El Zika y la Agenda Abortista


Las huestes de la Cultura de la Muerte no desperdician oportunidad alguna. Su nuevo frente de batalla: la “crisis” del virus Zika. La Federación Internacional de Planificación Familiar (Planned Parenthood) ya ha declarado que los contraceptivos y el aborto deben ser parte de la “lucha” contra el virus Zika. Grupos activistas están exigiendo que, en aquellos países donde hay restricciones legales en cuanto al aborto, éste se permita ante la posibilidad de que el bebé de una mujer embarazada contagiada con el virus sufra microcefalia. Bajo el lema de prevención, países como Brazil, Colombia, Ecuador y El Salvador han instado a las mujeres a evitar embarazos, al menos por los próximos dos años.
En Puerto Rico, la Secretaria de Salud, Ana Ríus, no se ha quedado atrás. Además de las medidas de precaución correspondientes contra las picadas de mosquitos, recomendó que la mujer embarazada infectada debe someterse a sonogramas periódicos y determinar “si desea terminar el embarazo mediante un aborto” ante la posibilidad de que su bebé nazca con microcefalia. La Secretaria no aclara que, antes del tercer semestre de embarazo, el sonograma no permite detectar la microcefalia. En última instancia, esto solo es constatable cuando el bebé ha nacido, cuando los doctores miden la circunferencia de la cabecita del bebé. Tampoco aclara los peligros físicos y emocionales que representa el aborto provocado, en especial en la etapa avanzada del embarazo. La administración actual no se contenta con lavar el cerebro de nuestros hijos en las escuelas con la ideología de género y la celebración de “arreglos familiares” alternos. Ahora abiertamente, y con la excusa del virus Zika, sigue entrometiéndose en la intimidad familiar mediante su mensaje contraceptista y pro aborto.
Rara vez las “autoridades” mencionan que el alegado vínculo causal entre el virus Zika y la microcefalia se ha cuestionado. Aun la Organización Mundial de la Salud (WHO) ha reconocido que se requerirán más de seis meses para aclarar esta interrogante. No todos los bebés que nacen de madres contagiadas con el virus Zika sufren de microcefalia. Ni siquiera hay estadísticas confiables al respecto. Además, hay otros factores ligados con defectos congénitos (incluso cerebrales como la microcefalia): desórdenes cromosómicos, desnutrición de la madre, complicaciones del embarazo que reduzcan el nivel de oxígeno que llega al cerebro del bebé, sarampión o infecciones durante el embarazo o exposición a drogas, químicos tóxicos y el alcohol. ¿Se les recomendará a estas madres monitorear el desarrollo del bebé con miras a “terminar el embarazo” — o sea, abortarlo? ¿Es ésta la nueva cara del “cuidado prenatal”?
Hay opciones razonables para lidiar con el asunto del virus Zika: desde eliminar criaderos de mosquitos, usar repelentes y vestimentas protectoras (mangas largas, pantalones largos, etc.) hasta campañas de fumigación para reducir la incidencia del Aedes aegypti, causante principal del contagio. Ya en Brazil se ha reducido dramáticamente la población de mosquitos en varias ciudades (por ejemplo, en un 80% en la ciudad de Piracicaba) al soltar al ambiente mosquitos alterados genéticamente que transmiten un gen letal a sus descendientes. Incluso hay algunos expertos, como el Dr. Lyle R. Petersen de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que sugieren reconsiderar el DDT como parte de una política prudente de salud pública. Aunque el uso indiscriminado del DDT en la agricultura se ha cuestionado, su uso controlado en cantidades pequeñas para reducir la población de mosquitos podría ser un mecanismo seguro y eficaz.
Los hallazgos de un estudio reciente en Brazil subrayan cuán desacertado es el mensaje contraceptista y abortista con respecto al virus Zika, aun desde una perspectiva exclusivamente científica. El análisis de 732 alegados casos de microcefalia comprobó que 63% (462) eran casos de bebés cuya cabeza era pequeña pero cuyo cerebro era normal. De los restantes casos (270), muchos estuvieron relacionados con otras condiciones distintas al virus Zika. Bajo la lógica abortista, a los 732 niños se les habría privado su derecho a vivir. Ni hablar de la angustia de sus madres, padres, y familiares. Como bien ha expresado la organización Mujeres por Puerto Rico: “Estamos como en los tiempos de Hitler y de Margaret Sanger: ¿Los minusválidos también tendrán que ser matados?”
¿A cúantos niños se les negará nacer por actitudes eugenésicas bajo el disfraz de “salud pública”? ¿Cuántas madres y padres estarán en estos momentos abrumados y afligidos por lo que se ha convertido en otra arma más de la Cultura de la Muerte?




