Obispo de Arecibo: prohibir la ‘terapia de conversión’ criminaliza la enseñanza católica, hace daño a los niños

El obispo Fernández Torres criticó el P.S. 184, el cual criminalizaría la “terapia de conversión” y, con ella, prácticamente toda expresión de la enseñanza católica sobre la sexualidad.
Artículo por Raymond Wolfe (LifeSiteNews). Traducido por Luis Rivera Colón.
En una entrevista con LifeSiteNews, el Obispo de Arecibo, Puerto Rico, Daniel Fernández Torres, advirtió de un nuevo y peligroso intento de criminalizar lo que suele llamarse terapia de conversión, y con ello, prácticamente toda expresión de la enseñanza católica sobre la sexualidad.
El obispo Fernández Torres condenó el P.S. 184, un proyecto de ley propuesto en el Senado de Puerto Rico, de extrema izquierda, para prohibir las terapias que puedan “cambiar la orientación sexual o la identidad de género en un individuo”.
El P.S. 184, que refleja los esfuerzos recientes en Canadá, Australia y EE.UU., apunta a “cualquier esfuerzo o tratamiento” que caería bajo una definición poco precisa de terapia de “conversión” o “reparadora”.
Las actividades penalizadas incluyen “cualquier esfuerzo o tratamiento dirigido a cambiar el comportamiento corporal, expresiones o la orientación sexual de un individuo, así como eliminar o reducir atracciones románticas o sexuales o sentimientos hacia individuos del mismo género”.
Sin embargo, las restricciones del P.S. 184 no se aplicarían a una práctica que “provee aceptación” o facilita la “exploración” de las identidades LGBT.
“En ese sentido, la única actuación posible permitida por la ley será la de apoyar al niño para que viva una orientación sexual o identidad de género diferente a la natural”, dijo el obispo Fernández Torres. “Como está redactado, los profesionales de la salud sólo podrán tomar acciones hacia la afirmación de la homosexualidad y el transexualismo en los niños, aún cuando el niño pueda estar experimentando una confusión temporera en esa área”.
El proyecto de ley aplicaría la prohibición con sanciones no sólo para los profesionales de la salud mental, sino también para los padres, categorizando la “terapia de conversión” como “maltrato” junto con el abuso sexual infantil y la trata de personas.
“Los padres que hagan ‘cualquier esfuerzo’ para reducir las atracciones sexuales hacia el mismo sexo de sus niños o para reducir las expresiones de identidad sexual del niño serán procesados por la Ley 246-2011 de maltrato infantil”, explicó Fernández Torres. Señaló que los padres católicos podrían enfrentarse a castigos típicamente reservados para delitos tal como la agresión sexual a menores, como la pérdida de la custodia, si se aprueba el P.S. 184.
“¿Qué le sucederá a un padre que le pregunte a su hijo o hija por qué ella piensa o siente eso, en lugar de inmediatamente decirles “vive como sientas o desees”?, se preguntó el Obispo. “¿Qué le sucederá a un padre que va con sus hijos a la iglesia, donde reciben las enseñanzas del catecismo sobre la familia natural y la creación de Dios? ¿Será considerado como un maltratante infantil por eso?”
“Es importante entender que esta definición no tiene nada que ver con cualquier trato abusivo, que actualmente es considerado por la ley como maltrato infantil sin necesidad de la aprobación del P.S. 184”, continuó Fernández Torres.
“El P.S. 184, en realidad, convertirá en un maltratador de niños a cualquier padre que haga ‘cualquier esfuerzo’ de orientar la orientación sexual de sus hijos hacia su realidad biológica”, dijo. “Esto no es sobre proteger a los niños contra el maltrato real. Esto es sobre imponer la ideología de género en los niños y la sociedad, y de perseguir a los padres, a los profesionales de la salud y a las instituciones que no estén de acuerdo.”
Monseñor Fernández Torres subrayó que el P.S. 184 amenazaría gravemente la educación católica al calificar igualmente como “maltrato institucional cualquier esfuerzo” por imponer la enseñanza moral católica en las escuelas y guarderías.
“¿Qué pasará si el niño quiere ir a la escuela con un uniforme del sexo diferente al suyo propio?”, se preguntó el Obispo. “¿Será la escuela procesada por maltrato institucional por hacer ese ‘esfuerzo’ de ser consistente al reglamento del colegio al tratar a los niños conforme a su sexo biológico?”
