La Casa de las (anti)Leyes
Bochornoso espectáculo nos han regalado el gobernador Alejandro García Padilla y muchos de los legisladores los días 23 y 24 de mayo de 2013. Un Gobernador tuerce los brazos de los Representantes “disidentes” – abiertamente, repetidamente, y en la propia casa de éstos. El linchamiento mediático de estos diez “traidores” no se dejó esperar. ¿No nos hablaban los libros de escuela elemental de la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) en nuestro sistema democrático de gobierno? ¿No decían que esta división es esencial para un sistema sano de administración pública? ¿No insistían en los derechos básicos de libertad de expresión y conciencia, en el respeto ante las posiciones discrepantes? Nunca nos enseñaron que el oficio de los Honorables Representantes es representar sus agendas particulares, el cliché del momento, el discurso demagógico. Representar al Pueblo que los eligió y que paga sus jugosos salarios es incidental, sujeto a la conveniencia inmediata. Ésta fue la cátedra que presenciamos ambos días desde las gradas.
Durante el “debate” sobre el PS 238 el viernes en la tarde en la Cámara, en las gradas se vivió una “equidad” contraria a la que alegan perseguir los defensores del proyecto. Un miembro de la “comunidad LGBTT” golpeó violentamente el cristal divisor y gritó en alta voz “¡corrupto!” a uno de los legisladores. Nadie lo escoltó fuera de las gradas. Con aplausos vociferantes dichos miembros celebraban reiteradamente la retórica de la “igualdad” de sus Representantes, mientras se burlaban de aquéllos que expresaban oposición. Continuaron dicho comportamiento durante la sesión, aun después de que un oficial pidiera silencio. Sin embargo, tan pronto a algunos miembros de la comunidad religiosa se les amonestó por aplaudir, guardaron posteriormente silencio. ¿Igualdad? ¿Respeto? ¿Ley y orden?
Una vez concluida la “sesión legislativa,” los asistentes que se oponían a la medida tuvieron que salir entre columnas de miembros de la “comunidad LGBTT” quienes con furia y desenfreno les gritaban “¡échenles azufre!,” “¡son el diablo, están endemoniados!,” “¡fariseos, hipócritas!,” entre otros insultos y amenazas. A una joven le gritaron fuertemente en el oído, al punto de ocasionarle dolor agudo. Algunos de los líderes religiosos tuvieron que ser protegidos por los suyos para evitar que fueran víctimas de agresión. ¿Igualdad? ¿Respeto? ¿Ley y orden?
¿Lo pone en duda? Vea las siguientes imágenes:
¿No es ésta la cara del discrimen y del odio? ¿Es digno que en su Casa de las Leyes unos ciudadanos se vean acosados física y verbalmente mientras sólo intentan ejercer responsablemente sus derechos básicos a la libre expresión y conciencia? ¿Es ésta la igualdad de derechos que avalan el PS 238 y sus defensores?




