Amy Barrett, la jueza culpable de ser católica

La jueza Amy Barrett es criticada por defender la ley natural de la cual se inspira la Constitución de los Estados Unidos, y por defender la vida y la familia.
Por Giuliano Guzzo (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón.
Luego de las audiencias de Amy Coney Barrett en el Comité Jurídico del Senado de los EE.UU. para la ratificación de su nombramiento como Jueza de la Corte Suprema, hay una gran preocupación en la casa progresista por las ideas de esta jurista conservadora. A este respecto, es emblemático lo que escribió Joan Biskupic de la CNN, según la cual, a pesar de algunas respuestas oscuras, “la filosofía conservadora de Barrett es clara y podría convertirse en la jueza más conservadora del Tribunal Supremo desde el nombramiento del juez Clarence Thomas en 1991”.
Hasta ahora todo normal, en el sentido de que es comprensible que ciertos círculos miren con poca serenidad el nombramiento de una jurista que podría condicionar -incluso teniendo en cuenta su corta edad, ni siquiera 50 años- el Tribunal Supremo durante décadas. Decididamente menos normal, y en cambio bastante sorprendente es la oposición que se está levantando en la casa ‘cristiana’ por el nombramiento de Barrett. Una contrariedad animada por varias voces, algunas de las cuales son decididamente feroces.
Pensemos, por ejemplo, en la postura expresada en el periódico inglés The Guardian , de la escritora Lisa O’Neill, titulada “Amy Coney Barrett asistió a la misma escuela secundaria que yo. Espero que no sea confirmada”. “Llevábamos las mismas faldas escocesas y caminábamos por las mismas aulas, aunque casi una década después”, escribió O’Neill, quien añadió: “Como estudiantes del Colegio Dominico St. Mary’s, además de recibir una educación arraigada en la fe católica, se nos animó a ser mujeres fuertes e independientes, futuras líderes del mundo”.
Sin embargo, la escritora espera sin términos medios que el ascenso de Barrett a la Corte Suprema fracase porque podría “dañar irrevocablemente las vidas de millones de estadounidenses”. ¿La razón de la peligrosidad de la jurista conservadora? Sencillo: ser orgullosamente y públicamente antiabortista. “Las opiniones antiaborto de Barrett han adquirido importancia pública”, señala O’Neill, según la cual la jurista también es “culpable” de haber sido discípula del católico Antonin Scalia, un juez del Tribunal Supremo que pasó a la historia como “textualista”, es decir, convencido de que la Constitución dice lo que dice literalmente, sin que los jueces puedan permitirse ninguna creatividad interpretativa. Ahora, ¿no notaron nada de extraño?
Una ex-alumna de una escuela católica reprocha a otra ex-alumna de la misma escuela por ser antiabortista y discípula de un juez católico. Si no hubiera llanto, habría risas. El punto es que este no es un caso aislado. Hace unos diez días, la revista Newsweek informó de una petición titulada “Los cristianos rechazan el nombramiento de Amy Coney Barrett” que había llegado a más de 16,000 firmas, y que ahora se elevan a 22,500.
“Queridos senadores”, dice este surrealista llamamiento, “la jueza Barrett podría quitar la atención médica a los grupos más débiles y poner en riesgo los derechos de los LGBT y los inmigrantes”. Los 22,500 autodenominados cristianos acusan a una jurista católica de defender la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio.
Una vez más algo increíble, que debería hacer reflexionar a nuestros pastores y líderes eclesiásticos, sobre todo porque, si ser antiabortista y estar en contra del matrimonio gay comienza a ser un problema entre los cristianos, algo va mal. Es decir, significa que la ideología progresista ha tomado la delantera, como el filósofo Marcello Veneziani señaló agudamente, según el cual los católicos progresistas se sienten más cerca de los progresistas no católicos que de los católicos no progresistas. Está bien, pero ¿qué hay de la doctrina? ¿Qué le pasa a la Iglesia y al cristianismo si los que todavía tienen el valor de expresar ciertas posiciones deben ante todo cuidarse de las críticas de sus hermanos?
Tal vez, antes de pensar en desarrollar nuevas estratagemas pastorales para parecer menos rígidos hacia el mundo, se debe prestar atención a los fieles que ya existen y a su formación. A este respecto, me vienen a la mente las fulminantes palabras del cardenal Giacomo Biffi, según las cuales, aunque no lo parezca, el verdadero problema hoy en día no son los católicos no practicantes, sino los practicantes no católicos. Una broma que desafortunadamente no es una broma, dada la lluvia de críticas ‘cristianas’ (?) que vibra estos días contra Amy Barrett, una católica culpable de ser católica.
Artículo por Giuliano Guzzo, publicado originalmente bajo el título: “Amy Barrett, il giudice colpevole di essere cattolica” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.




