Perspectiva de Género

CENSURA: Amazon elimina libro en contra de la ideología de género

Artículo por Ryan T. Anderson (First Things). Traducido por Luis Rivera Colón.

Mi libro Cuando Harry se convirtió en Sally: Respondiendo al momento transgénero se publicó hace exactamente tres años. Fue atacado dos veces en la página de opinión del New York Times. El Washington Post publicó un polémico artículo sobre él que estaba plagado de errores. Era evidente que los críticos no habían leído el libro. Pero se sentían amenazados por él y querían desacreditarlo para que nadie lo leyera y aprendiera de él.

Ahora, tres años después de su publicación, en la misma semana en que la Cámara de Representantes [tenía] previsto aprobar la Ley de Igualdad -un radical proyecto de ley transgénero que modifica la Ley de Derechos Civiles de 1964-, Amazon ha borrado de sus estantes cibernéticos mi libro de oposición a la ideología de género.

Las personas que sí leyeron el libro descubrieron que se trata de una presentación precisa y accesible de los debates científicos, médicos, filosóficos y jurídicos que rodean al fenómeno trans. Sí, presenta un argumento contra la ideología transgénero desde un punto de vista. Pero no se equivoca en los hechos y no incurre en una retórica acalorada. 

Además, fue alabado por expertos: el antiguo psiquiatra jefe del Hospital Johns Hopkins, un veterano profesor de psicología de la Universidad de Nueva York, un profesor de ética médica de la Facultad de Medicina de Columbia, un profesor de ciencias psicológicas y del cerebro de la Universidad de Boston, un profesor de neurobiología de la Universidad de Utah, un distinguido profesor de la Facultad de Derecho de Harvard, un eminente filósofo del derecho de Oxford y un profesor de jurisprudencia de Princeton. 

Pero para una izquierda cazadora de herejes, nada de eso importa. No se trata de cómo lo dices, ni del rigor con el que lo argumentas, ni de la caridad con la que lo presentas. Se trata de si afirmas o difieres de la nueva ortodoxia de la ideología de género [énfasis añadido]. 

Amazon nunca nos informó ni a mí ni a mi editor de que iba a retirar mi libro. Y los representantes de Amazon no han respondido a nuestras preguntas al respecto. ¿Quizás alegan una objeción religiosa para vender mi libro? ¿O tal vez sólo venden libros con los que están de acuerdo? (Si es así, tienen que dar muchas explicaciones sobre por qué venden el Mein Kampf de Adolf Hitler). Si hay una objeción religiosa o de expresión, oigámosla. Pero si sólo se trata de un intento de desviar la conversación en la plaza pública con un intento de desacreditar a uno de los críticos más prominentes de la Ley de Igualdad, eso es un asunto diferente.

Así que, en primer lugar, una advertencia: si temes lo que las Big Tech pueden hacer si difieres de la ideología de género, sólo espera a ver lo que el Gran Gobierno hará si la llamada Ley de Igualdad se convierte en ley. En segundo lugar, una lección: si temes al Gran Gobierno, no hagas la vista gorda con la Big Tech. Los conservadores deben superar la creencia errónea de que las empresas privadas pueden hacer lo que quieran. Eso no es cierto. Y nunca ha sido la ley americana sobre el tema. Tampoco es lo que apoya la ley natural.

Desde la perspectiva de la ley natural, tanto el enfoque liberal como el libertario de la economía y los derechos de propiedad son inadecuados. A estas alturas, los conservadores conocen bien las críticas a los enfoques liberales de izquierda. Pero demasiados pensadores conservadores asumen que los enfoques liberales y libertarios clásicos son de hecho el enfoque conservador. No lo son. Contienen verdades importantes, pero omiten otras. El enfoque conservador surge de la tradición de la ley natural.

En la tradición de la ley natural, no existe un único sistema económico correcto. Sin embargo, hay ciertos sistemas -como el libertarismo filosófico radicalmente individualista y el socialismo radicalmente colectivista- que son incompatibles con el florecimiento de los seres humanos y sus comunidades. Pero entre estos extremos hay muchos regímenes permisibles de propiedad y relaciones de mercado. Los gobiernos decentes crean y estructuran diversos sistemas de derechos de propiedad y obligaciones con la vista puesta en lo que mejor sirva al bien común de sus sociedades, con sus historias, tradiciones y circunstancias particulares. Por lo tanto, la regulación gubernamental del mercado no es intrínsecamente mala. Si un caso concreto de regulación es erróneo, lo será por alguna otra razón más específica, que debe identificarse caso por caso.

