El Aborto: Asunto de Salud, No de Moralidad?


Con frecuencia escuchamos a los defensores del aborto legal el afirmar que el aborto es un asunto que tiene que ver con la salud, y no con la moralidad. Por ejemplo, hemos escuchado a la sicóloga Mary Rivera, quien opera centros de “planificación familiar”, expresarse en tal sentido. Tal razonamiento se utiliza para defender la conclusión de que el aborto debe permanecer como práctica legal.
Cualquier diccionario, ni hablar de nuestra experiencia y lenguaje cotidianos, revela que la “moral” se refiere a aquello que tiene que ver con lo bueno, lo correcto. Estos términos, a su vez, se utilizan para evaluar comportamientos o prácticas que tienen repercusiones significativas sobre el bienestar de los seres humanos.
El aborto cumple a cabalidad con la apreciación anterior. Es una conducta o práctica que tiene repercusiones significativas sobre el bienestar presente y futuro de los seres humanos: no sólo sobre el ser humano recién concebido, sino también sobre la propia mujer, el padre de la criatura, sus familias y la sociedad en pleno. Una sociedad en la que se impide nacer a miles de personas ve su propia fibra minada, su productividad, su desarrollo, su futuro, su calidad de vida, su estabilidad. Pensemos, a manera de ejemplo, el costo en recursos–tiempo, energías, fondos–que el debate en torno al aborto ha ocasionado, recursos que tan necesarios son para trabajar con asuntos de verdadero progreso social. Cortar una vida humana de raíz crea profundas heridas espirituales, emocionales y físicas a la mujer: remordimiento, verg:uenza, en ocasiones hemorragias, infecciones, infertilidad, y hasta la muerte. Incluso evidencia médica sugiere que el aborto aumenta la probabilidad de contraer cáncer de mama en la mujer. Las familias, incluso el padre de la criatura, no son inmunes a las nefastas consecuencias. Su bienestar espiritual, emocional y social se ve tambaleado ante acto de tal insensibilidad y violencia.
Por otro lado, no caigamos en el error de creer que todo aquello que es legal, es moral. Ser grosero con un familiar o vecino, o mentirles, o tomar venganza contra ellos, son algunas de las muchas prácticas que por lo general son legales, pero no necesariamente morales. Además, no todo lo que es legal es necesariamente saludable–por ejemplo, el fumar cigarrillos o el consumo en exceso de grasas saturadas. El aborto, desgraciadamente legal, ni es moral ni saludable. Luchemos para que pronto el aborto sea también ilegal. Estemos alertas a las falacias que cometen aquéllos que, por carecer de argumentos sólidos, pretenden con retórica hueca convencernos de posiciones sin fundamento!
Fieles a la Verdad




