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Un niño: ¿derecho o regalo?

“Tenemos el derecho a tener un niño.” “Todos tienen igual derecho a disfrutar de la maternidad y la paternidad.” Así exclaman muchos de los que apoyan la adopción por parejas del mismo sexo. Apelan a nuestras emociones, sentimientos, compasión.

Dicho argumento, sin embargo, está anclado sobre arena movediza. Ignora las preguntas más fundamentales: ¿Cuáles son los verdaderos efectos sobre los niños de dicha adopción? ¿Qué cuentan cuando adultos aquéllos que han atravesado esta experiencia en su niñez? En asuntos como la adopción y la crianza infantil, ¿deben prevalecer las preferencias y deseos particulares de los adultos o el verdadero bienestar de los niños? Además, ¿son la maternidad y la paternidad un derecho?

Hay testimonios reveladores de personas que, hoy ya adultas, narran sus experiencias de inestabilidad, inseguridad, maltrato, vulnerabilidad, depresión y confusión al crecer en entornos de arreglos homosexuales. Les ha tomado años y grandes esfuerzos sobreponerse. Robert O. López, profesor de Literatura Americana y los Clásicos en Cal State, y Dawn Stefanowicz, mujer canadiense quien ha escrito un libro sobre su historia, son dos de ellos. El primero denuncia la práctica como abuso infantil y explica cómo se relaciona con el tráfico de niños, y la explotación de madres sustitutas y la reproducción asistida. Según Robert, criado por su madre biológica y su pareja lesbiana: “Aún la madre más heroica no puede ser un papá. Privar intencionalmente a un niño de su mamá o de su papá […] es en sí una forma de abuso. […] Es un abuso el que las parejas LGBT creen niños mediante fertilización in vitro y privarlos entonces de su mamá o su papá.” [Traducción del inglés.] Dawn, por su parte, confiesa que: “Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro. Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo.”

¡Cuántos más habrá como Robert y Dawn! Muchos guardan silencio por su sentido de pérdida o culpabilidad, ignorancia, baja estima propia, negación, manipulación, vergüenza o temor a los insultos o represalias. Para cualquier ser humano es difícil, incluso traumático, reconocer que ha sido víctima de daños físicos o sicológicos – más aún cuando ha sido a manos de aquéllos hacia quienes siente algún afecto o gratitud.

Los derechos son universales e inalienables. El derecho a la vida, por ejemplo, lo es en virtud de nuestra dignidad, nuestro valor intrínseco. Toda persona, independientemente de su sexo, edad, color, nacionalidad, etc., tiene el derecho a la vida. Sin embargo, una nueva vida humana como fruto de la unión matrimonial entre un hombre y una mujer, en conformidad con la ley natural, es un don. Un niño no es una posesión para nuestro disfrute, orgullo, o validación de nuestras preferencias particulares. Desear algo no implica que tengamos derecho a ello. Tener un niño no es un derecho, sino un regalo.

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