Rincón Educativo

¿Por qué No Dejo que Mi Hija de 4 Años Use Camisillas?

Para Navidad, mi hija de cuatro años Ella recibió de un pariente una muñeca que llevaba una falda mullida rosa y una camisilla (“spaghetti strap tank-top”) cubierta por un suéter. Para su gran sorpresa, mi hija también recibió el mismo ajuar que su muñeca, en su propio tamaño. Se lo puso de inmediato para hacer juego con su muñeca. Yo las llamo “las bailarinas gemelas” (“twinsy-bops”), ya que mi hija trató de llevar el mismo atuendo que su muñeca durante los días siguientes a la Navidad.

Aunque me encantan los atuendos de la muñeca y el de mi hija en su versión completa, no permito que mi hija o sus muñecas usen camisillas escotadas de tirantes finitos sin algo por encima. Algunos tal vez piensen que soy exagerada o incluso me llamen puritana, pero estoy criando con una ventaja. Tengo conocimiento de primera mano de las relaciones de trabajo entre los padres y sus hijas adolescentes. Como durante los últimos 15 años he estado hablando a adolescentes y a sus padres, he adquirido un amplio conocimiento de las batallas violentas que los padres tienen con sus niñas adolescentes y sus armarios.

Una de esas batallas es sobre vestir camisillas escotadas con tirantes delgados sin otra cosa que las cubra. Ahora, lo reconozco, cuando mi hija de cuatro años intenta vestir la nueva camisilla con tirantes finos, no se ve inmodesta. Todavía luce inocente y digna. Así que, ¿por qué no voy a permitir que mi hija empiece a usar este tipo de camisetas sin mangas a los cuatro años? Porque la batalla que ella y yo inevitablemente tendremos sobre las camisillas va a ser mucho más fácil de ganar si la norma nunca cambia. Lo mismo es cierto para los trajes de baño de dos piezas y otra ropa que no van a proteger su dignidad y misterio cuando ella esté en una etapa más avanzada como mujer.

Aunque es invierno y hace frío afuera, incluso a los cuatro años Ella ha estado tanteando el terreno para tratar de vestir la camisilla. Me ha rogado que se la deje usar sin el suéter. A mis espaldas, les ha pedido a su papá y a su abuela si la puede usar. En realidad es bastante divertido verla, dado que ya la puedo imaginar como una adolescente. Me senté con ella y le dije: “Ella, nosotras no usamos camisillas sin un suéter encima porque somos tan hermosas y no protegen nuestro misterio increíble. Mamá no las usa sin algo encima, y no es algo que se te permitirá hacer, ahora o cuando seas mayor.” Charlamos un poco más sobre esto y ella dijo: “Está bien mamá, quiero proteger mi misterio, así que voy a usar el suéter.” Ni lágrimas, ni pelea, sólo una comprensión inocente y un respeto hacia mamá. ¿Cómo sé que ella comprendió?

Un par de días más tarde, fuimos a disfrutar de un Martes de Taco en un restaurante local de la ciudad. Estábamos sentadas en nuestra mesa esperando nuestra comida cuando Ella me agarró del brazo y me llevó acercó a ella. Señalaba a la mesera, ya una mujer, que llevaba puesta una camisilla, la cual se resbalaba hacia arriba para revelar su barriga y estaba acentuando y revelando sus grandes pechos. Ella me dijo al oído: “Mamá, su misterio no está protegido. Ella está usando una camisilla de tirantes y no es modesto.”

Ella lo vio por sí misma. Eso hizo clic para mi hija de cuatro años de edad. Ella tenía algún juicio en su voz mientras hablaba de esta mujer. Le expliqué suavemente, “Ella, no podemos juzgar su corazón o hablar de ella a sus espaldas. Tal vez ella no conozca su hermoso misterio y por qué debe protegerlo. En lugar de ello, debemos orar para que Dios se lo revele, de tal manera que sepa lo especial que ella es.” Ella quedó satisfecha con mi respuesta y accedió a orar por ella.

Conozco los efectos que la falta de modestia puede tener sobre la autoestima de las jovencitas y sus opciones. Lo he oído en lágrimas y quebrantos, cuando han compartido conmigo sus historias de angustia y dolor. No juzgo a las mujeres que se visten sin pudor; las conozco demasiado bien. Yo era una de ellas. Siento dolor por ellas. No puedo hablar por cada mujer vestida sin recato, pero las miles que he conocido me han revelado con honestidad cruda que ellas realmente se vestían de esa manera no porque fuera lindo o popular, sino porque era una manera de llamar la atención. Ellas, como la mayoría de nosotros, anhelaban sentir que eran importantes y anhelaban sentirse amadas. Incluso si ello implicaba hacer algo que iba en contra de los deseos más profundos de sus corazones, estaban dispuestas a abandonar sus normas por la oportunidad de sentirse deseadas, aun si esto no duraba. Pero, ellas también revelaron que, aunque se sentía bien en los momentos en que se sentían deseadas o notadas, se sentía peor cuando se daban cuenta de que la persona cuya atención estaban buscando no tenía interés en quiénes realmente eran ellas.

