Perspectiva de Género

¿Sabías sobre Adam?

Consternación. Indignación. Profunda preocupación.

Éstas son algunas de las emociones que provoca el caso del pequeño Adam, niño que sufrió por años el abuso de sus “padres” adoptivos homosexuales, Mark J. Newton, estadounidense ahora de 42 años, y Peter Truong, neozelandés de 36. En 2005, Newton y Truong contrataron por $8000 a una mujer rusa como madre sustituta, quien dio a luz a Adam (el verdadero nombre no se ha revelado para proteger su identidad). Ambos abusaron sexualmente del niño desde que tenía 22 meses de edad. Posteriormente, entre sus dos y seis años de edad, lo ofrecieron a miembros de la red internacional Boy Lovers para su explotación sexual y la producción de pornografía infantil. Le inculcaron que ese comportamiento era normal. Antes de descubrirse la terrible situación en 2012, los “padres” y el niño eran objeto de cobertura elogiosa por la prensa australiana que los catalogaba como una “familia feliz.” >Adam se encuentra ahora en un hogar sustituto. Newton y Truong enfrentan condenas de cárcel. En su vista de sentencia en la Corte de Distrito de Indianápolis, Newton declaró que “haber sido un papá fue un honor y un privilegio durante los mejores seis años de mi vida”. ¿Qué pensará el pequeño Adam? Cuán horrible es el caso lo subraya el que se haya ventilado en la corte de distrito para evitar que un jurado tuviera que ver las imágenes de la evidencia. ¿Podrá Adam sanar sus heridas físicas, sicológicas y espirituales, ocasionadas por aquéllos que alegaban cuidarlo y protegerlo?

Si los protagonistas adultos de este caso hubiesen sido sacerdotes católicos, ministros protestantes o evangélicos, rabinos judíos o, incluso, una pareja heterosexual, el caso se estaría ventilando incesantemente en la prensa. Sin embargo, se percibe una renuencia por parte de los principales medios de comunicación en dar a conocer casos como el de Adam. ¿Los silencia el miedo a que se les acuse de acoso (“bullying”) o que se les tilde de “fundamentalistas” o “retrógrados”? ¿Temen los periodistas que se les llame homofóbicos por simplemente dar a conocer unos hechos? ¿Prefieren mantenernos desinformados por temor a “ofender” a unos grupos? ¿No temen seguir victimizando a Adam al pretender que no ha ocurrido algo que deba conocerse? ¿No temen aliarse, en el silencio, con otros casos similares que estén sucediendo? ¿No les inquieta el que, pudiendo y debiendo hacerlo, no nos brinden información objetiva? ¿Por qué unos grupos se han vuelto inmunes a toda noticia alarmante mientras otros son con frecuencia objeto de la lupa pública e incluso del ridículo o la burla? ¿Dónde quedan los derechos a la libertad de pensamiento y expresión de un pueblo a quien se le filtra prejuiciadamente la información?

Los principales medios de comunicación prefieren presentar las imágenes de “familias felices” gracias a los métodos de reproducción in vitro o madres sustitutas, y las formadas por personas del mismo sexo. Se nos ocultan, sin embargo, los casos que — como el de Adam — contrastan con esas imágenes. Mientras tanto, cubren afanosamente el congreso de salsa más reciente, la última excentricidad de Lady Gaga, o cuál app de juegos es el más popular.

Si los criterios para publicar una noticia son el interés público y la gravedad de la situación, el caso de Adam reúne ambos. Todos hemos leído y escuchado repetidamente sobre el caso de Trayvon Martin, y las protestas antes y después de la decisión de los tribunales. Sin embargo, ¿conocías sobre Adam? De más está aclarar que Adam no provocó a nadie, ni tenía la edad ni la capacidad para discernir, evaluar, decidir, o defenderse. ¿Cuántos más, como Adam, sufren gracias a la indiferencia, la ignorancia, el temor, o la complicidad?

Related Articles

Back to top button