Religión y Filosofía

Las vidas extraordinarias que ponen a los ateos entre la espada y la pared

La Iglesia Católica tiene un ejemplo interminable de cómo cada vida, por muy aplastada que esté, tiene una importancia más allá de la imaginación. Un contrapunto al caso Cocq.

Por Rino Cammilleri (La Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón.

El enfermo francés que, aquejado de una enfermedad rara e incurable (al menos por ahora), anunció la huelga de hambre y sed en directo en Facebook hasta la muerte; protesta contra la ley que le impide darse una “muerte digna”, es decir, suicidarse [en el momento de la publicación de este artículo, el señor Cocq ha decidido no seguir con su petición de morir].*

La Iglesia una vez negó los funerales religiosos y el entierro en tierra consagrada, una medida terrible dirigida precisamente a evitar desesperadamente ese acto extremo. Y durante largos siglos lo logró.

Luego vino el ateísmo práctico y el consiguiente énfasis en la “calidad de vida”, que la sociedad de la apariencia se encarga de poner día y noche bajo la nariz, a través de los medios de comunicación, de aquellas personas desafortunadas cuyas vidas no tienen la “calidad” requerida. No todos pueden tener los talentos compensatorios del bendito Hermann von Reichenau (1013-1054), autor del famoso himno Salve Regina y llamado “el Contrato” porque, en la práctica, fue puesto físicamente como el más
reciente Michel Petrucciani, tal vez el más importante pianista de jazz de todos los tiempos.

A decir verdad, dado el horizonte cultural ateo y hedonista en el que vivimos, muchas personas ni siquiera estudian para desarrollarlo, un posible talento compensatorio, por lo que terminamos sin saber que lo tenemos. Sí, porque el caso Cocq muestra que, por mínimo que sea, nadie nace sin uno. Cocq, de hecho, a pesar de su condición, ha viajado a Francia e incluso a las instituciones europeas para defender la causa de la eutanasia a petición. Así, el liberalismo tiene la espalda contra la pared: según sus propios principios, uno tiene el derecho a irse cuándo y cómo quiera, la vida es suya.

La Iglesia, por otro lado, predica que la vida es de Dios, por lo que recurrió a las medidas extremas que hemos mencionado. Lo bueno es que incluso el Islam prohíbe el suicidio (excepto el de la batalla), pero nadie le dice nada porque tiene una mano nerviosa. Sin embargo, incluso el ateo es un creyente: cree que la vida después de la muerte no existe y que con la muerte todo termina. Cree, en resumen, que es suficiente con tirar del enchufe para que el robot se apague. La Iglesia en cambio le advierte: ¿estás seguro? ¿Y si tengo razón? ¿Y si en lugar de la paz eterna encuentras algo peor?

El ateo (llámenlo también liberal, es lo mismo) suele responder que se niega a creer en un Dios tan despiadado que manda al infierno a un desgraciado que ha sufrido tanto en la vida. Esto demuestra que incluso el liberal ateo es un creyente: cree en un Dios que, si existe, debe ser misericordioso en el sentido que dice. Lo que le da razón a Benedetto Croce cuando dijo a los liberales que, nos guste o no, no podemos dejar de llamarnos cristianos.

De hecho, tal razonamiento dentro de cualquier otra religión es imposible. La [Iglesia] Católica tiene un ejemplo interminable de cómo cada vida, por muy aplastada que esté, tiene una importancia que supera toda imaginación. Y no es un flatus vocis poético: hay muchos Santos y Beatos que han pasado vidas enteras confinados en una cama, piense en Anna Katharina Emmerick o Alexandrina da Costa por nombrar sólo dos. No podían bailar, ni hacer senderismo, ni casarse, ni, en definitiva, tener una existencia como la mayoría de los demás. Quiero decir, seamos sinceros, trivial y ordinaria.

Pero la tuvieron extraordinaria, según los cánones que sólo el creyente puede captar. Incluso para eso, creer es conveniente. También porque, como dijo Chesterton, si no crees en el Dios cristiano y católico, acabas creyéndolo todo, quizás Pannella . Dios, que es verdaderamente, sí, misericordioso, ciertamente tendrá en cuenta la ignorancia en la que el hombre moderno ex-cristiano se ha sumergido a través de siglos de trabajo. Y decir que no le faltan ejemplos: es precisamente el mundo del espectáculo
que nos propagan obsesivamente día y noche los medios de comunicación que muestran que, una vez que la juventud y el glamour han terminado, una buena parte de Hollywood y de la compañía de canto termina siendo suicida o, lo que es lo mismo, en sobredosis procurada. Sí, es verdad, así que se convierten en “iconos”, pero ya sabes lo mucho que les importa ahora.

*Nota del traductor: En el momento de la publicación de este artículo, el señor Cocq de quien se habló al principio, ha decidido no seguir con su petición de morir.

Artículo por Rino Cammilleri, publicado originalmente bajo el título: “Le vite straordinarie che mettono gli atei con le spalle al muro” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

Related Articles

Back to top button