Mi objetivo con Ella no es restringirla, sino liberarla. Cuando sea adolescente, si tenemos otra conversación sobre camisillas, no creo que vaya a ser larga. No voy a tener que explicar por qué es importante la modestia o por qué, de repente, este tipo de camisetas sin mangas ya no se permiten. Habrá construido un hábito de virtud desde que tenía cuatro años. Habrá practicado la modestia por años bajo mi orientación.

Los padres tienen violentas guerras de ropa con sus hijas adolescentes porque (en mi opinión), muchos de ellos le salen con algo nuevo a sus hijas, quienes no han practicado o hecho un hábito de construir la virtud de la modestia. Como todas las virtudes, ésta se hace más fuerte con la práctica.

Conozco a muchos padres que le han permitido a sus hijas vestir camisillas, tops de tubo, “leggings” como pantalones, trajes de baño de dos piezas, y otra ropa cuando ellas eran pequeñas y aún no se habían desarrollado, sólo para descubrir que llega un momento en que se sienten extremadamente incómodos cuando sus hermosas, ya mujeres, inocentes, hijas adolescentes visten todo eso en público. Los papás son, por mucho, los que más se avergüenzan cuando me hablan. Ellos saben cómo son los varones adolescentes. Cada papá fue un varón adolescente una vez. Ellos se avergüenzan por la forma en que sus hijas se visten, pero la pelea es tan grande que a menudo ceden y dejan que sus hijas vistan lo que quieran.

Y a todas las adolescentes cuyos padres las tomó por sorpresa con las nuevas reglas acerca de la modestia, cuando nunca jamás habían oído esa palabra antes o no tenían idea de por qué es importante, las comprendo. Ustedes han pasado sus vidas enteras pensando que estaba bien vestirse con ropa que ahora se limita y se considera inapropiada. A pesar de que es por una buena razón y para su protección, puedo imaginar que es muy confuso al ustedes mirar hacia atrás los muchos años en los que usaron ropa que sus padres les compraban y en la que se han sentido cómodas.

Debe ser difícil descubrir que esa ropa ya no es aceptable para su uso. Aunque no estoy de acuerdo con ustedes, veo por qué intentan pelear con sus padres. Es confuso. Aunque esto sea nuevo para algunas, sus padres tienen la tarea de protegerlas, y la modestia protegerá su castidad y su dignidad. Protege contra ser el objeto lujurioso de la mirada fija de alguien. Les ofrece libertad. La protección de su misterio hermoso le dirá a los demás que ustedes exigen ser notadas por lo que son como persona en su totalidad: cuerpo, mente, corazón, y alma. Exigirá a los demás notar la persona irrepetible, insustituible que son. Tiene la capacidad de liberarlas de ser usadas y objetivadas, lo cual no habla de los deseos más profundos de sus corazones femeninos. Las libera para ser vistas y amadas correctamente.

Como mencioné anteriormente, tengo la ventaja de haber visto las relaciones de niñas adolescentes y sus padres. Tengo la ventaja de haber escuchado los corazones de las adolescentes durante muchos años. Muchas de mis ideas de crianza han llegado por esta perspectiva, por lo que trato de ayudar a mis hijos a desarrollar buenos hábitos, porque veo los muchos desafíos que hay por delante. Aplaudo a todos los padres por sus intentos de ayudar a sus hijas de cualquier edad a descubrir la virtud de la modestia.

Cometo muchos errores como madre y diariamente aprendo muchas lecciones. Ser padre es una lección en humildad. Me siento informada sobre cómo desarrollar la virtud en los niños porque he dedicado mi vida profesional a ello; pero hay muchas otras áreas de crianza en las que soy débil en conocimiento y donde me siento como un fracaso. Pero, no me golpeo a mí misma. Tengo un lema de vida que me ayuda a volver a dar prioridad a mis metas de crianza. Éste es, “Nunca es demasiado tarde para arreglar las cosas.”

Hay áreas que dejo pasar, con el resultado de que mis hijos han construido malos hábitos. Y a veces sería más fácil simplemente dejar que ellos continúen cayendo, porque cambiar su comportamiento sería extremadamente difícil y requeriría mucho tiempo. Tengo que recordarme constantemente que mi marido y yo somos las mayores influencias que nuestros hijos van a tener. Tenemos la capacidad de influir en su carácter y los hábitos de vida que construyan. Cuando veo áreas donde no he sido la mejor madre, pongo las cosas en orden. En estos casos, a veces ha sido un reto conseguir que mis hijos entiendan por qué las cosas están cambiando, pero siempre ha valido la pena el desafío pues los veo crecer en carácter, motivación, y virtud.

Si eres padre y has fallado en ayudar a tu hijo a desarrollar hábitos de modestia, virtud, o carácter, debes saber que no estás solo. No te rindas. Hoy es un nuevo día. NUNCA es demasiado tarde para arreglar las cosas. Que tú y yo podamos encontrar la fuerza y la determinación en nuestras metas de crianza, y nunca olvidar que somos las mayores influencias que nuestros hijos tendrán.

Traducción por fielesalaverdad del artículo de Melanie Pritchard, “Why I don’t let my 4-year-old daughter wear spaghetti-straps,” publicado el 5 de enero de 2015 en LifeSiteNews.

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