Una Sociedad De-sexuada Es una Sociedad Des-humanizada

Como de costumbre, la tiranía viene disfrazada como “derechos civiles.”

La última muestra de esta regla general es la directriz del Presidente Obama, que busca imponer una política de baños, vestidores y dormitorios transgéneros en toda la nación, empezando con los niños en edad escolar. A muchos nos ha desconcertado esta noticia, pero en realidad no deberíamos estarlo. La orden sencillamente es la más reciente encarnación de una larga trayectoria de ingeniería social. El objetivo, como siempre sucede con estos movimientos, es rehacer la humanidad. Lo que no te dirán los que están detrás de esta última versión es que su proyecto exige que todos y cada uno de nosotros neguemos nuestra propia humanidad.

Permíteme explicar.

El movimiento transgénero nunca ha sido acerca de “género.” Tiene que ver con el sexo. El sexo es el verdadero objetivo. “Género” es simplemente el politizado vehículo lingüístico que facilita prohibir legalmente las distinciones de sexo. No se necesita atar muchos cabos para descubrir la lógica de hacia dónde conduce esto: si se eliminan las diferencias de sexo en la ley, se puede eliminar el reconocimiento del Estado de los lazos familiares biológicos, y el Estado puede regular las relaciones personales y consolidar su poder como nunca antes.

Revisemos la Realidad

La realidad física existe independientemente de la ley de “no-discrimen por identidad de género”—o cualquier ley hecha por el ser humano. Las leyes no tienen el poder de hacer que la realidad desaparezca, pero pueden cambiar la forma como las personas se comportan en respuesta a la realidad. Ellas pueden imponer indiferencia hacia la realidad por medio de los protocolos del lenguaje, las presiones sociales y económicas, la invasión de la privacidad, y la persecución del pensamiento. Y ése es el efecto de la orden ejecutiva de Obama.

Esta orden servirá para declarar como ilegales las expresiones que identifican a los hombres como hombres y a las mujeres como mujeres. Por el momento, tal vez no parezca de esa manera, porque vemos a personas tratando de pasar como de uno u otro sexo específico. Sin embargo, te lo aseguro, a todos se nos está forzando a una “transición” a la conformidad de pensamiento. En Nueva York, puedes ahora ser multado si no re-diseñas tus expresiones (y pensamientos) para alinearlos con los nuevos y siempre cambiantes protocolos de pronombres.

Se nos presiona a “evolucionar” rápidamente de leyes que parecen permitir diferencias entre hombre y mujer hacia leyes que rechazarán categóricamente esas distinciones en un futuro no muy lejano. Los formularios federales ya reflejan estos cambios mediante la eliminación de términos sexuados tales como “madre” y “padre.” Y a cada paso, estamos viendo el término específico de “sexo” sustituido por el término sin sentido y ambiguo “género.”

Esto nos coloca en el camino de prohibir el reconocimiento de la realidad de que cada ser humano existe a través de la unión entre un hombre y una mujer. No hay excepción alguna a esta realidad. Existes como la unión de los dos opuestos por medio de los cuales te crearon.

La acción de la administración es un mandato de modificación del comportamiento de tipo un tanto suicida: intenta que neguemos la realidad de nuestra humanidad. De hecho, equivale a negar nuestra existencia misma. Todas estas negaciones de la realidad requieren fuerte censura. Ya hemos visto a los gobernadores de Dakota del Sur y Georgia claudicar en vista de las amenazas de que se les retendrían fondos federales y se retirarían las grandes empresas de sus estados si trataban de hacer cumplir el que los baños fueran de un solo sexo.

Sin Sexo, No Hay Familias

¿Qué pasará cuando la sociedad, tanto en su lenguaje como en su ley, carezca de sexo? Si la ley no reconoce tu cuerpo como físicamente hombre o mujer—sino que aplica sólo la palabra “género” a tu auto-percepción interna, subjetiva—¿acaso la ley reconoce tu cuerpo? Cada una de tus células tiene “masculino” o “femenino” escrito en su ADN, pero la ley se niega a reconocer estas categorías. Tales leyes solamente reconocen un “espectro de género” infinito, inconmensurable; tu lugar en él lo determina exclusivamente tu mente. ¿Así las cosas, qué realmente eres después de que la ley te ha de-sexuado? ¿En qué sentido es tu cuerpo una entidad legal?

¿Y qué ocurre con tus relaciones familiares después de que la ley te ha de-sexuado? ¿Están reconocidas legalmente? No veo cómo podrían estarlo. Claramente no por defecto, claramente no por el reconocimiento de que cada niño llega por medio de la unión de dos padres de sexos opuestos.

En una sociedad de-sexuada por la ley, ¿reconocerá el Estado tu relación como marido o esposa? ¿Madre o padre? ¿Hija o hijo? Éstos son todos términos sexuados. Un sistema que no reconoce la existencia de hombre y mujer podrá ignorar la filiación de todo niño. Te podrían reconocer como el “tutor legal” de tu hijo, pero sólo si el Estado está de acuerdo con ello. Cualquiera podría ser tutor de tu hijo si el Estado decide que es en el “mejor interés” del niño. En este enfoque, no hay nada que le impida al Estado cortar el vínculo madre-hijo según le plazca.

