Ley y Política

Fundamentalistas, conservadores y pensamos por cabeza propia

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La columna de Mayra Santos-Febres titulada “I want my new Código Civil” (El Nuevo Día, 11 de febrero de 2007) es un excelente ejemplo del discurso demagógico de los que defienden las propuestas del Borrador del Libro Segundo del Código Civil que se está debatiendo en nuestra Legislatura. Veamos.

Luego de llamar “reportaje esplendoroso” a uno que simplemente resume algunos de los cambios propuestos al Código Civil, la columna celebra que el “nuevo” (adjetivo que se repite en seis ocasiones) Código “permitiría que se reconocieran legalmente las uniones consensuales entre personas de sexo diferente o del mismo sexo. También regula las fertilizaciones in-vitro, flexibiliza las posibilidades de adopción y por ende revoluciona nuestra manera de pensar en lo que es una familia.” Lo que no dice es que, en realidad, el “nuevo” código liberaliza indiscriminadamente las fertilizaciones in-vitro, permite la donación anónima de óvulos, espermatozoides o embriones y hasta la muy nefasta práctica de procreación póstuma, lo cual crea una situación de orfandad forzosa, entre muchas otras medidas que prometen tener devastadores consecuencias [ver [1-4] abajo].

Atentos a qué razones tendría la autora para celebrar tales cambios, leímos cuidadosamente el resto de su artículo. Luego de lamentar el que el Código propuesto no fuera lo suficientemente lejos, mediante “la legalidad de matrimonios entre homosexuales“, somete las siguientes las justificaciones:

  1. “Quizás a ello/as [homosexuales] les vaya mejor con la sagrada institución y la defiendan más que lo que hemos hecho las parejas hetero que, la verdad, es que nos divorciamos ya hasta por costumbre. Conozco parejas “gays” y lésbicas más estables, funcionales y plácidas que el matrimonio y familia que formaron mis propios padres.” Nadie niega que haya matrimonios y familias disfuncionales–los libros de auto-ayuda se nutren de ello. Sin embargo, ello no justifica cambiar su definición sino que reclama su fortalecimiento.
  2. “Celebro la revisión de ley que permite que mi hijo sea legal y que proteja la posibilidad de las fertilizaciones in-vitro en un futuro.” Las propuestas van mucho más allá que esto al relajar al absurdo las disposiciones relacionadas con dicha práctica y el uso de embriones. (ver más).
  3. “Si algo bueno ha tenido la llamada post-modernidad es reconocer la diversidad entre los seres humanos.” Reconocer la diversidad entre los seres humanos no es asunto de post-modernidad sino de pura observación. ¿O es que los clásicos no reparaban en la diversidad? Reconocer la diversidad no implica aplaudir la diversidad si es que ésta responde a prácticas que son incorrectas. Reconocemos que hay honestos y deshonestos, honrados y ladrones, pero en esta diversidad hay quienes están en lo correcto y aquéllos que no. Más aún, el que critiquemos sus comportamientos no implica que neguemos el valor intrínsico que todo ser humano, como tal, tiene.

Salvo llamarle “nuevo”, “moderno”, “de avanzada” y “revolucionario”, como si esto significara que es necesariamente mejor, (en otro lugar [3] hemos comentado sobre esta falacia), no se encuentra respaldo sustantivo a las propuestas del Código. En vista de ausencia de justificaciones, se recurre a la táctica usual de denigrar a la oposición:

Sé que grupos fundamentalistas se opondrán a las recomendaciones más “sananas” (las de fertilizaciones in-vitro o las de adopción de niños por “solteros”). También sé que los legisladores, quizás hasta capitaneados por Jorge de Castro Font y Liza Fernández, cedan ante la presión de esos grupos conservadores, por temor a perder votos.” “Si algo tuvo de bueno la modernidad fue el desligar la Religión del Estado y permitir que el ser humano, guiado por el devenir de su razón y de sus descubrimientos sobre lo que es posible, propusiera leyes para organizar su vida en sociedad”. “No todos los ciudadanos de este país somos cristianos fundamentalistas ni conservadores homofóbicos ni gente temerosa del qué-dirán. Algunos hasta nos atrevemos a pensar por cabeza propia.

Si bien la posición que sostenemos está ampliamente respaldada por el cristianismo y, de hecho, también por las demás principales religiones, la razón nos permite llegar a conclusiones similares. Recordemos, de lógica elemental, el concepto de definición. Sin definiciones el diálogo social humano se deteriora, se vuelve Torre de Babel. De la misma manera que la definición de un elefante difiere de la de un gato, y si usáramos la misma estaríamos en lo incorrecto, la definición de matrimonio es una y hacerla significar otra cosa es un error. Parte esencial de dicha definición es que el concepto se refiere a la unión entre un hombre y una mujer, como cualquier diccionario lo demuestra. De igual forma sucede con los demás términos que se usan en el debate sobre el Código: persona, procreación, etc. La razón nos dice que hay unos ordenamientos que propician un desarrollo social y otros que lo deterioran, unos que propician una mayor calidad de vida y otros que la corroen. Por otro lado, es contradictorio que, acusándonos de temerosos, la autora utilice el miedo como herramienta: el miedo a perder votos de los políticos, el miedo a que se nos tilde de “fundamentalistas, conservadores o gente temerosa del qué-dirán”. Si ser fundamentalista y conservador es defender y querer conservar lo fundamental, lo básico, los valores y definiciones correctas y verdaderas, lo somos. Somos fundamentalistas y conservadores si esto significa reconocer que existe una realidad objetiva, por más que muchos pretendan negarla. Es, precisamente, el pensar por cabeza propia, la Razón, lo que nos convence de la solidez de nuestra posición.

Notas:

  1. ¡ALERTA, Puerto Rico! Peligroso código civil propuesto
  2. ¡Ayude a detener este nefasto proyecto!
  3. ¿Reformar es mejorar?
  4. Ponencia de Mujeres por Puerto Rico en torno al Borrador del
    Libro Segundo sobre El Derecho de Familia en el C ́ódigo Civil de Puerto Rico, 14 de febrero de 2007

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