El P.S. 184 “no pretende proteger a los niños del maltrato”
Aunque el proyecto de ley afirma que las terapias reparadoras no funcionan, tanto la investigación como la opinión de los expertos atestiguan el éxito del enfoque para una amplia gama de pacientes. “De los pacientes que supervisé que buscaban cambiar su orientación, cientos tuvieron éxito”, dijo el Dr. Nicholas Cummings, ex presidente de la Asociación Americana de Psicología (APA).
El cambio de identidad entre las personas LGBT es, de hecho, muy común, ya que casi la mitad de las personas que eligen etiquetas de orientación sexual LGBT cambian a otras más adelante en su vida; la mayoría a “completamente heterosexual”, según han encontrado los estudios. Las tasas de conversión de las personas con confusión de género son aún más altas. La disforia de género se resuelve de forma natural hasta en el 97,8% de los niños y el 88% de las niñas en la edad adulta, según el manual de diagnóstico más reciente de la APA.
“Una tasa de éxito así para cualquier terapia es astronómicamente alta en el campo de la psicología”, dijo la Dra. Anne Gillies, especialista canadiense en traumas, sobre el enfoque de “esperar y ver” para la confusión de género. “La ‘terapia de conversión’ en este sentido ha tenido un éxito enorme”.
Al prohibir [y calificar] tales tratamientos como “maltrato”, el P.S. 184 no sólo privaría a los puertorriqueños de opciones terapéuticas críticas, sino que podría facilitar el abuso sexual infantil real.
“Lo que hace que el P.S. 184 sea tan peligroso para los padres es que no busca proteger a los niños del maltrato”, dijo el obispo Fernández Torres. “Algunas veces las personas que sufren esta confusión tienen historias de abuso infantil, y rechazo que pudieran no ser exploradas por un profesional de la salud que estaría, según este proyecto, solamente autorizado por ley a guiar al niño a vivir una vida transgénero”, añadió.
La identificación LGBT está fuertemente correlacionada con los traumas infantiles, y en particular con los abusos sexuales. Decenas de estudios han demostrado que los adultos que se identifican como homosexuales sufrieron de forma desproporcionada abusos sexuales en su infancia, con tasas hasta 20 veces superiores a las de los heterosexuales en el caso de los abusos del mismo sexo. Si esos abusos cambiaron el “comportamiento corporal” o la “atracción romántica o sexual”, el P.S. 184 prohibiría absurdamente a los consejeros hacer otra cosa que no sea ofrecer “aceptación” de las consecuencias del trauma sexual.
Al mismo tiempo que deja de lado el enfoque de “esperar y ver”, el P.S. 184 también promovería intervenciones médicas gravemente perjudiciales -incluso abusivas- para los jóvenes con disforia de género. Las prácticas de “afirmación de género” efectivamente respaldadas por el proyecto de ley “arriesgan la infertilidad, aumentan los suicidios y múltiples riesgos para la salud”, ha señalado el Dr. Gillies. Según el Dr. Michael Laidlaw, experto estadounidense en endocrinología, “los años perdidos de desarrollo óseo no pueden ser recuperados” por los niños a los que se les administran bloqueadores de la pubertad para “apoyar” su supuesta identidad transgénero.
“La promoción activa del transgenerismo ha dado lugar a una experimentación masiva incontrolada y sin consentimiento sobre niños y adolescentes”, escribió la doctora Michelle Cretella, directora del Colegio Americano de Pediatras, en un artículo para LifeSiteNews. “Esto es abuso infantil”.
Además, aunque menos del 2 al 10 por ciento de los menores con confusión de género pueden persistir en la confusión de género, prácticamente todos los expuestos a la afirmación transgénero pasan a otras intervenciones médicas, como la amputación genital. A diferencia de los tratamientos que prohibiría el P.S. 184, estas prácticas devastadoras no contribuyen a aliviar los problemas de salud mental a largo plazo ni el riesgo de suicidio de los pacientes con confusión de género.
Los resultados de salud de aquellos a los que se les niegan las terapias reparativas de la homosexualidad difícilmente mejorarían con el P.S. 184. “Cualquier estilo de vida o decisión de vivir en contra del deseo de amor de Dios inscrito en la creación va a guiar a la persona por un camino de sufrimiento”, lamentó el obispo Fernández Torres.
