, debemos denunciar su violación generalizada en nuestra sociedad”, dijo Benedicto XVI en su mensaje de 2007 para la Jornada Mundial de la Paz, evento que utilizó típicamente para promover la defensa de la vida.

“¿Cómo puede ser que el espacio humano más maravilloso y sagrado, el vientre, se haya convertido en un lugar de violencia indescriptible?”, lamentó en la Jornada Mundial de la Juventud al año siguiente.

El respeto a la vida figuraba regularmente en sus intenciones de oración mensuales y animaba sus viajes al extranjero.

Comenzó su primera visita papal a América Latina respaldando la excomunión de los políticos pro-aborto, y durante un poderoso discurso en Austria, instó a los líderes políticos a “no permitir que los niños sean considerados como una forma de enfermedad”. 

En su encíclica Caritas in Veritate, Benedicto condenó apasionadamente el aborto como un “flagelo trágico y generalizado”, vinculándolo con la “programación eugenésica sistemática de nacimientos” y “una mentalidad a favor de la eutanasia” que considera que ciertas vidas “ya no valen la pena”. Entregó una copia de la encíclica y las directrices del Vaticano contra la investigación embrionaria y la anticoncepción a Barack Obama durante su primera reunión.

A través de sus discursos y enseñanzas, el Papa Benedicto XVI identificó notablemente el derecho a la vida como un valor “no negociable”, a menudo junto con la protección del matrimonio y los derechos de los padres y de conciencia.

“En lo que se refiere a la Iglesia Católica, el eje principal de sus intervenciones en el ámbito público es la protección y promoción de la dignidad de la persona”, dijo a los miembros del Partido Popular Europeo en 2006, destacando, en primer lugar, “la protección de la vida en todas sus etapas”.

Animando a los provida, promoviendo la vida en la política

Benedicto XVI demostró ser un gran amigo de los provida y un líder crucial del movimiento provida internacional en sus años como Papa.

Apoyó públicamente a grupos provida y marchas por la vida en todo el mundo, incluidos Estados Unidos, Francia, Italia y Bélgica.

”¡Cuántas vidas humanas han salvado ustedes de la muerte!”, dijo al Movimiento por la Vida de Italia en 2008. ”Continúen por este camino y no tengáis miedo, para que la sonrisa de la vida triunfe en los labios de todos los niños y de sus madres”.

En 2010, organizó una vigilia de oración por la vida sin precedentes en la Basílica de San Pedro para inaugurar el año litúrgico, que se celebró junto a miles de actos similares en parroquias y diócesis. En la vigilia, agradeció especialmente a quienes ”se dedican a acoger y salvaguardar la vida humana… especialmente en sus primeros días y en sus primeras etapas”.

Su muerte provocó una avalancha de agradecimientos del movimiento provida.

El pontífice alemán también mostró su profunda preocupación por la vida con sus numerosas intervenciones personales en debates políticos sobre el aborto y la eutanasia, especialmente en el mundo católico. 

Apoyó una campaña para desfinanciar el aborto en la UE en 2013, denunció legislación a favor del aborto en Ciudad de México y respaldó a los provida cuando se manifestaron en contra de ella. 

El Papa Benedicto XVI felicitó al gobierno nicaragüense en 2007 por prohibir todos los abortos, y más tarde elogió a Malta por hacer lo mismo.

Cuando Luxemburgo debatía un proyecto de ley para legalizar la eutanasia, Benedicto XVI condenó la legislación y la ”perversa” práctica, y pidió al país, predominantemente católico, que ”reafirmara la grandeza y el carácter inviolable de la vida humana”.

Y a diferencia de su sucesor, a Benedicto XVI no le gustaban los políticos proabortistas, un hecho que Nancy Pelosi descubrió cuando él la avergonzó públicamente con una reprimenda inusualmente firme.

Pocos días antes de las elecciones presidenciales de 2010 en Brasil, Benedicto XVI arremetió claramente contra el Partido Laborista y la candidata presidencial Dilma Rousseff en un discurso en el que instaba a los obispos brasileños a pronunciarse contra el aborto. Condenó sin rodeos los ”proyectos políticos” que ”contemplan la despenalización del aborto”, como el Partido Laborista y Rousseff.

Una declaración que había aprobado antes como Papa declaraba la legislación pro-aborto ”incompatible con la participación en la Eucaristía.”

La oposición de Benedicto a los legisladores católicos disidentes, de hecho, es anterior a su papado. Como jefe doctrinal del Vaticano durante mucho tiempo bajo el Papa San Juan Pablo II, el cardenal Joseph Ratzinger, el futuro Benedicto XVI, dictaminó que los funcionarios públicos tienen la ”obligación grave y clara” de resistirse a ”cualquier ley que atente contra la vida humana.”

”Para ellos, como para todo católico, es imposible promover tales leyes o votar por ellas”, afirmó.

En un memorando dirigido a los obispos estadounidenses antes de las elecciones presidenciales de 2004, el cardenal añadió que apoyar ”leyes permisivas sobre el aborto y la eutanasia” exige negar la Comunión, aunque ese mensaje fue suprimido por el entonces cardenal Theodore McCarrick, ahora caído en desgracia, y por el entonces arzobispo Wilton Gregory, el actual jefe de la archidiócesis de Washington nombrado por Francisco.