En tal escenario, el Estado controla todas las relaciones personales justo en su origen: la familia biológica. La abolición de la autonomía de la familia sería completa, porque la familia biológica dejaría de ser el orden estándar. La “familia” sería lo que sea que el Estado le permita ser. Una vez más, en el mundo de-sexuado de la política de género, todas las relaciones personales terminan bajo el control y regulación del Estado.

Martha Fineman, teórica de las leyes de género, abordó el asunto en su libro del 2004 The Autonomy Myth. En éste, ella argumenta a favor de la abolición del matrimonio reconocido por el Estado porque permite la privacidad familiar, por lo que escribe que “Una vez se le retira la protección institucional, el comportamiento se juzgará a base de estándares establecidos para regular las interacciones entre todos los miembros de la sociedad” (énfasis añadido).

La ideología de género es una herramienta estatista eficaz. Los marxistas culturales la utilizan para corromper el lenguaje y sembrar confusión, especialmente entre los niños. Allana el camino para eliminar las protecciones institucionales de libertad de asociación y privacidad de la familia que se interponen en el camino de “la regulación de interacciones entre todos los miembros de la sociedad.”

¿Cómo Podría una Sociedad Rechazar su Propia Libertad?

Hacer que personas libres rechacen la libertad puede parecer tarea difícil. ¿Cómo, tal vez preguntes, podría convencerse a la gente a dejar a un lado a sus familias y consentir a una estructura social tan distópica? ¿Cómo convencer a la opinión pública para que se embarque en una agenda que les lleva a negar la realidad de su propia humanidad?

Hay un montón de piezas en este rompecabezas, incluyendo la erosión de la confianza social, la ruptura de la familia, la polarización social, y la ignorancia creciente de la historia. Pero las bases se han venido sentando desde hace tiempo.

En primer lugar, prácticamente todas las fuentes de comunicación tenían que estar a bordo—Hollywood, la academia, los medios masivos de comunicación. Jaque. Todo el personal médico, en particular el de salud mental, tenía que estar “educado” para cumplir con el programa transgénero o arriesgarse a perder sus licencias. Jaque. El sistema educativo tenía que imprimir la ideología en los niños de escuela. Jaque. Las grandes empresas tenían que subir a bordo como partes interesadas y responsables de su cumplimiento. Jaque. Y, por supuesto, la presión para de-sexuar legalmente a la sociedad tenía que ser integrada—como Caballo de Troya—dentro de una idea menos extraña, el astuto lema “igualdad de matrimonio.” Jaque. Las iglesias tenían que convencerse de modo tal que hasta la religión se convirtiera en un conducto contra de la verdad. Jaque. Las presiones sociales, emocionales y económicas tenían que establecerse para censurar a cualquiera que se atreviera a cuestionar la sabiduría de todo ello. Jaque. Cualquiera de estas personas tenía que etiquetarse como intolerante, una persona que odia, y una no-persona. Jaque Mate.

En este punto, el más primordial y universal de los miedos humanos entra en juego: el miedo a que se le rechace socialmente. La autocensura comienza. Las personas empiezan a falsificar lo que creen, hasta que eventualmente ni tan siquiera saben qué creen. Nadie puede hablar abiertamente con los demás. Al final, es como si a cada uno se nos hiciera marchar hacia una aislada celda solitaria. Eso es lo que sucede cuando se golpea la libre asociación, cuando el Estado rompe las relaciones particulares en el nombre de la unión colectiva. Entonces, cuando ya no podemos verificar la realidad entre nosotros—porque tenemos tanto miedo de ser marginados—terminamos viviendo en una era de engaño masivo.

La única salida es afirmar la realidad. Debemos recuperar nuestra plena humanidad. Comencemos por medio de reinyectar nuestro idioma con una palabra muy buena que apunta a la realidad: sexo. Sí, revivamos la palabra “sexo,” y usémosla generosamente cada vez que nos refiramos a la realidad biológica de nuestra naturaleza física. (Y a la naturaleza espiritual también.) Al mismo tiempo, rehusémonos—siempre—a usar la palabra “género” cuando queramos decir sexo. Es una palabra envenenada, usada como arma para de-sexuarnos por la vía legal y, por lo tanto, deshumanizarnos. Debemos trabajar todos juntos para resistir sus engaños.

Traducción por Fieles a la Verdad del artículo de Stella Morabito, “A De-Sexed Society is a De-Humanized Society,” publicado el 25 de mayo de 2016 en Public Discourse.

Comparte
x

Check Also

Para los activistas LGBT, el pensamiento crítico se ha vuelto ofensivo

A los activistas LGBT no les gusta la idea de que un investigador estudie tanto la disforia de género como la anorexia porque el hecho de que la misma persona se haga esas preguntas implica que podrían estar relacionadas.