“Está bien establecido que hay altos índices de enfermedades psiquiátricas, incluída la depresión, abuso de drogas e intentos de suicidio, entre gays y lesbianas”, ha dicho el doctor John R. Diggs, Jr. “Esto es cierto incluso en los Países Bajos, donde las relaciones entre gays, lesbianas y bisexuales son mucho más aceptables socialmente que en los Estados Unidos”, añadió Diggs.
“La población homosexual sexualmente activa sufre de forma desproporcionada del VIH, el cáncer anal, la clamidia trachomatis, el criptosporidio, la microsporidia, la gonorrea, la sífilis, el herpes, la hepatitis B y C, las verrugas genitales, la sarna, el VPH y otras afecciones”, observó la organización puertorriqueña pro-familia Fieles a la Verdad, en consonancia con las conclusiones de innumerables expertos. “Como resultado, la expectativa de vida promedio de los varones homosexuales sexualmente activos se reduce en muchos años”.
La responsabilidad de los católicos
Los católicos de Puerto Rico tienen la obligación de luchar contra el P.S. 184, declaró el Obispo Fernández Torres. “En cuanto a la obligación moral de oponerse a las leyes que vayan en contra del derecho de los padres a educar a sus hijos según su fe, y en contra de la libertad religiosa, la Congregación para la Doctrina de la Fe lo dice en ambos modos: los católicos no pueden aprobar positivamente estas leyes, y también tienen la obligación moral de oponerse a ellas”, dijo.
El Obispo señaló la Nota Doctrinal del Vaticano de 2004 sobre la participación de los católicos en la vida política, en la que se afirma que “hay que añadir que la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral”.
La Iglesia Católica siempre ha reconocido la homosexualidad como “intrínsecamente desordenada” y contraria a la ley natural, y ha promulgado enseñanzas similares sobre la transexualidad. “Cierran el acto sexual al don de la vida”, dice el Catecismo sobre los comportamientos homosexuales. “No proceden de una auténtica complementariedad afectiva y sexual. En ningún caso pueden ser aprobados”.
Defender la fe significa oponerse tanto al P.S. 184 como a las tácticas engañosas de la izquierda puertorriqueña, indicó el obispo Fernández Torres. Cuando se le preguntó si el pueblo puertorriqueño realmente apoya el P.S. 184, dijo que “los partidarios del P.S. 184 están, en la mayoría de los casos, mal informados por la exposición de los medios de comunicación”.
“En lugar de informar sobre lo que realmente dice el proyecto de ley y las leyes que este proyecto va a enmendar, la discusión en los medios de comunicación se centra principalmente en las prácticas que, si se llevan a cabo, ya constituyen maltrato infantil bajo las leyes actuales. Esto no es lo que dice el proyecto”, continuó.
Los senadores liberales que dominan la cámara alta de Puerto Rico han utilizado tácticas comparables para silenciar las críticas al radical P.S. 184, como se ha puesto de manifiesto en las recientes audiencias.
“A la luz del texto de esta ley, ¿usted cree que si un padre se opone a que un hijo menor de edad reciba bloqueadores hormonales, esa decisión del padre… podría calificarla como maltrato?”, preguntó la senadora Joanne Rodríguez Veve, la única senadora de un partido provida y profamilia, a una activista que testificó ante el Senado a favor del proyecto 184.
El senador Vargas Vidot, uno de los autores del proyecto de ley, interrumpió a Rodríguez en contra de las normas del Senado, recortando su tiempo. “Me parece insólito que usted intervenga en mis preguntas”, reaccionó la senadora Rodríguez. “Eso nunca se ha hecho en el tiempo que llevo aquí, y no hay ninguna razón que justifique su determinación, y la estoy ahora mismo cuestionando”, dijo.
“¿Es un delito ser cristiano en Puerto Rico?” preguntó el obispo Fernández Torres en una carta dirigida al Senado de Puerto Rico en febrero. “En efecto lo es cuando se pretende imponer, bajo pena de acusaciones de ‘maltrato institucional’, que nuestras instituciones religiosas enseñen algo que es intrínsecamente contrario a la fe, la biología y la razón humana”.
Cuando se pretende eliminar a los disidentes, que “difieren de la ideología dominante, en efecto, se está persiguiendo, encarcelando, atropellando a un gran sector de la sociedad por su manera de pensar”, añadió. “Esta será la verdadera consecuencia” del P.S. 184, advirtió el Obispo.
Este artículo se publicó originalmente en LifeSiteNews bajo el título “Bishop in Puerto Rico: Banning ‘conversion therapy’ criminalizes Catholic teaching, harms kids” Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.





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