Vacunas

La pandemia de la censura

Después de 1 año de confinamiento y restricción de la libertad, siguen siendo escasas las iniciativas de protesta de muchos sectores afectados y de ciudadanos comunes. Pero YouTube puede eliminar el video de cualquiera que “cuestione” las directrices de la OMS. El caso de la censura del editor Leonardo Facco pone de manifiesto la otra pandemia: la de la censura. 

Artículo por Stefano Magni (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón

Después de 1 año de confinamiento y restricción de la libertad, siguen siendo escasas las iniciativas de protesta de muchos sectores afectados y de ciudadanos comunes. Pero dichas protestas no pueden publicarse en YouTube si se consideran contrarias a las disposiciones de la OMS y de las autoridades sanitarias nacionales.

La protesta más mediática fue la de los teatros, que volvieron a encender sus luces el 22 de febrero para manifestarse contra los prolongados cierres forzosos y la falta de certeza sobre la fecha de reapertura. El 15 de enero, en cambio, fue el turno de los restaurantes en todas las ciudades italianas que, con la iniciativa Io Apro, habían forzado el bloqueo de la nueva zona roja. Al tener menos influencia política y menos amigos entre los periodistas, los restaurantes recibieron mucha publicidad negativa. Ha causado un particular revuelo una iniciativa del editor Leonardo Facco (cuyo libro Coronavirus: stato di paura fue retirado recientemente del catálogo de Amazon): con cincuenta amigos y simpatizantes de su movimiento libertario, fue a cenar a un restaurante de Módena el 30 de enero.  Una cena se considera ahora un acto de insubordinación grave y, aunque la iniciativa ha sido aplaudida incluso en sitios web del extranjero (de orientación libertaria y conservadora), en Italia atrajo la ira de periodistas y comentaristas, con acusaciones de propagación deliberada de la pandemia y solicitando la intervención de la policía. Para demostrar que no hubo propagación deliberada o involuntaria de la pandemia, el editor lombardo repitió la iniciativa el 22 de febrero, demostrando que todos los participantes estaban vivos y sanos, al igual que sus amigos, familiares y conocidos. En ese momento, YouTube censuró la iniciativa y eliminó los vídeos y los comentarios.

Son significativas las razones escritas de la eliminación. El vídeo no sólo viola las normas comunitarias, sino que precisamente: “YouTube no tolera contenidos que cuestionen la eficacia de las directrices proporcionadas por las autoridades sanitarias locales o la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación con las medidas de distanciamiento social y autoaislamiento y que puedan llevar a las personas a actuar de forma contraria a dichas directrices”. Las palabras importan. YouTube “no tolera” contenidos que “desafíen” a una autoridad estatal y supranacional. Es posible que una línea esté equivocada: la OMS no aprobó inicialmente el uso de mascarillas y hasta marzo de 2020 se opuso a la estrategia de pruebas generales con hisopos. Pero el usuario debe seguir obedeciendo. En este caso concreto, en Italia está permitido almorzar en un restaurante, pero una cena, como la organizada por el editor Facco, en las mismas condiciones y con el mismo número de personas, se considera subversiva. No se puede afirmar (ni demostrar) que las directrices sean contradictorias.

Las palabras de Susan Wojcicki, directora general de YouTube, ya sonaron ambiguas cuando, el 23 de abril, anunció que la plataforma eliminaría las noticias “sin base científica” y puso algunos ejemplos: “Hay gente que recomienda tomar vitamina C o cúrcuma, porque ‘te van a curar'”. Tenemos, por tanto, a la administradora de un medio social que ya se presenta como médico y jueza dispuesta a poner freno a lo que (en este momento) se considera desinformación sobre una enfermedad que, en ese entonces, conocíamos hace apenas tres meses. Cabe imaginar cómo este criterio se extendería entonces, sin tapujos, de la medicina a la política de contención de pandemias. Así que no sólo a una cuestión empíricamente verificable, sino también a una serie de opciones políticas.

El problema de fondo, por tanto, es que la censura se ha generalizado por completo, no sólo por la pandemia de Covid, sino también como resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Se acepta como un “hecho privado” y estimable el bloqueo de la cuenta de Twitter de un ex presidente y la censura online de todos sus mensajes cuando aún estaba en el cargo y compitiendo por la reelección. Ahora, limitar la libertad de opinión, aunque no se infrinja ninguna ley, se ha convertido en algo posible, y los periodistas están entre los primeros en pedir más censura. Basta con invocar la amenaza del argumento “carente de base científica” o, en el caso de las elecciones, “carente de pruebas” para provocar el cierre. 

Otra obsesión ha sido la de los contenidos “racistas”. Los algoritmos que permiten identificar y eliminar un video considerado ofensivo para alguna minoría son tan exhaustivos que hasta han llevado a la eliminación de un video de ajedrez. Porque “el blanco ataca al negro”. El verbo “atacar” corre el riesgo de ser censurado de todos modos, y mucho más si va acompañado de términos ahora sensibles como blanco y negro. Pero estas cosas solían ocurrir sólo en China, al menos hasta la década pasada, cuando los algoritmos locales eliminaron todas las cifras y términos que podían conducir a información no deseada sobre la masacre de la Plaza de Tiananmen. Pero eso era China, efectivamente, un régimen totalitario. ¿Las redes sociales empiezan a comportarse así también en el mundo libre?

Paradójicamente, se siguen utilizando términos católicos para describir la tendencia a la censura, como “inquisición” o “índice”. Sin embargo, los católicos están entre las primeras víctimas de esta tendencia oscurantista. Basta pensar en cómo el sitio web pro-vida Life Site News fue despojado de repente de su popular canal de YouTube, una pequeña broma que les costó la pérdida repentina de más de 300,000 seguidores. Y es difícil, ahora, determinar cuáles son los nuevos límites del censor. Todos nosotros estamos en riesgo.

Artículo por Andrea Zambrano, publicado originalmente bajo el título: “Censure su YouTube, il braccio violento dell’Oms” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

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