10 Razones por las cuales la Masculinidad no es tóxica

Por Rex Teodosio (TPF). Traducido por Luis Rivera Colón.
La masculinidad está siendo atacada en dos frentes.
El primer ataque procede del feminismo. El feminismo radical promueve la idea de que la masculinidad tradicional no sólo es tóxica, sino perjudicial para las mujeres e hiriente para 52 géneros imaginarios. ¡Oh, espera! Ahora son 74.
La segunda línea de ataque proviene de Hollywood, que promueve un concepto retorcido de la hombría que es bajo, vulgar e inmoral.
Las siguientes diez razones te ayudarán a desmontar las mentiras del feminismo tóxico y a descubrir las virtudes de la hombría de verdad.
- El patriarcado no es tóxico.
En los mítines a favor del aborto suelen aparecer pancartas que atacan “al patriarcado”. Pero, ¿qué es el patriarcado? ¿Y por qué lo odian tanto los izquierdistas?
La palabra patriarcado viene de pater, que significa padre en latín. El patriarcado es una consecuencia natural de la familia tradicional. La unidad social de la familia exige una autoridad que la mantenga unida. Esta autoridad suele ser el patriarca, que tiene el don de discernir, dirigir, armonizar, coordinar, marcar la pauta y sacar lo mejor de los demás.
El patriarca es lo que los sociólogos llaman un personaje representativo. Inspira a los miembros de su familia a buscar metas de perfección. Cuando está imbuido de la virtud católica, mueve a su familia hacia la más alta de todas las metas: la santificación.
Lejos de ser tóxico, el patriarcado es necesario para el crecimiento, el desarrollo y el progreso de la sociedad. Una sociedad sana se estructura en torno a buenos padres.
¿Sabes lo que es tóxico? Los liberales que quieren destruir el liderazgo natural y la influencia de los buenos padres.
- Los chicos no son tóxicos.
La científica estadounidense Dra. Louann Brizendine, autora de The Male Brain y The Female Brain, explica lo que las feministas odian aceptar: Los chicos y las chicas se desarrollan de forma diferente, piensan de forma diferente y se comunican de forma diferente.
Sin embargo, nuestro sistema educativo favorece a las chicas en detrimento de los chicos. Como afirma el psicólogo y autor de bestsellers del New York Times, Michael Thompson: “El comportamiento de las chicas es el patrón oro en las escuelas. Los chicos son tratados como chicas defectuosas”.
Ahora bien, ¿ no suena tóxico tratar a los niños como niñas defectuosas?
- La violencia contra el mal no es tóxica.
Cada día, los malhechores perturban la paz. Los actos de violencia como las invasiones del hogar, los tiradores en las escuelas o los atentados terroristas deben abordarse con la fuerza física.
Por esa razón, algunas profesiones requieren el uso de la fuerza física, como el Cuerpo de Infantería Marina de Estados Unidos y la policía. El uso de la fuerza contra delincuentes violentos es bueno y justo. También es necesario para mantener el orden y la paz. Y es normal que los hombres se sientan atraídos por estos trabajos honorables.
Si vis pacem, para bellum. La máxima latina “si quieres la paz, prepárate para la guerra” no ha pasado de moda. Y puesto que los hombres son los mejores guerreros, son los mejores pacificadores.
¿Sabes lo que es tóxico? Cuando los liberales atacan a la policía o deshonran la profesión militar, pretendiendo que las palabras bonitas por sí solas detendrán a un tirador escolar.
- Los hombres de verdad practican la pureza.
Hollywood proyecta una falsa imagen de la virilidad. En sus películas aparecen hombres profanos, impuros e inmorales. Pero los hombres de verdad son virtuosos y puros. La verdadera hombría está tan estrechamente unida a la virtud que la palabra hombre en latín es vir. Vir y virtud tienen la misma raíz.
Por el contrario, Hollywood presenta hombres que se entregan a todas las pasiones desordenadas, hombres que se esclavizan al pecado. Pero nada despoja más a los hombres de su virilidad que esta esclavitud al pecado.
“El hombre que gobierna sus pasiones es dueño de su mundo”, enseña Santo Domingo. “Debemos dominarlas o ser esclavizados por ellas. Es mejor ser martillo que yunque”.
El profesor Plinio Corrêa de Oliveira afirma: “No hay otra virtud que prepare más para la virilidad que la pureza”. Los hombres que tienen la fuerza para combatir la impureza son “capaces de todo tipo de heroísmo”.
Por lo tanto, la cúspide de la masculinidad es la santidad. El hombre de un hombre es un santo.
- Los hombres eruditos no son tóxicos.
No hay nada malo en ser un hombre de pensamiento. De hecho, los mejores hombres de acción suelen ser hombres de pensamiento profundo. Platón acertó cuando dijo que un hombre debe esforzarse por tener un equilibrio entre su desarrollo físico y mental.
