Religión y Filosofía

Declaración del Obispo de Arecibo ante el escrito “Reflexión ante los gays” publicado en El Visitante

A raíz del escrito publicado el domingo pasado por el periódico El Visitante bajo el título “Reflexión ante los gays”, es preciso declarar lo siguiente:

  1. “La «tendencia sexual» no constituye una cualidad comparable con la raza”, pues “la tendencia homosexual es un desorden objetivo y conlleva una cuestión moral”. [1]
  2. Es importante recordar que “se debe evitar la presunción infundada y humillante de que el comportamiento homosexual de las personas homosexuales esté siempre y totalmente sujeto a coacción y por consiguiente sin culpa. En realidad también en las personas con tendencia homosexual se debe reconocer aquella libertad fundamental que caracteriza a la persona humana y le confiere su particular dignidad. Como en toda conversión del mal, gracias a esta libertad, el esfuerzo humano, iluminado y sostenido por la gracia de Dios, podrá permitirles evitar la actividad homosexual”. [2]
  3. La conciencia bien formada de un católico le impide apoyar legislación que otorgue beneficios en base a la conducta homosexual, pues “No hay que olvidar que subsiste siempre «el peligro de que una legislación que haga de la homosexualidad una base para poseer derechos pueda estimular de hecho a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad, o incluso a buscar un partner con el objeto de aprovecharse de las disposiciones de la ley »”[3]. Al respecto, hay que recordar que “las prácticas homosexuales « son pecados gravemente contrarios a la castidad»”. [4]
  4. La doctrina de la Iglesia no necesita ser aclarada, pues la complementariedad del hombre y la mujer está inscrita en la misma naturaleza humana desde la Creación. Más aún, “la doctrina de la Iglesia sobre este punto no se basa solamente en frases aisladas, de las que se puedan sacar discutibles argumentaciones teológicas, sino más bien en el sólido fundamento de un constante testimonio bíblico”. [5]

Conclusión

Nos reafirmamos en deplorar todo acto de violencia contra toda persona. Sin embargo, la consternación y la firme condena a la violencia no nos puede llevar a presentar los actos homosexuales como “buenos”, mucho menos inducir a la falsedad presentándolos como si estuvieran arraigados a la naturaleza misma de la persona, por lo que el llamado a la castidad y a la abstinencia de los actos homosexuales sería una virtud imposible de alcanzar.

Si bien Jesucristo fue el primero en decir a la adúltera “ni yo te condeno, vete y no peques más” (Jn 8,11), es nuestro deber como pastores precisamente el ayudar a todas las personas que sufren cualquier tipo de inclinación al pecado en su camino al “no pecar más”, alentándolos siempre a continuar en la búsqueda incansable de la santidad.

+ Daniel Fernández Torres
Obispo de Arecibo

Referencias:

  1. Congregación para la Doctrina de la Fe, “Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales”, 1992.
  2. Congregación para la Doctrina de la Fe, “Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales”, 1986.
  3. Congregación para la Doctrina de la Fe, “Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales”, 1992.
  4. Congregación para la Doctrina de la Fe, “Consideraciones Acerca de los Proyectos de Reconocimiento Legal de las Uniones entre Personas Homosexuales”, 2003.
  5. Congregación para la Doctrina de la Fe, “Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales”, 1986.

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