Perspectiva de Género

El Equality Act de Biden comienza ya a discriminar

Mientras continúa la tramitación de la Ley de “Igualdad”, la Universidad de Geneseo (NY) ya ha suspendido a uno de sus alumnos por decir que “los hombres son hombres y las mujeres son mujeres”. El caso ha generado violencia. De hecho, un representante aclaró: “La confusión de género es un rechazo al buen diseño de Dios. Cuando las leyes no reflejan sus normas, una nación se rebela contra Él y sufrirá las consecuencias”.

(Mark Makela/Getty Images)

Artículo por Benedetta Frigerio (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón

Mientras continúa la tramitación de la Ley de Igualdad, rechazada durante la presidencia de Trump pero reintroducida inmediatamente en la Cámara por Joe Biden, la persecución de quienes disienten de ciertas opiniones es cada vez más descarada. Si la norma, que acaba de ser aprobada en la Cámara de Representantes, pasara también en el Senado, la percepción de la propia sexualidad se considerará a nivel federal al mismo nivel que la raza, aunque esta sea una característica inmutable (a diferencia de las opciones de desviación sexual).

Y así, las purgas ya han comenzado, con la Universidad de Geneseo, en el estado de Nueva York, la cual suspendió a uno de sus estudiantes, Owen Stevens, sólo por haber expresado una opinión sobre el hecho de que “los hombres son hombres y las mujeres son mujeres”. La novedad, respecto a episodios similares, en los que la administración universitaria ha tenido que dar marcha atrás en muchas ocasiones, es que el joven no había expresado la mera observación de los hechos en clase, ni en el campus universitario, sino a través de las redes sociales, pero esto fue suficiente para que la junta directiva de Geneseo lo pintara como un subversivo, capaz de dañar la salud mental de otros estudiantes.

Ciertamente, la política universitaria que trata a los estudiantes como sujetos frágiles e indefensos, incapaces de soportar cualquier frustración dada por la realidad o cualquier opinión contraria a su propia voluntad, ha estado de moda durante años. Como demuestran los “espacios seguros”, las zonas presentes en algunas instituciones universitarias donde los universitarios pueden correr a refugiarse en caso de que se sientan ofendidos por una palabra que contrasta con sus creencias, obviamente sólo si esa creencia es promovida por la cultura dominante, como aquella por la que un hombre reclama ser reconocido como mujer. Por el contrario, no hay protección, sino estigmatización y castigo para quienes, como Stevens, piensan que el sexo es un dato cromosómico inmutable. En resumen, la generación “copo de nieve” (es decir, blanda y frágil), como la definió la intelectual inglesa Claire Fox después de ver llorar a estudiantes por las opiniones que expresaba, es sólo la generación progresista y de izquierdas. En cambio, a todos los demás se les pide que sufran una verdadera discriminación por tener un pensamiento que se atiene a los hechos.

Vaya paradoja destinada a crear crecientes conflictos en la América de la “unidad” prometida por Biden, ya que la Ley de Igualdad, aprobada por la Cámara con 224 votos contra 206, pretende romper cualquier barrera protectora impuesta por la naturaleza de las cosas. De hecho, la norma federal se dirige a todos: individuos, tiendas, bancos, empresas, hoteles, hospitales, agencias de adopción, funerarias, universidades y entidades que reciben subvenciones federales. Lo que significa no sólo que todos los médicos se verán obligados a proporcionar terapias hormonales y a realizar cirugías de mutilación genital, mastectomías o reconstrucciones plásticas, sino que el deporte femenino tendrá que abrirse a los hombres que se sienten mujeres, permitiéndoles utilizar los vestuarios, baños y duchas femeninos, contratar personal según sus emociones sexuales, prestar servicios para ceremonias homosexuales, etc.

También pagarán las agencias de adopción, obligadas a permitir a las parejas del mismo sexo el acceso a la acogida o la adopción. Obviamente, no podía faltar la obligación relacionada con el aborto, que viola la libertad de conciencia al obligar a los hospitales de base religiosa que no lo practican a perder cualquier financiación federal. Lo que entonces, en la mayoría de los casos, significaría el cierre. En resumen, cualquiera que se oponga a la ley será expulsado de la sociedad.

Por eso el congresista republicano Greg Stuebe dijo que la Ley de Igualdad es un desafío a Dios y a su creación: “La confusión de género que existe en nuestra cultura hoy en día es un claro rechazo al buen diseño de Dios. Cuando las leyes de una nación ya no reflejan las normas de Dios, esa nación está en rebelión contra Él y sufrirá inevitablemente las consecuencias”.

En efecto, ¿qué puede pasar con un país que trata como criminal a quien dice con Stevens que “un hombre no puede convertirse en mujer y una mujer no puede convertirse en hombre. Si soy un hombre y creo que soy una mujer, sigo siendo un hombre. Si soy una mujer que se cree hombre, sigo siendo una mujer. A pesar de lo que usted siente, esto no cambia su estatus biológico”? Lo revelador no es sólo el número de jóvenes cada vez más confundidos (según Gallup serían casi el 16 por ciento los que se definen como LGBTQ) por esta cultura por la que incluso llegan a violar sus cuerpos con hormonas y sus mentes con engaños, sino también el conflicto que está llamado a crecer en proporción al caos. “He recibido amenazas y horribles”, dijo Stevens, probablemente esperando que no vayan seguidas de agresiones físicas.

Artículo por Benedetta Frigerio, publicado originalmente bajo el título: “L’Equality Act di Biden comincia già a discriminare” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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