A lo largo de la historia, los hombres perfeccionaron su intelecto en la filosofía, la política, la ingeniería, la teología, la historia y la ciencia. Las grandes búsquedas intelectuales dieron a los hombres la capacidad de abordar y resolver problemas complejos. No se trata de cuántos títulos tengas. Se trata de utilizar tu inteligencia adecuadamente.
Pensemos en el general del ejército que orquesta cientos de complejas maniobras de batalla en su mente. O piense en los colosales logros intelectuales de Santo Tomás de Aquino. No hay nada tóxico en los generales superdotados ni en los teólogos brillantes.
- Los hombres civilizados no son tóxicos.
Los buenos modales, la etiqueta y la cortesía son rasgos nobles que todo hombre debería adquirir y practicar. Incluso los hombres pobres son capaces de practicar estas virtudes.
Antes del feminismo, los hombres eran caballeros. Siempre esforzándose por alcanzar un nivel superior de excelencia, el caballero superaba voluntariamente la parte brutal de su naturaleza y mostraba una gentileza masculina que hablaba de dignidad, nobleza y protección.
Fue la Iglesia Católica la primera en reconocer y elevar la dignidad de los hombres, pero sobre todo de las mujeres, tan degradadas en la época pagana. La moral cristiana creó una atmósfera de caridad, confianza y respeto que armonizó y protegió a ambos sexos.
Ser caballero no es tóxico. Pero, ¿saben qué es tóxico? Volver a épocas bárbaras en las que la mujer era tratada como una esclava.
- No es tóxico ser aventurero.
A todo hombre le gusta la aventura. Es la fuerza motriz de las batallas de la infancia, la exploración y los sueños desafiantes.
Misioneros, pioneros, exploradores, capitanes y marineros que surcaron los mares del mundo soportaron grandes riesgos, sacrificios y sufrimientos para alcanzar metas épicas. Desde San Isaac Jogues, que se enfrentó a todas las dificultades para convertir a los indios, hasta hombres como Lewis y Clarke, que recorrieron 8,000 millas a través de América, existe una búsqueda constante de algo más allá de lo doméstico, parroquial o provinciano.
Este anhelo de grandeza es bueno, no tóxico.
- Los hombres que son el sostén de la familia no son tóxicos.
Las feministas sostienen que las mujeres deberían ser igualmente el sostén de la familia. Para demostrarlo, compiten con los hombres en el mercado laboral, a menudo a expensas de la maternidad. Como resultado, los niños son tratados como cargas que consumen mucho tiempo y que hay que enviar a la guardería, donde echan de menos los cuidados y el afecto de su madre.
Aunque las circunstancias obliguen a la madre y al padre a trabajar, no es lo ideal.
No hay nada malo en que el hombre sea el único sostén de la familia. No hay nada malo en tener menos cosas materiales en la vida, sobre todo si las madres pueden centrarse más en criar a los hijos.
¿Qué es tóxico? Cuando los niños son criados por extraños en guarderías.
- La caballerosidad no es tóxica.
Cuanto más intenta el feminismo derribar la Caballería, más brilla. Las virtudes de la caballería católica que florecieron en la Edad Media hicieron más por perfeccionar la hombría que cualquier otra cosa en la historia. Incluso hoy, cruzados como San Luis IX o San Fernando de Castilla siguen marcando la pauta de lo que significa ser un hombre.
El P. Robert Kane, SJ, escribe que durante la Edad Media había “una luz que se hacía más brillante a medida que la oscuridad de alrededor se hacía más negra, una luz que había sido encendida dentro de las almas de los hombres por un fuego que vino del Cielo, la luz del honor, que fue avivada por la fe divina hasta alcanzar el glorioso resplandor de la Caballería Cristiana”.
El P. Kane continúa:
“Sin caballerosidad, la riqueza no tiene valor, el placer no tiene encanto, la fama no fascina, el éxito no corona. Sin ella, la prosperidad se desmorona al valor del polvo, y todas las flores más finas de la vida humana se marchitan bajo el aliento del amargo pero justo desprecio”.
La vida sin Caballería deja un vacío enorme en nuestra alma, y ninguna cantidad de entretenimiento moderno, deportes o videojuegos puede llenar ese vacío y falta de propósito.
- ¿Qué te llama Dios a ser?
No hay una manera única de ser un hombre. Todo hombre debe esforzarse por practicar tantas virtudes como sea posible. Pero, puesto que cada alma es diferente, cada hombre debería rezar pidiendo la gracia de comprender la llamada específica que Dios le hace. Como tantos santos de las cruzadas, debemos pedir a la Santísima Virgen María que nos guíe en el camino hacia la santidad.
Oremos por el valor, no nos rindamos nunca y busquemos siempre la perfección heroica.
Publicado originalmente en TPF bajo el título ’10 Reasons Why Masculinity Is NOT Toxic’. Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.



