El Caso de Charlie Gard: Llamado a Luchar por la Justicia


La trágica historia del bebé Charlie Gard nos reafirma aún más sobre la importancia de luchar a tiempo por la defensa de la dignidad del ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.
El gobierno Británico violentó los derechos parentales de Chris Gard y Connie Yates, padres de Charlie, al impedirles llevar a su hijo a Estados Unidos para recibir un tratamiento experimental que pudo haber salvado su vida. El sistema de medicina socializada de Inglaterra incluso impidió que el pequeño bebé muriera en casa como era el deseo final de sus padres. De hecho, la abogada que el gobierno escogió para que “defendiera” a Charlie en corte era una activista a favor de la eutanasia.
Después de luchar por cinco meses, los padres de Charlie abandonaron la batalla legal que buscaba llevar a su hijo a Estados Unidos. El abogado defensor de los padres dijo: “Para Charlie es demasiado tarde. El tiempo se ha acabado. Se han producido daños musculares irreversibles y el tratamiento ya no puede tener éxito. Debido al retraso, la ventana de oportunidad se ha perdido.” Los padres de Charlie dijeron que si le hubiesen permitido al bebé ser examinado y tratado debidamente antes, él “hubiese tenido el potencial de ser un niño saludable, normal.”
El pequeño Charlie fue bautizado un día antes de morir. Él ahora está en los brazos de nuestro Padre Celestial.
La vida de Charlie nunca fue en vano, Su valor no se determina por su enfermedad. Su fragilidad, debilidad e inocencia pusieron al descubierto la maldad de los promotores de la Cultura de la Muerte. La fragilidad de un niño pequeño, quien dado su estado de salud requería el mayor amor y cuidado, ha denunciado el totalitarismo ideológico de gobiernos injustos que evalúan a las personas en términos utilitaristas.
La ciencia se convierte en pseudo ciencia cuando, en vez de estar al servicio del bienestar integral del ser humano, es su enemigo número uno. La tiranía de un gobierno sale a relucir cuando, en vez de edificar para el futuro, destruye a sus ciudadanos más indefensos. Como Juan Pablo II nos alertó: “Una nación que mata a sus propios hijos es una nación sin esperanza.”
En su encíclica Evangelium Vitae, también nos dice: “La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no lo pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. El colmo de la arbitrariedad y la injusticia se alcanza cuando algunos, como médicos o legisladores, se atribuyen el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir.”
El caso de Charlie nos debería tocar muy personalmente a cada uno de los que nos decimos llamar seguidores de Cristo: ¿Qué estamos haciendo para defender a los más pequeños?
“El que no está enojado cuando hay una causa justa para el enojo es inmoral. ¿Por qué? Porque el enojo busca el bien de la justicia. Si puedes vivir en medio de la injusticia sin enojo, eres inmoral, al igual que injusto” (Santo Tomás de Aquino).
No podemos ser indiferentes ante la injusticia contra Charlie pensando que “sólo” es un caso de Europa. En Puerto Rico estamos viviendo en carne propia el atentado de un gobierno totalitario que está imponiendo contra la voluntad de los padres la vacuna del Virus del Papiloma Humano (VPH) como requisito para niños y niñas desde los 11 años. Un gobierno que impone decisiones totalitarias sobre la salud de tus hijos también se adjudicará el poder de decidir quién puede vivir o cuándo vas a morir. Si no luchamos por nuestros derechos parentales y la dignidad de cada ser humano ahora, pronto veremos un Puerto Rico en el que el gobierno impondrá la pena de muerte a los enfermos y envejecientes bajo el eufemismo de eutanasia o suicidio asistido. Hoy más que nunca se necesitan líderes religiosos, padres, maestros, y laicos fieles a la verdad, que no se cansen de hablar por nuestros derechos más fundamentales como lo son el de la vida, la libertad religiosa, y el derecho de los padres a educar sus hijos conforme a sus valores.
Defender la dignidad del ser humano no se trata simplemente de hacer algo por los demás sino, primero que todo, qué persona soy. ¿Qué corazón tengo para presentarle al Señor? ¿Voy a callar cuando se atenta contra la justicia y, con mi silencio, volverme injusto? Roguemos para que Jesús nos dé la gracia de perseverar hasta el final y nunca desfallecer en la defensa de la verdad.
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