Cuando una Madre Debe Ser Valiente para Decir que “No”

La generación humana posee de hecho características específicas en virtud de la dignidad personal de los padres y de los hijos: la procreación de una nueva persona, en la que el varón y la mujer colaboran con el poder del Creador, deberá ser el fruto y el signo de la mutua donación personal de los esposos, de su amor y de su fidelidad. La fidelidad de los esposos, en la unidad del matrimonio, comporta el recíproco respeto de su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro. (-Donum Vitae, Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Joseph Ratzinger)
Por Vivian Maldonado Miranda
Como periodista, tuve la oportunidad de cubrir la noticia de la abuela que dio a luz a su nieta mediante la maternidad subrogada. En aquél entonces, entrevisté al médico que estuvo a cargo del proceso y le pregunté por qué se anunció en la conferencia de prensa que se habían procreado dos bebés y sólo hubo un nacimiento. ¿Qué pasó con el otro bebé?
El doctor a cargo del caso me respondió explicando el proceso. Esto es, se extraen de 10 a 12 óvulos y se logra la concepción en 6 a 8 de ellos—con lo que comenzaron a vivir estos nuevos seres humanos. Luego de desarrollarse durante una semana fuera del vientre, los 6 a 8 niños por nacer—científicamente llamados “embriones”—, se “transfieren” o sea, se van pasando al vientre de la mujer que los va a gestar, de dos en dos, lo que en muchas ocasiones provoca embarazo de gemelos, la muerte de ambos o puede sobrevivir uno de ellos.
Ésta no fue la excepción. Se pasaron 2 al vientre de la abuela, murió uno y sobrevivió una.
Esto significa que la persona que recurre al tratamiento está consciente que provocará la muerte de seis a ocho de sus hijos, desde el comienzo del tratamiento hasta el fin, para lograr el nacimiento de uno solo o de ninguno.
Entonces acudí a un sacerdote y le pregunté: “Padre, ¿por qué si mueren tantos niños en el proceso, Dios permite que se pueda procrear la vida de este modo?”. El sacerdote me respondió: “cuando un hombre viola a una mujer, en ocasiones ocurre el embarazo. El niño no tiene la culpa de nada, pero ¿eso significa que es ‘correcto’ que un hombre viole a una mujer?”. Inmediatamente respondí que no. El sacerdote me dijo: “Dios sabe sacar de lo malo, algo bueno”.
En efecto, el nacimiento de la niña siempre es una bendición. Sin embargo, eso no significa que podamos promover con campañas publicitarias el que se recurra a un proceso que va a provocar la muerte de tantos hermanos, violando la dignidad de la vida humana por nacer.
El tema de la maternidad subrogada es un asunto con profundas implicaciones éticas y morales, que no puede ser despachado definiendo como “valiente” al que recurre a ello. Posicionar este acto como una historia de “superación” por parte de la compañía Triple S obvia el dolor que está causando a nivel mundial el asunto del merca-do de vientres—que ha provocado el tráfico de mujeres para embarazos forzosos y la trata humana de mujeres pobres—, la congelación y descarte de seres humanos que se procrean como “excedentes” y la “cosificación” del ser humano por nacer, sujeto a contratos que en ocasiones incluyen fuertes sumas de dinero, a cambio de la negación en algunos casos de la figura materna. De este modo, el niño se convierte en una mercancía que debe cumplir con unos estándares de calidad para no ser abortado. Esto ha llevado a que muchos consideren a la maternidad subrogada como la nueva esclavitud moderna.
No podemos olvidar que el fin no justifica los medios y que el loable deseo de la maternidad no puede convertirse en un “derecho” a tener un niño, pues nadie tiene derecho a “poseer” a otra persona.
Conocí en carne propia la difícil noticia de un médico que entendía que yo no podría ser madre. Dios, contra todo pronóstico médico, me dio el regalo de la maternidad, en el momento en que discutía con mi esposo la alternativa de la adopción, que es una forma valiente de convertirse en madre. Sé lo difícil que es decirle que “no” a tus hijos cuando realmente desean algo, pero a veces hay que tener la valentía de enseñarles el camino correcto. Vale más la vida eterna.
Vivian Maldonado Miranda
Para Buenas Noticias
Artículo publicado originalmente en Buenas Noticias, Periódico Regional Católico de la Diócesis de Arecibo. Edición 68, Mayo 2017.



