Demagogia sobre la Política de Inmigración: Gritos vs Razón –P. George W. Rutler


En el margen del manuscrito de un orador se encontraba el siguiente apunte: “Punto débil. Gritar.” Tal es la retórica de aquéllos que ponen la emoción por encima de la lógica y hacen políticas por medio de pandillas en lugar de parlamentos. En Atenas, hace 2,400 años, Aristófanes describió al demagogo como alguien que tiene “una voz chillona horrible, una naturaleza problemática y perversa, y el lenguaje de la plaza del mercado”. Hoy esa plaza del mercado incluye a los medios de comunicación viciados y a las universidades que se han convertido en guarderías.
La acción reciente de la rama ejecutiva de nuestro gobierno para proteger nuestras fronteras y ejecutar la seguridad nacional se basa sobre obligaciones Constitucionales (Art. 1 sec 10 y Art. 4 sec 4). Es una protección práctica de la tranquilidad del orden, tal como la explicaba San Agustín cuando vio amenazada el tranquillitas ordinis de la civilización Romana. Santo Tomás de Aquino aprobó el control sobre las fronteras (S. Th. I-II, P. 105, Art. 3). Hace dos años, ninguna multitud gritó en la plaza del mercado cuando el Acta de Prevención de Viajes Terroristas restringió la exención de visas para Irán, Irak, Siria, Sudán, Somalia, Libia y Yemen. La prohibición reciente continúa esa política, y solamente por noventa días, excepto en el caso de Siria. No hay una “prohibición musulmana” como debería ser obvio por el hecho de que las restricciones no aplican a otros países con mayorías musulmanas, como Egipto, Indonesia, Pakistán, Malasia, Bangladesh y Turquía.
Estos son hechos que ignoran los demagogos que hablan de las lágrimas que la Estatua de la Libertad derrama por su rostro. El asunto no es la inmigración, sino la inmigración ilegal. Claro que manipula la razón el tratar de justificar la inmigración descontrolada citando las generaciones previas de inmigrantes que han llegado a nuestras costas, todas por la vía legal, principalmente por los pasillos de Ellis Island. Y es casi una blasfemia hablar de la Sagrada Familia como refugiados antinómicos, puesto que ellos fueron a Belén en obediencia a un decreto civil que requería registro tributario, y no violaron ningún estatuto cuando buscaron protección en Egipto. Al igual San Pablo, quien trabajó dentro del sistema legal e invocó su ciudadanía Romana a través de los privilegios concedidos a su ciudad natal de Tarso en el 66 A.C. (Hechos 16: 35-38; 22: 25-29; 25: 11-12). Él siguió el orden establecido, probablemente bajo el estatus de civis Romanus non optimo jure —un ciudadano legal, pero a quien no se le permitía actuar como magistrado.
Es obvio que los manifestantes indignados contra las nuevas órdenes ejecutivas reciben no pocos fondos de potentados interesados en provocar disturbio. Éstos no han mostrado preocupación alguna por los Cristianos abandonados que buscan refugio contra la persecución en el Medio Oriente. En el 2016 hubo un aumento del 675% en el número de refugiados Sirios sobre el año anterior; pero, a pesar de que el 10% de la población Siria es Cristiana, sólo la mitad de uno por ciento de los Cristianos Sirios recibió asilo. Es de agradecer que nuestro nuevo gobierno ahora quiera remediar eso. La lógica de esa política no debe ser acallada por aquéllos que gritan en vez de razonar.
Traducido por Fielesalaverdad.org de la columna From the Pastor del Padre George W. Rutler, publicada el 5 de febrero de 2017.




