Esos Políticos “Personalmente me opongo…pero”

La maniobra lingüística “pero es personal” debe exponerse como lo que realmente es: un pase barato de temporada electoral cuyo valor político ha caducado.

Con la temporada electoral viene el inevitable “me opongo a […], pero es una decisión personal.” Llene el blanco con el aborto, la eutanasia, los vientres de alquiler, o cualquier asunto que sea moralmente polémico. La sutileza retórica extingue el debate, evitando así el minado campo político. Como silenciador de los medios y del público, para guardar las apariencias y comprar tiempo, es una técnica mediocre pero exitosa. Fracasa, sin embargo, como propuesta con sentido. 

“Me opongo a […], pero no creo que mi papel sea imponer mis opiniones personales a los demás” es una declaración similar. La primera cláusula apela a la base del partido; la segunda, al resto. De un solo golpe, los candidatos persuaden así a la base de que sus valores están bien alineados, a la vez que apaciguan las preocupaciones de los opositores.

Además, no querríamos que nuestros líderes políticos nos impusieran nada, ¿verdad?

Sus homólogos afirmativos corren sobre pistas lingüísticas similares: “Estoy a favor [de prohibir el aborto, restringir la eutanasia, vetar los vientres de alquiler,…], pero no voy a imponer mis opiniones personales.” La maniobra del avestruz. Declárelo como personal y el interrogatorio termina. Sin embargo, al igual que con la leyenda del avestruz, esta movida retórica niega la realidad.

Imagine por un momento a un candidato que profese lo siguiente: “Me opongo al [incesto, la violencia doméstica, el racismo, el machismo, la explotación humana, la limpieza étnica, la violación, el soborno], pero es una decisión personal.” Ni soñarlo. El candidato sería (con justicia) abucheado hacia el olvido y la vergüenza.

La diferencia está en el objeto. Cuando el asunto se considera moralmente polémico (políticamente delicado), se le llama “personal,” como si lo personal significara simplemente lo subjetivo, lo privado, o lo que debe decidirse a base de pura preferencia individual. Cuando su naturaleza moral está ya estipulada por consenso social (políticamente seguro), no se invoca la defensa “pero es personal.” 

¿Por qué la polémica debe definir lo que una decisión personal es?

¿Qué es, entonces, una decisión personal? Tanto las decisiones no morales como las morales son “personales” en tanto son de un individuo humano y no de un colectivo humano. Las decisiones de naturaleza no moral, que no tienen que ver con la ética o la moralidad, son individuales o “personales” con letra minúscula, por así decirlo. Por ejemplo, si ir esta noche al cine o de compras, o si elegir vainilla o chocolate, son cuestiones de elección individual tales como preferencias, intereses y gustos.

Las decisiones personales (individuales) también pueden lidiar con cuestiones de mayor impacto, tales como si estudiar economía o finanzas. Por regla general, están relacionadas con circunstancias particulares. Las opciones se basan en condiciones específicas del individuo. “Personal” también puede significar razones privadas que la persona elija mantener en secreto por motivos justificados, como cuando alguien se retira por razones “personales.”

Las decisiones morales, por otro lado, son personales. No son simplemente asuntos de opción individual (relativos a uno mismo), sino que emanan de la médula de la personalidad humana: el intelecto humano y el libre albedrío. Son personales porque implican principios normativos universales y objetivos vinculados a los bienes propiamente humanos. Las circunstancias individuales pueden influir sobre el grado de responsabilidad moral en casos concretos. Sin embargo, una conclusión ética no es simplemente un “punto de vista personal” subjetivo, sino un juicio personal que surge de la razón recta y el libre albedrío.

En Lo que está mal en el mundo, G. K. Chesterton escribió: “gran parte de la libertad moderna es, en el fondo, miedo. No es que seamos demasiado audaces como para sobrellevar las reglas: es, más bien, que somos demasiado cobardes para sobrellevar las responsabilidades.” Los candidatos deben asumir posturas con valentía; nosotros debemos informarnos responsablemente. Así como no confunden como imposiciones sus posiciones sobre asuntos económicos, tampoco deben interpretarse así sus posturas sobre cuestiones morales importantes.

Estos asuntos no son únicamente privados o relativos, sino que encierran repercusiones públicas de gran alcance, en términos de la dignidad humana y el bien común. Que sean polémicos no los excluye de discusión, sino todo lo contrario. Lejos de ser imposición, debatirlos de forma responsable y razonable mejora la discusión y acción ciudadanas y libres. De hecho, la renuencia del candidato impone un debate público empobrecido, lo cual socava las condiciones necesarias para una sociedad democrática. En lugar de tolerancia, ese silencio puede ser señal de indiferencia, vacilación, engaño o cobardía. 

La maniobra lingüística “pero es personal” debe exponerse como lo que realmente es: un pase barato de temporada electoral cuyo valor político ha caducado. Como las decisiones morales son personales, los candidatos deben decirnos los qué y los porqués. Porque son personales, nosotros, los ciudadanos, debemos preguntar y conocer.

Este artículo se publicó originalmente en MercatorNet bajo el título “Those ‘deeply personal’ political decisions.” LifeSiteNews lo republicó como “Those ‘personally opposed…but’ politicians.” Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.

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