La Ley como Aspirina


Esta visión nos recuerda el debate en torno a la legalización del aborto. Un argumento frecuente de sus defensores era que los abortos clandestinos o autoinfligidos ocasionaban infecciones, hemorragias, infertilidad y aun muertes para las mujeres. ¿Fue legalizar la práctica la solución? Legalizar el aborto (por vía judicial con el caso Roe v. Wade en 1973) ha dejado el siguiente legado: la pérdida de 56 millones de bebés. ¡Un universo de promesas derramadas en un instante! Ni hablar de la secuela de dolor físico y emocional para las madres (y los padres), y los daños sociales incalculables. No sólo no se eliminaron las infecciones, las hemorragias, la infertilidad y las muertes de mujeres – como bien lo atestiguan casos como el del Dr. Kermit Gosnell – sino que ha traído otros graves problemas. Su legalización ha llevado el nefasto mensaje de que la práctica es correcta y, por consiguiente, facilita el que muchos la acepten o se tornen indiferentes ante dicho mal. Son muchos los que caen en el error de creer que lo legal es lo moral.
Enfocar la ley como aspirina no sólo trivializa su rol legítimo sino que, en efecto, permite que metastaticen los cánceres económicos y sociales que nos aquejan. Ojalá las siguientes palabras de Santo Tomás de Aquino, teólogo y filósofo, guiaran a nuestros legisladores: “La ley humana es tal en cuanto está conforme con la recta razón y, por tanto, deriva de la ley eterna. En cambio, cuando una ley está en contraste con la razón, se la denomina ley inicua [injusta]; en tal caso, deja de ser ley y se convierte más bien en un acto de violencia. […] Toda ley puesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto deriva de la ley natural. Por el contrario, si contradice en cualquier cosa a la ley natural, entonces no será ley sino corrupción de la ley” (Summa Theologiae, I-II, q. 93, a. 3; q. 95, a. 2). Ojalá dichas palabras también nos muevan a reclamar de nuestros legisladores y gobernantes medidas que respondan a lo que realmente es la justicia y el bien común.




