Buscan abolir la palabra “madre”, alegando la “inclusión”

Stonewall, una organización benéfica que lleva mucho tiempo en la vanguardia de la promoción de los denominados nuevos “derechos”, ha decidido pedir que se deje de hablar de “la madre”. Ya se han inscrito 850 organizaciones, entre ellas 250 departamentos gubernamentales y organismos públicos, como los cuerpos de policía. Quien suprima el término ganará en visibilidad.
Artículo por Giuliano Guzzo (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón.
¿Se puede llegar a exigir la prohibición de la palabra “madre”, es decir, una de las palabras más fundamentales, la que los niños de todos los orígenes, como sabemos, aprenden primero? En un mundo normal, ciertamente no. De hecho, incluso en el nuestro, hace sólo unos años, tal reclamación habría sido acompañada de oportunos exámenes médicos a quienes la hicieran. Pero los tiempos, ya sabes, cambian. Y así, Stonewall, una “organización benéfica” ya histórica -existe desde hace 32 años- y en primera línea en la promoción de los llamados nuevos derechos, ha decidido hacer precisamente eso: pedir que no se hable más de “madre”.
Un diktat de matriz orwelliana avanzado dentro del programa Diversity Champions, al que ya se han adherido 850 organizaciones -entre ellas, atención, 250 departamentos gubernamentales y organismos públicos como la policía-, comprometidas con el imprescindible reto de la “inclusión”. Más concretamente, lo que se pide es sustituir la palabra “madre” por la expresión “persona que ha dado a luz”. Tantas palabras en lugar de una con el único y evidente propósito de esterilizar, desde el punto de vista lingüístico, el acto generativo y también de eclipsar conceptualmente la imagen de la familia natural.
Hay que señalar que, además de absurda, esta petición es chantajista en el sentido de que adaptarse a la indicación supone, aparentemente, una mejora en el ranking que siempre edita Stonewall. En otras palabras, quien suprime el término “madre” gana en visibilidad, imagen y atractivo. El periódico Telegraph fue el primero en dar la surrealista noticia pero, en torrentes, fue acogida por toda la prensa británica, que también está bastante acostumbrada a las iniciativas extrañas, por decirlo de alguna manera.
Entre las muchas razones por las que la sonada y esperada abolición del término “madre” está provocando una discusión, está el hecho de que está contenida en el programa Diversity Champions, que no es gratuito, sino todo lo contrario. El acceso cuesta dinero, y bastante. Prueba de ello es que, hace apenas unos días, la ministra inglesa de Igualdad de Oportunidades, Liz Truss, había dejado claro que espera que el Gobierno abandone esta iniciativa de Stonewall, aunque sólo sea por razones relacionadas con la relación entre calidad y precio, que no parece ser la óptima. Y no sólo eso. Stonewall lleva unos días en el candelero también porque su directora general, Nancy Kelley, ha comparado recientemente las posturas hostiles a la ideología de género con el antisemitismo, con un giro anómalo que por razones obvias no ha pasado desapercibido. Esta última petición de abolir la palabra “madre” constituye, en definitiva, una confirmación definitiva de los verdaderos objetivos de todo un mundo que, de palabra, se declara comprometido con la inclusión de la diversidad, mientras que, de hecho, impone una estricta conformidad, con un claro sabor totalitario.
Sobre esto es bueno, incluso urgente, reflexionar, porque sería ingenuo tomar esta historia sólo como una extraña historia británica; no lo es. Pronto las asociaciones LGBT pedirán que se supriman los términos “padre” y “madre” también en nuestro país. Y si, desgraciadamente, se aprueba el proyecto de ley Zan, somos profetas fáciles al predecir que, dentro de poco, también se propondrá en las escuelas sustituir “madre” por “la persona que dio a luz”.
Por ello, sería conveniente hacer todo lo posible para que el texto que ahora se presenta en el Senado se detenga, ya que no es necesario hacer terrorismo ni agitar espectros de ningún tipo para imaginar las devastadoras consecuencias culturales de la legislación del arco iris. Basta con hojear las páginas de la crónica inglesa intentando no confundirla, aunque objetivamente no sea fácil, con la literatura distópica.
Este artículo se publicó originalmente en La Nuova Bussola Quotidiana bajo el título “Abolire la parola mamma: la proposta toccherà anche noi“, Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.




