Procreación Asistida: “Forma de Esclavitud Moderna” que “Mercantiliza la Vida,” Dice Obispo de Arecibo

Además de la defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural, la familia y la libertad religiosa, el Obispo de Arecibo pidió a los legisladores proteger el derecho que todo niño tiene a tener un papá y una mamá y oponerse a toda medida que atente contra la dignidad del ser humano, como lo es la llamada procreación asistida.
En su escrito enviado al Primer Simposio: “Propuestas para un nuevo Código Civil,” Monseñor Daniel Fernández Torres llamó “la atención ante el derecho fundamental que tiene todo niño a “recibir el amor de una madre y de un padre, ambos necesarios para su maduración íntegra y armoniosa.” Este derecho natural reconocido en la Declaración Universal de Derechos del Niño no es una invención del hombre, sino que nace de la misma naturaleza humana. Es por naturaleza que todo niño para existir necesita del gameto masculino que aporta el papá y del gameto femenino que aporta la mamá. Ha sido profundamente estudiada la importancia de ambas figuras, paterna y materna, en la crianza. Es precisamente por ello, que nuestro Tribunal Supremo decía que la adopción imita la naturaleza.
Esta verdad reconocida históricamente por los juristas de Puerto Rico no la inventó el tribunal ni los seres humanos, sino que es capaz de ser percibida mediante el uso de la recta razón. Por ello, ese derecho de todo niño de tener un papá y una mamá debe ser protegido, tanto en materia de adopción como de la procreación asistida. Esta última, además de atentar contra la dignidad del ser humano concebido cuando lo convierte en sujeto de descarte, objeto excedente, producto de experimentación, sometido a la congelación y cuya vida depende los deseos de quienes pagaron su “fabricación” o de la clínica que reclama su “propiedad”, se convierte en una forma de esclavitud moderna cuando se mercantiliza la vida, convirtiendo al niño así concebido en un objeto, sujeto de contratos, estándares de “calidad” y transacciones comerciales que, incluso, le arrebatan el derecho a un papá y a una mamá.
Ésta es la nueva forma de discrimen contra los más vulnerables, cuando nuestra ley reconoce, por un lado, el derecho de los niños concebidos de forma natural a ser protegidos y, por otro lado, permite que se trafique seres humanos concebidos artificialmente, poniendo como único criterio para su destino final las cláusulas establecidas en el contrato de compra-venta, o que se asesinen mediante el aborto a aquellos que no llenan las expectativas de los adultos involucrados.
En el principio, Dios quiso que todo niño fuera fruto de un acto de amor de sus padres. En vez de dotar al ser humano de algún tipo de reproducción asexual, quiso que el hombre y la mujer participaran de su obra creadora mediante la unión de ambos como “una sola carne”. De este modo, el Creador le dio a cada niño una familia y, cuando bajó del cielo, quiso nacer en ella. Los niños, desde el momento mismo de la concepción son seres humanos con todos los derechos que el Creador y la naturaleza les confieren. Por ello, nunca deben ser tratados como piezas de laboratorio, ni cosas que se pueden vender y comprar. A ningún niño le debe ser negado el bien al que por naturaleza tiene derecho.”
Leer escrito completo: Sugerencias del Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres, ante el proceso de revisión del Código Civil.