Benedicto XVI: ”El derecho humano fundamental es el derecho a la vida“

En medio de la confusión generalizada sobre el aborto y las cuestiones relacionadas con el final de la vida -a menudo fomentada por católicos liberales-, el Papa Benedicto XVI enseñó claramente sobre la preeminencia de la vida.

Insistió repetidamente en que la vida es el primer derecho humano y el ”fundamento” de todos los demás.

”El derecho humano fundamental, presupuesto de todos los demás derechos, es el derecho a la vida misma”, proclamó. ”El respeto a la vida es la primera forma de justicia que debe aplicarse”. 

Por ello, Benedicto identificó el aborto y otros ataques a la ”vida humana naciente” como la ”injusticia más grave” del mundo y una amenaza existencial para la humanidad. ”Garantizar el derecho a la vida es un deber del que depende el futuro de la humanidad”, advirtió.

El Papa insistió además en que todas las personas tienen la obligación de defender la santidad de la vida ”porque es fundamental con respecto a otros derechos humanos.” ”Es necesario que toda la sociedad defienda el derecho a la vida del niño concebido”, dijo.

Benedicto también rechazó enérgicamente los intentos de socavar la causa de la vida haciendo demasiado hincapié en otras cuestiones sociales.

Cualquier defensa de la justicia social o del medio ambiente debe estar ”inseparablemente unida a la enseñanza moral de la defensa de la vida por parte de la Iglesia”, como recordó a los obispos de Suiza.

”Sólo si se respeta la vida humana desde la concepción hasta la muerte es posible y creíble la ética de la paz”, dijo, añadiendo que, de lo contrario, el activismo se convierte en un ”sustituto de la religión”.

Los no nacidos – ”los más pobres de todos los seres humanos”- tienen un derecho especial en el ministerio de la Iglesia a los pobres, afirmó Benedicto.

”El amor a todos, si es sincero, tiende naturalmente a convertirse en atención preferencial a los más débiles y pobres”, señaló en la vigilia de oración del Vaticano de 2010. ”En esta línea encontramos la preocupación de la Iglesia por los no nacidos, los más frágiles, los más amenazados por el egoísmo de los adultos y el oscurecimiento de las conciencias.”

El Papa provida tampoco se privó de reconocer la causa fundamental del aborto: ”el hedonismo generalizado”.

Un largo legado de vida

Incluso antes de que Benedicto XVI llegara al pontificado, la defensa de la vida era un tema recurrente en su carrera eclesiástica.

En una convención provida celebrada en 1986, el Cardenal Ratzinger advirtió que el aborto ponía en peligro ”las bases mismas de cualquier democracia auténtica”, un punto en el que insistiría también durante su pontificado.

Al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger fue el arquitecto de la doctrina católica contra la investigación con embriones y la fecundación in vitro.

Fue el autor de la histórica instrucción provida Donum vitae de 1987, que afirmaba la infalibilidad de la doctrina de la Iglesia sobre el aborto, y supervisó la elaboración del Catecismo de la Iglesia Católica, con su inflexible lenguaje provida.

Posteriormente aprobó unas directrices que condenaban el uso de células fetales en la producción de vacunas y afirmaban que los médicos y los padres de familia tienen la obligación de exigir alternativas éticas. Las directrices también fomentaban el uso de exenciones de conciencia.

Benedicto XVI también abordó como Papa cuestiones controvertidas de bioética, reafirmando constantemente el compromiso total de la Iglesia con la santidad de la vida.

Reiteró que la vida comienza en la fecundación, no en la implantación, dictaminó que los hospitales no pueden retirar la nutrición o hidratación artificial a pacientes vegetativos e insistió en que las anomalías fetales, por graves que sean, nunca pueden justificar el aborto. 

”La vida de un niño discapacitado es igual de valiosa y querida por Dios”, declaró el Papa, cuyo primo discapacitado mental fue asesinado por los nazis como parte de su programa de eutanasia.

Fuerte contraste con Francisco

 El historial del Papa Benedicto sobre la vida contrasta fuertemente con el de su sucesor inmediato.

 Es cierto que el Papa Francisco ha hablado menos del tema y le ha restado importancia comparándolo con la inmigración. 

El pontífice argentino prácticamente ha abandonado la defensa de la vida también en el ámbito político. Guardó silencio sobre el devastador referéndum sobre el aborto celebrado en Irlanda en 2018 e incluso sobre la legalización del aborto en su país de origen.

En contradicción con Benedicto, Francisco también ha elogiado a políticos proabortistas, como la exabortista italiana Emma Bonino, y ha respaldado darles la Sagrada Comunión. El cálido trato que recibió Pelosi el año pasado en el Vaticano, donde comulgó a pesar de la prohibición de su arzobispo local, fue muy distinto al de 2009.

Además, el Papa Francisco ha destrozado la Pontificia Academia para la Vida, antaño un faro de ortodoxia, purgando a los conservadores nombrados por Benedicto y Juan Pablo II y llenándola sistemáticamente de partidarios del aborto, para indignación de los católicos y los provida de todo el mundo.

El Papa actual también promueve a prelados que se alinean con su enfoque del aborto, como Wilton Gregory y el cardenal Blase Cupich.

Este artículo se publicó originalmente en LifeSiteNews bajo el título “Remembering Pope Benedict XVI’s incredible legacy of defending life” Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.

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