Nada menos que el Papa León XIII, pensador y maestro de la ley natural -que tenía claro que “la propiedad privada debe ser sagrada e inviolable”-, subrayó que los derechos de propiedad van acompañados de los correspondientes deberes y, por tanto, no son absolutos ni ilimitados. Como observó una vez George Will, “las cuatro palabras más importantes en política son: ‘up to a certain point (hasta cierto punto, ndr)'”. Los derechos de propiedad y la libertad económica son importantes hasta cierto punto, cuando dejan de servir al florecimiento humano. Todas las libertades tienen límites. También las libertades del mercado.

Esto no significa que el gobierno deba intervenir cada vez que una persona o empresa ejerce sus derechos de propiedad de forma que perjudica el bien común. Un gobierno dispuesto a hacerlo acabará haciendo más daño que bien. Aun así, algunas regulaciones están justificadas. No podemos descartar de antemano la posibilidad de que alguna regulación del poder de las Big Tech pueda ser prudente.

Digo “Big” Tech a propósito. A nadie le importaría (o debería importarle) que una tienda física decidiera durante el fin de semana dejar de vender uno de mis libros. El mercado lo compensaría con creces. Pero, ¿qué pasaría si todos los libreros de una localidad se reunieran y acordaran dejar de vender el libro? ¿O qué pasaría si uno de los libreros tuviera, digamos, una cuota de mercado del 83% de todas las ventas de libros, y ese vendedor tirara el libro al olvido?

Regulamos las empresas todo el tiempo. No es necesario que apliquemos a las grandes empresas tecnológicas todas las características de una forma de regulación existente que fue diseñada para otros contextos -ya sea la ley de no discriminación, la ley antimonopolio o las normas legales para los transportistas comunes y los servicios públicos-, pero los responsables políticos deben tomarse en serio la cuestión de qué límites deben ponerse al poder de las grandes empresas tecnológicas. La cuestión es que el absolutismo sobre las libertades del mercado es insostenible. Repetir el mantra “es un negocio privado” ya no sirve. Nunca lo fue.

No se trata de restar importancia a la libertad económica y a los derechos de propiedad. Sólo quiero decir que, aunque esas libertades son importantes, también lo son otras cosas. El bien común es multifacético. Promover la libertad como el bien supremo -el liberalismo- resta importancia a otras facetas importantes. Queremos leyes que tengan en cuenta todos los factores relevantes.

Por eso, cuando Sherif Girgis y yo escribimos nuestros capítulos de Debate sobre la libertad religiosa y la discriminación, no adoptamos la crítica libertaria a toda la regulación gubernamental, incluidas las leyes antidiscriminatorias. Por el contrario, esbozamos los tipos de casos en los que las fuerzas y los actores del mercado socavan de forma tan sistemática la dignidad humana y el bien común que el gobierno debería responder.

Por poner otro ejemplo: Si todas las panaderías de Colorado se negaran a servir a las personas que se identifican como LGBT, podría estar justificada una ley. Pero cuando todos los panaderos (incluidos los cristianos conservadores) atienden de buen grado a los clientes que se identifican como LGBT, y exactamente un panadero de todo el estado se opone a crear un solo tipo de producto -una tarta personalizada para celebrar una boda entre personas del mismo sexo-, no hay justificación para que el Estado limite sus derechos de propiedad o viole su libertad religiosa.

De nuevo, no he oído nada de Amazon en relación con la decisión de retirar mi libro. Tal vez se trate de un problema de libertad religiosa o de discurso obligado. Pero lo dudo. Lo que sí sé es que no hay razón para creer ciegamente que conceder a las grandes empresas tecnológicas libertades ilimitadas es la mejor manera de proteger el florecimiento y la dignidad humana. Los responsables políticos tendrán que estudiar qué tipo de límites imponer a las grandes empresas tecnológicas para proteger el bien común.

Mi predicción es que a corto plazo venderé miles de copias más del libro gracias a la censura de Amazon. A medio plazo, las cosas empeorarán para aquellos que se aferran a los valores tradicionales estadounidenses. Pero a largo plazo, un pueblo puede luchar contra la ley natural sólo por un tiempo. Y eso es cierto tanto para la economía como para la ideología de género.

Este artículo se publicó originalmente en First Things bajo el título “When Amazon erased my Book“. Se reimprime bajo licencia Creative Commons. Traducido por Luis Rivera Colón.

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