El modelo Greta, un peligro para los jóvenes

Por Benedetta Frigerio (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón
Hay millones de niños obligados a trabajar por unas miserables monedas. Hay millones de niños que son víctimas de la pedofilia y la pornografía infantil. Hay niños que son contratados por grupos terroristas musulmanes y utilizados como soldados. Hay niños que se compran con la fertilización in-vitro, y otros que son abortados. Y luego hay una chica, acomodada, que durante meses ha sido recibida en los salones de los poderosos, que cruza los océanos en un velero, que es elogiada por medio mundo, pero que se hace la víctima del sistema gritando: “No debería estar aquí; debería estar en la escuela, al otro lado del océano”.
Es cierto: Greta Thunberg debe estar en clase para aprender historia, ciencia, matemáticas, pero sobre todo para aprender el ejercicio de la crítica y la profundización respecto a las hipótesis que los antepasados entregan a la posteridad. Pero no: un grupo de adultos le dijo que el mundo está a punto de desaparecer, que la gente está muriendo a causa de la contaminación y el “cambio climático”. En pocas palabras, sin enseñarle a verificar si la creencia popular tiene fundamento o no, la aterrorizó inculcándole un odio impresionante y llevándola, junto con ella, por todo el mundo. Su discurso del 23 de septiembre en las Naciones Unidas es de hecho impresionante en cuanto al rencor y la maldad que emana. Por lo tanto, preocupa que la presenten a los jóvenes como un modelo de activismo. Basta escuchar la ferocidad con la que gritó estas palabras que suenan como una amenaza: “Si eligen fracasar, nunca les perdonaremos…. les estamos vigilando”.
Sin embargo, frente a la instrumentalización de una generación a través de la de Greta, la mayoría de los líderes, si no aplauden, guardan silencio, a pesar de esas trenzas que no se adaptan a la furia de una adulta (ya sabes, incluso la imagen hace un juego). Pero hay alguien que ha decidido oponerse y señalar la violencia existente. En The Guardian (aquí) apareció la respuesta de Scott Morrison, el primer ministro australiano, contra el adoctrinamiento de los niños: “No permito que (los jóvenes, ndr) se deformen sustancialmente hacia un punto de vista particular. Aprecio que elijan con la cabeza, pero también me gusta tranquilizarlos porque lo peor que se puede imponer a un niño es la ansiedad injustificada. Ya tienen suficientes cosas por las que preocuparse”. De hecho, se le roba la infancia a los niños como nunca antes, pero no por las razones enumeradas por Greta, sino porque el mundo de los adultos no les permite ser niños, haciéndoles cargar con sus egoísmos (divorcios, familias ampliadas, abortos, fecundación in-vitro, sexualización precoz, etc.). Por lo tanto, continuó el primer ministro, “debemos permitir que los niños sean niños” y luego “creo que debemos tomar precauciones contra la propagación de la ansiedad entre los niños”.
Por su parte, el periodista del Herald Sun, Andrew Bolt, comentó que “espero que los alarmistas que sembraron el terror a Greta Thunberg con el temor de un apocalipsis provocado por el calentamiento global se avergüencen de sí mismos. Ahora han visto el miedo puesto de manifiesto de esta niña con problemas mientras lloraba y gritaba en la reunión de la ONU sobre el clima”. Bolt ya había señalado que “nunca había visto a una joven con tantos problemas mentales utilizada por tantos adultos”. Desafortunadamente, como también señaló Brendan O’Neill, editor de Spiked Online, “cualquiera que haga críticas sobre ella o sobre las políticas que representa… puede encontrarse con que se le llame anti-Greta, alguien que odia a los niños, alguien que no se toma en serio a los jóvenes”, aunque “lo que el ‘culto verde’ le hizo a la Srta. Thunberg es imperdonable… la han inflado – al igual que a otros muchos millones de niños – a través de la política del miedo”. Convencieron a la próxima generación de que el planeta está en el cenit de la desgracia. Han inyectado el terror en la juventud”.
Como hemos documentado de muchas maneras en las páginas de la Nuova BQ, desconcierta semejante publicidad a una idea tan falsa sobre el destino del planeta. No obstante, aunque todo fuera cierto, permitir que una niña angustiada, que exuda desesperación y odio, predique sobre el no perdonar, usando la amenaza como una forma de luchar, sería de todos modos injustificable. ¿Y en lugar de eso? En lugar de eso, el ministro de Educación, Lorenzo Fioramonti, ha enviado una circular a los directores de las escuelas pidiéndoles que justifiquen a todos los estudiantes que, inspirados por Thunberg, se ausentaran de la escuela para declararse en huelga contra el cambio climático.
Pero, ¿es ésta la educación que queremos dar a las generaciones futuras? ¿Luchar acríticamente en batallas que no les corresponden con el arma de la victimización, el odio y el no perdonar? Porque hay una alternativa grande y magnífica. Una alternativa mostrada por activistas que son realmente víctimas capaces de enseñar el método de la crítica. Basta pensar en Gianna Jessen, herida de por vida a causa de su madre, quien intentó abortarla. Jessen, que viaja por el mundo para gritar en contra del asesinato de niños en el vientre (aquí [en Italia, ndt] las muertes de bebés no nacidos se cuentan en abundancia, dado que en Estados Unidos son alrededor de 54 millones), ha hablado repetidamente del perdón hacia aquella que la lastimó (aquí).
Porque sólo hay una manera de cambiar el mundo y, por lo tanto, también los corazones de los líderes: predicar el Evangelio. Basta con leer cómo Jessen, a diferencia de Greta, lleva a cabo la misión que dice desempeñar: “Seguramente (Dios, ndr) me dio la misión de reír, ¡porque yo siempre lo hago! En realidad, creo que me dio misiones diferentes. Pero la misión principal sigue siendo la de contar lo que Jesús hizo por mí y, a través de esto, predicar el Evangelio de Jesucristo. ¿De qué serviría luchar solamente por un ideal, por una causa, aunque fuera también -lo que creo que es importante- defender la vida prenatal, si yo no proclamara a Jesucristo, y no tratara de dejar claro a los que me encuentre que cada uno es amado por Dios? No me serviría de nada ni a mí ni a los demás”. Porque sin una salvación más grande que cualquier maldad, nada puede hacernos esperar o, por lo tanto, cambiar.
Artículo Por Benedetta Frigerio, publicado originalmente bajo el título: “Il modello Greta, un pericolo per i giovani”, en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.



